lunes, 26 de mayo de 2008

40 años de una voz


Hace 40 años ya de aquel Festival de Benidorm donde un chico de 25 años llamado Julio Iglesias de la Cueva se presentaba con su canción “La vida sigue igual” después de ver truncada su carrera profesional como portero del Real Madrid tras un accidente de tráfico que le dejó 3 años postrado en una cama y del que se recuperó milagrosamente tras muchas intervenciones quirúrgicas y una fuerza de voluntad impresionante que le hizo volver a andar. A partir de aquí todo es conocido, todo es desorbitado en cuanto a cifras, pero todavía quedan aspectos sin conocer de esta persona.

Ahora se encuentra en la mitad de una gira que dura ya 2 años y en la que celebra, aparte de su 40 aniversario profesional, los números que su carrera le ha proporcionado: 40 años en activo y siguiendo, más de 80 discos editados en 9 idiomas, 280 millones de copias vendidas en todo el mundo, más de 2000 discos de oro y platino, más de 7000 macroconciertos en vivo en 500 ciudades de los 5 continentes, 120 video-clips grabados, más de 48000 apariciones en revistas del mundo entero, 2500 programas de televisión en los 5 continentes, más de 30 duetos con artistas que van de la ópera al rock (Plácido Domingo, Frank Sinatra, Diana Ross, Dolly Parton, Sing, Alejandro Fernández, Lola Flores, All four one, Paul Anka, Stevie Wonder, Willie Nelson, Pedro Vargas, etc.), más de 5000 ruedas de prensa, 1 Grammy y miles de premios y nominaciones internacionales, 137 veces nº1 en las listas “Billboard”, los más grandes elogios de la crítica, más de 15 conciertos en la Casa Blanca, único artista occidental en hacer giras por Asia y grabar en Japonés, único Disco de Diamantes recogido en el Libro Guinnes, 20 años en la lista de los hombres mejor vestidos del mundo, contrato publicitario de la historia con Coca-Cola en 1984 (4.500 millones de dólares), el artista mejor pagado de la historia de Las Vegas, máximo vendedor de discos de la historia y una fortuna personal que supera los 300000 millones de dólares, con inversiones hasta en el petróleo.

Cuando termine la gira actual habrá recorrido 194 ciudades de todo el mundo con 160 personas, un jet privado, 14 trailers, 6 escenarios distintos (para adaptar en Estadios, Teatros, Casinos y Palacios de Deporte), más de 5000 canciones interpretadas y más de 200 horas de ensayo. Pero no hablemos de cifras sino de esfuerzo. Mike Demini (Ingeniero de Voz de Frank Sinatra) comentó: “Cuando estas en los estudios de grabación y ves a Julio Iglesias -que tiene un oído privilegiado- trabajar casi 12 horas diarias durante meses, y que se mantiene en pie hasta que el disco no suena como el quiere (porque trabaja nota a nota y sílaba a sílaba) mientras nosotros nos tenemos que retirar a descansar, sabes de inmediato que estas trabajando con el más grande grabador de discos que uno se pueda imaginar”. En el programa norteamericano de TV “60 minutes” se comentó que “Era increíble ver cómo Julio Iglesias, con su impecable traje negro y sin brincar por el escenario como si fuera un mono, podía meterse a 100.000 espectadores en el bolsillo y conseguir de ellos cotas de entrega cercanas a la histeria”. Elton John, en una de las veces que ha venido a España, durante una rueda de prensa afirmó “Ya me puedo morir tranquilo, he vendido la mitad de discos que Julio Iglesias”. Un jefe de producción de uno de sus conciertos ofreció una entrevista con la TV local Gallega y afirmó lo siguiente: “He ayudado también a montar parte de los conciertos de Prince y de Bruce Springsteen aquí, pero como lo de Julio Iglesias no he visto nada igual”.

Otro dato que la gente desconoce es, que Julio graba habitualmente 60 o 70 temas y luego deja 10 o 12 en el álbum final, gracias a esta fórmula tiene en su haber mas de 400 canciones inéditas grabadas para editarlas post-morten. Más de una vez ha dicho entre bromas: “Cuando pasen por mi tumba, me oirán cantar”. Entre otras declaraciones, el cantante siempre ha manifestado “Yo no hago como otros artistas, que graban durante solo una semana la parte de vocales, y después le dejan todo el trabajo a su productor para que termine el disco. No, yo no soy de esos”. Por eso él, siempre ha compuesto, supervisado y coordinado su música tanto en el estudio, como en las presentaciones en vivo. En otra entrevista que le hicieron en el 2000 afirmó que las giras siempre están ensayadas y perfectas antes de comenzarla pero que él, cuando llega al escenario sobre 6 horas antes de los conciertos, le gusta repasar con sus músicos casi todos los temas de cada noche y dar las últimas instrucciones para que todo salga perfecto y que cuando sube al escenario es otro trabajador más, con mono de trabajo y casco.

