jueves, 24 de enero de 2008

Carta a mis amigos

Todo el mundo habla de todo con todos, incluso del resto con alguno, y no siempre para arrastrarlos por los suelos y pisotearlos hasta que eso les produzca desahogo. Más común de lo que creemos es que la gente, entre quienes tienen confianza, hablen del resto con la única intención de comentar o hacer ver a la otra persona aspectos buenos de la que es objeto de conversación. En alguna que otra ocasión, sí que me he preguntado qué podrían decir de mí la gente e incluso mis amigos más cercanos, y sinceramente, prefiero no saberlo, porque seguramente no llegue a ser tema de conversación, y si lo soy, no creo que por ninguna buena causa, porque no soy la excepcional persona que muchos piensan.

Soy a veces tan frío, a veces tan parco en palabras, a veces tan cansino, a veces tan creído, a veces tan escurridizo, a veces tan ausente, a veces presente “hasta en la sopa”, a veces tan serio, a veces tan pesimista, a veces tan perfeccionista, a veces tan exagerado… Incluso cuando empeño ponía en preocuparme por el resto y solucionar sus problemas, no era consciente que lo que hacía con ello, no era otra cosa que empeorar las situaciones, aunque se me dijera mil y una veces. Porque he sido en momentos cruciales impulsivo, no importándome demasiado el daño que causara a otros. Porque he creído más de una vez que todo giraba en torno a mí cuando la realidad era bien distinta. Porque algunas situaciones exigían de mí algo de diplomacia, sacrificando con ello la verdad de muchas cosas. Porque he creado problemas grandes, dando igual que fuera conscientemente o no, ya que a la gente sólo le importa el resultado… así es imposible que se hable de mí, y si se hiciera no sería grato. Gracias a muchos palos por todo lo dicho voy aprendiendo a ser mejor persona y gracias, por supuesto, a todos los que me soportan tantas vanidades y estupideces a diario. Pero hay una sola cosa que sí que sé, con seguridad plena, que lo he hecho perfecto desde el principio: he sabido elegir bien a mis amigos.

Amigos de todas clases, de los que veo a diario, de los que, aunque no vea, sé que son como hermanos, de los que ya no siguen conmigo por darse cuenta que soy una pérdida de tiempo, de los que acabo de conocer y sé de sobra que son personas impresionantes. Amigos de los que he aprendido y seguiré en ello, de los que te dan consejos, de esos que no dejan que nada te perjudique, de esos que nunca fallan, de los que vayas donde vayas siempre están esperando tu llegada, de los que te despiden con pena en una estación o en un coche, de los que, aunque te hayas ido para siempre de un lugar, te siguen echando de menos y no te olvidan, de los que cuando llegas, te acogen como si te conocieran de toda la vida, de los que todo lo perdonan por grande que sea la metedura de pata, de los que nunca se cansan, de los que siempre te apoyan por loco que sea el proyecto, de los que alguna que otra vez te dan sorpresas, de los que te hacen llorar de risa, de los que hacen que te ilusiones hasta con la cosa más simple, de los que me soportan el genio y se encargan de calmarlo, de los que no dejan que me hunda, de los que te mantienen con los pies en la tierra y no dejan que de sueños viva, de esos que en momentos especiales te llaman o te mandan un simple mensaje, de esos que no reprochan nada más que aquello importante, y de esos que, por descontado, están en los malos momentos y celebran los buenos sin envidia alguna… de esos que entregan todo.

Por los momentos que he pasado con ellos, por las broncas y las risas, por las advertencias, los silencios y los consejos, por los errores, perdones y rencores, por los olvidos y los recuerdos, por las manos echadas y los desaires, por las juergas, fiestas y soledades, por las copas de celebración y las que se beben para olvidar, por las alegrías, las contradicciones y las desilusiones, por las esperanzas y frustraciones, por los esfuerzos silenciados, por los favores sin esperar nada a cambio, el desinterés… tantas y tantas cosas que se aprenden durante años y hacen a la gente mejores personas.

Porque pienso que tanto no merezco, pienso también que existen pocos como Ale, Cata, Rosa, Mey; Ana, Miles y Natalia; Gabrielilla y Nerea; Carmencita, Almu, Moniquilla y Calé; Patri, Martita y Vicky; Maca, Leti y Beíta; Angelita, Paula, Marta, Cristina (q.e.p.d.) y Andrea; Patricia y Mariquilla; Inma e Inés, Vicky; Cristina, Pilar y Rocío; Fatimilla, Ángela y Gaetane; Pat, Sofía y Blanca; Cris, Regla, Angy y Blanquilla; Beltrán, Yñiguez, Pedrito, Alejandrito, y Tous; Paz, Moya y Ferraro; Gusi, Jose, Juanillo, Losada, Paquito y el Torero; Ignacio y Javier; Luis Alberto, Alvarito y Jaime; Blázquez, Loring, Juan Luis, mis compañeros tanto de Colegio como de Facultad… y tantos otros, a los que quiero agradecer con toda mi alma lo que han hecho por mí durante tantos años, y decirles, que no los voy a olvidar hasta que me muera.

lunes, 21 de enero de 2008

¿Qué es la Belleza?



He decidido publicar este artículo, ya publicado en www.asmoda.com, basado en unos consejos de belleza dados por Audrey Hepburn, escrito por una queridísima amiga mía, por ser extraordinario su contenido social a mi parecer.

