miércoles, 19 de diciembre de 2007

Lo que era todo, ya no es nada.

Hoy, lo que era todo ya no es nada, y la nada poco a poco le va comiendo el terreno al todo. Es esta maldita sociedad que hace de lo malo lo normal y de lo básico y normal lo raro, que valora más al chulo, a la puta, que a todo un señor, a la gran señora. Esa sociedad en la que el “rey” de la noche es el niñato de turno que para divertirse reparte palizas a diestro y siniestro a aquellos a los que sabe que les puede, hasta que un día le partan la cara, esos que son capaces de amargar la noche a cualquiera sin que ni la policía se la amargue a ellos.

Está faltando lo básico en las personas. Todos esos valores que hoy se pierden por una falta de comportamiento básico. El valor, la honradez, la humildad, la educación, la responsabilidad, el sentido de la obligación, el saber estar, etc. Se habla mucho de la amistad, todo el mundo es íntimo amigo de todo el mundo, pero que no se equivoquen, que conocidos hay todos los que uno quiera (todos esos que aunque te mueras sólo van a tu funeral si después han quedado para tomar unas copas o porque también vaya esa niña que tanto les gusta, o lo que es peor, simplemente para pasearse y que lo vean) y amigos sólo un puñado. Esos para los que la distancia no es problema, para los que las veces en que hablen o se vean tampoco, porque saben cuando deben estar, y simplemente lo hacen, sin presunción alguna de ello, pero hacen lo más importante, estar.

Estar… qué difícil es saber estar en cualquier situación, qué difícil saber comportarse, cuando tantas y tantas veces te sacan de quicio, qué difícil mantenerse callado aunque se tenga la razón. Todo por ser fiel al valor de la prudencia, eso que la gente de hoy en día ha perdido, que hablan de todo y de todos sin vergüenza alguna, y lo que es más grave, sin notar que el resto sí se avergüenza de ellos. Qué triste hacerse el gracioso sin tener la gracia, aún sabiendo que con ella se puede hacer tanto daño a las personas. Qué triste no saber disculparse. La disculpa… esa que conforta al que la recibe y engrandece al que la pide.

Qué complicado ser humilde cuando hay tanta gente que se la da de no se sabe muy bien qué, porque no tienen ni motivos ni clase para dárselas de nada. Qué desgracia es el “quiero y no puedo”. Qué complicado no presumir de nada aún teniéndolo todo, qué complicado no creérselo cuando todo el mundo te regala el oído, qué complicado quitarle importancia a las cosas aunque sepas bien que son grandes. Justamente la grandeza radica en la sencillez, en la cercanía y en la ausencia de presunción aunque todo se tenga. Qué complicado ser el de siempre cuando el éxito te alcanza.

Cuánto cuesta ser honrado y valiente, mirar a los problemas de frente y “coger el toro por los cuernos”. Cuánto cuesta ser fiel a uno mismo, a sus principios, para no engañarse y para no engañar al resto. Cuánto cuesta reconocer los errores y aprender de ellos, cuánto cuesta tratar a la gente como a uno le gustaría ser tratado, con la entrega y dedicación suficientes como para que esa persona sienta que es la única que le importa a la otra en ese momento. Qué necesaria la valentía en momentos decisivos, que necesaria cuando al querer decir algo se te hace un nudo en la garganta y no sabes explicar algo que se siente.

Qué necesario es ser responsable para cumplir en cada momento, qué necesario incluso hasta para ser golfo… qué necesaria para eso la elegancia, entre otras, para poder ser truhán y señor a la vez y no quedarse simplemente en chulo. Qué necesario para no presumir como si con lo que se golfeara fueran trofeos en vez de mujeres. Qué necesario el sentido de la obligación para tener a todas contentas, porque no se le ha hecho daño con nuestra actuación, y que ninguna hable mal de ti, qué necesario para saber lo que hay que hacer aunque, a veces, no coincida con lo que te gustaría, y qué difícil darle primacía al deber sobre el querer. Qué difícil estos dos valores para no quemar retratos ni banderas…

En definitiva, qué duro es, hoy día, ser educado, con todo el sentido de la palabra, por no hablar de lo que es ser buena persona… porque ¿Dónde se quedaría el ayudar a la gente?, ¿el saber hablar con los amigos cuando más lo necesitan sin necesidad de echarles una bronca, aunque mala haya sido su actuación?, ¿el disfrutar con las cosas más simples sin ser caprichoso ni egoísta?, ¿el ofrecer sin esperar nada a cambio?...