No sólo la belleza es lo que ustedes argumentan en sus números publicados mes a mes, sino algo más. A veces lo esencial de una mujer no es únicamente su apariencia; por tanto quisiera pedirles que en su próximo número añadan lo que yo creo que también es considerado belleza. Me gustaría compartir con todos unas ideas que claramente definen dicho concepto:

1. Para conseguir unos labios atractivos, di palabras de ternura.
2. Para conseguir unos ojos preciosos, busca lo que hay de bueno en la gente.
3. Para conseguir una silueta esbelta, comparte tu comida con los que pasan hambre.
4. Para tener un pelo bonito, deja que un niño pase sus dedos por tu cabello una vez al día.
5. Para tener una buena pose, camina sabiendo que nunca caminas sola.
6. La gente, mucho más que las cosas, debe ser restaurada, revivida, reclamada y redimida; nunca deseches a nadie.
7. Recuerda: siempre que necesites una mano que te ayude la encontraras en el extremo de tu brazo.
8. Cuando vayas envejeciendo descubrirás que tienes dos manos, una para ayudarte a ti misma y la otra para ayudar a los demás.
9. La belleza de una mujer no está en la ropa que lleve, la figura que tenga o en cómo se peine. La belleza de una mujer debe ser buscada en sus ojos, que son la puerta de acceso a su corazón, el lugar donde reside el amor.
10. La belleza de una mujer no está en los rasgos de su cara, su verdadera belleza se refleja en su alma. Está en el cuidado que da con amor, en la pasión que muestra.
11. La belleza de una mujer aumenta con el paso de los años.

Por último, manifestarles mi enhorabuena por su revista. Un cordial saludo.
María Suárez Pérez, Madrid

martes, 1 de enero de 2008

La Vida

Es el transcurso de tiempo que va del nacimiento a la muerte y en la que toda persona intenta su mayor realización para contemplación, regocijo, alegría o envidia del resto. No nos engañemos, estamos en una época en la que todo, absolutamente todo, se mueve por un interés personal, y donde no importa aplastar a nadie si con ello conseguimos lo que ansiamos. Eso de que “el fin no justifica los medios” está en desuso.

Pero creo que la vida es mucho más que eso. Esta llena de todo tipo de momentos. Es bonita cuando está llena de momentos buenos, momentos de risas y diversión, de momentos que se quedan en la retina por su emoción, por su cariño. Fea cuando de momentos de angustia y desesperación se vive, cuando “se toca fondo” y no se encuentra solución.

A veces dura con sus palos, qué complicado superarlos, pero a la vez, cuánto aprendemos de ellos. La creemos justa cuando todo lo que se añora se consigue, qué grata y qué benévola. Y cómo hace que te esfuerces cuando de conseguir algo grande se trata y que orgullo se siente por dentro, si tanto esfuerzo, al fin, no ha sido en vano. Qué injusta, en cambio, desde el comienzo hasta el fin. Es injusta por las circunstancias, por el tiempo y por el cómo toca vivirla. El hecho en sí del nacimiento ya es una gran injusticia… algunos nacen sanos, otros con problemas, unos feos, otros guapos, unos tontos, otros listos, unos con la gran suerte y privilegio de nacer en familias con recursos, otros que, sin embargo, se mueren de hambre y sed por no tener lo básico. ¡Qué injusticia! La suerte no la tenemos todos por igual, pero no se debe añorar o envidiar lo ajeno, sino aprovechar y saber reconducir nuestras vidas asumiendo cómo somos, cómo vivimos, sin tener que avergonzarnos de ello, y hacer de nuestra vida un ejemplo constante de superación.

No hay nada más confortable que el orgullo de haber sido capaz de construir algo grande desde la nada y sin más herramientas que el esfuerzo, la ilusión, la voluntad y la creencia en sí mismo. Son ese tipo de personas las que llevan las riendas de un mundo globalizado, donde el sentido de la palabra solidaridad se desvirtúa por momentos y donde ejemplos (se sea católico o no) como el de Santa Teresa de Calcuta y Santa Ángela de la Cruz, son fieles reflejos de la dedicación y entrega y de la solidaridad en todo el sentido que la palabra engloba.

La empresa más grande de esta vida es aquella que se realiza desde la humildad y el cariño a los demás. Siempre habrá ganadores y perdedores, porque, de suyo, la vida es injusta, ya lo he dicho. Pero aquellos que aún pudiendo ganar, pierden, no habrán superado el reto que es, en sí, la vida. La vida los puso a prueba… y no la superaron. Pero todos aquellos que en sus años de existencia hayan conseguido más de lo esperado, sin ser déspotas ni tiranos, sin ser arrogantes ni soberbios, cuando al final de sus días hagan repaso de lo vivido, acabarán por decir: qué duro ha sido, a veces qué difícil, a veces qué maravilla, cuánto he aprendido, cuánto espero haber podido enseñar con mi ejemplo, y sobre todo, cómo ha merecido la pena.

La persona que al final de su vida, haya pasado por ella convirtiendo cada momento en un reto, cada palo en una enseñanza y si al fin, cada uno en la medida de sus posibilidades, ha pasado por ella con la cabeza bien alta por haber hecho o intentado, al menos, hacer de su vida un ejemplo constante, viviendo consciente e intensamente, sólo esa persona podrá asumir la muerte con la tranquilidad necesaria que da el hecho de sentirse realizado siendo arropado por la certeza de haber hecho lo que en cada momento debía, con entrega y dedicación absolutas hacia las personas que lo han rodeado y hacia su trabajo.

Resultados de la Encuesta de Diciembre

Los resultados de la encuesta realizada durante el mes de Diciembre de 2007 sobre el arículo publicado ese mismo mes son los siguientes:

  • El 81% piensa que el artículo refleja con exactitud lo que ocurre actualmente en la sociedad.
  • El 9% piensa que lo que se puso de manifiesto ocurre muy pocas veces.
  • El 9% piensa que lo que se expuso no se da en nuestra sociedad nunca.