Hoy todo está así porque las mujeres mandan, y los hombres somos los tontos que nos dejamos llevar. No hay nada que le guste más a un hombre que saber que habla bien de él una mujer. Pero… ¿qué es lo que quieren y valoran las mujeres hoy? Valoran al más chulo, al que más da en una paliza, al que más “tiene”, al que más daño les hace… no son masoquistas, sino niñas o mejor, niñatas que no saben todavía de qué va la vida. Si en vez de este tipo de niñas ligeras de cascos o putas, para el caso, es lo mismo (de esas que no aguantan el alcohol y en cuanto pueden se quitan los tacones porque son éstos los que las dominan a ellas), llevaran las riendas de esta sociedad mujeres hechas y derechas, y los tontos en vez de ser niñatos o simples varones sin clase (todo esto refleja la diferencia entre un varón y un hombre) que malgastan su tiempo en memeces fueran hombres de los pies a la cabeza… este texto no hubiera hecho falta escribirlo, y todo sería diferente.

Qué pocas mujeres de los pies a la cabeza me he encontrado en esta vida. Alguna que otra me ha llegado a decir “como tu no queda nadie”. Que no queda nadie no es verdad, que quedamos pocos es una realidad y tampoco somos tan perfectos, todos tenemos nuestros defectos y algunos muy gordos. Qué poquitos vamos quedando por culpa de una sociedad que cambia olvidando valores tan esenciales como estos. Se hablará de nosotros, se nos criticará, se nos tachará de “pringaos”, de aburridos y de no vivir la vida. Pero todo eso me importa un karajo si todavía hay mujeres y hombres con esos valores y que, por supuesto, merecen la pena. El mundo al revés, lo que era todo ya no es nada, pero que tranquila se queda mi conciencia en la nada al final de cada día si he conseguido mantener esos valores vivos o al menos lo he intentado, sin pretender con ello ser mejor o peor que nadie, sino normal y sin pretender que nadie te lo reconozca y te lo alabe. Qué bien se duerme con la satisfacción del deber cumplido en todos los ámbitos de la vida.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

fernandito el blog hay que mantenerlo actualizado

Anónimo dijo...

Fernando, está muy bien. pero bajo mi punto de vista las mujeres (inteligentes) no valoran al más chulo, solo les gusta, como a nosotros, que nos den un poco de caña, la verdad que lo de ir de melindre detrás de ellas lo veo un poco demodé, pero eso reitero que es mi punto de vista.

Y la verdad es que veo un poco machista tu comentario de "Hoy todo está así porque las mujeres mandan, y los hombres somos los tontos que nos dejamos llevar". Eso depende de la casa de cada uno,a mi por mandar solo me manda mi abuelo, y en el supuesto de que manden ¿qué más da? En el supuesto de que lo hagan bien.

Ahí van mis dos primeros comentarios que solo buscan darle dinamismo a tu blog, que como cualquier cosa en la vida lo que más cuesta es empezarlo.
1 abrazo y espero que todos los lectores de este blog tengan un excelente 2008.

Abrazos

Anónimo dijo...

entiendo q es dificil, y lo digo x experiencia, xq los hombres de verdad también escasean....xo lo que no se puede hacer es ser derrotista, "cada sapo, tiene su sapa" y estoy convencida de q conocerás en la vida a toda una mujer q te haga feliz, sólo tienes q tener paciencia
saludos
Syra Velasco Ortega