La persona que fue la primera en ofrecer un concierto en Jerusalén, que pulverizó con más de 12000 personas cada día el récord de permanencias nocturnas seguidas en el Teatro Griego de Los Ángeles a Neil Diamond, que en una misma gira abarrotó los estadios del Santiago Bernabeu, Nou Camp y Ramón Sánchez Pizjuan con más de 100000 espectadores en cada uno y muchos miles que no pudieron verle y que ha sido el único que ha cantado tangos en la muralla china entre otras hazañas profesionales, ha afirmado que a sus 65 años cumplidos se siente más joven que nunca y que “si para, palma”. Se ha encargado de pasear durante estos 40 años el nombre de España por todo el mundo, tanto es así, que hubo una época en la que sus conciertos comenzaban con “Un canto a Galicia” y se vislumbraba la bandera española en el escenario. Piensa que para la música no hay barreras lingüísticas y por esto ha cantado en español desde Islandia a África del Sur y desde EEUU a Japón consiguiendo poner a la gente de pie. Es penoso que España no sepa reconocer tanto mérito, esfuerzo, dedicación, trabajo y perfección al cantante más internacional que para colmo es español y presume de ello. Cuando se pregunta en el extranjero por España, la gente contesta: “España: sol, paella, siesta y Julio Iglesias”.


Podrá gustar o no gustar, pero lo que nadie puede negar es que es el artista vivo más importante de nuestro país, aunque nunca se le reconozca en esta tierra como tal. Su voz es inconfundible en cualquier rincón del planeta ya que cada 30 segundos suena una canción suya en algún lugar del mundo.

jueves, 8 de mayo de 2008

Qué ordinario es el Verano

Ya se acerca esa época tan deseada para descansar y divertirse y a la vez tan ordinaria en las formas. Con la entrada de las altas temperaturas la gente se desmelena, aunque siempre se puede ver al típico señor de avanzada edad que aunque haga 40º a la sombra, sigue con su incombustible traje y corbata de siempre. Pero la gente que no es tan fundamentalista suele aligerarse de ropa y algunos se aligeran en exceso. Todo exceso es malo, pero si además viene acompañado de una dosis de falta de estética, el tema es desolador. A continuación paso a dar algunos consejos para evitar que se pase por situaciones que he vivido algunos años y que también paso a describir.

En primer lugar, si en la época estival es necesario hacer trayectos, lo menos ordinario es hacerlo en el coche de San Fernando (ya saben, un ratito a pie y otro andando) y de ser un trayecto demasiado largo el taxi es la otra opción, aunque ya la gran mayoría de ellos huelen en esta época a un pachuli de curiosa fragancia que al que menos lo desmaya. Todo sea por evitar el autobús. Para que vean hasta qué punto es de primera necesidad evitarlo, contaré la anécdota que me ocurrió hace ya algún tiempo. Se subieron en cierta parada una familia al completo con toda falta de estética (una madre entrada en kilos con un top bien ceñidito y la mitad de los michelines al aire y las niñas, que no podían negar ser hijas de quien eran, con veinte pendientes por todo el cuerpo, tatuajes y demás accesorios horteras y por supuesto, enseñándote el tanga) y de educación (pues de todo lo que hablaban estaba informado hasta el más despistado del autobús). Para que se hagan una idea, sólo pasaré a describir una de las frases que esa madre sudosa y pegajosa gritó en aquel vehículo: “¡Chofe, que en la siguiente me bajo!, ¡Cucha Soraya! Llámame an ca’ l’Encarna y pregúntale qué le jecha al puchero que le sale tan rico que hoy lo voy a hace yo, a ve cómo me sale”, a lo que responde la niña con total desprecio “ojú omá que pesaíta ta coño con el puchero”. Esta situación en una familia normal no creo que se diera, aunque de darse la traducción exacta sería: “Sr. Conductor ¿le importaría abrirme las puertas para bajarme en la siguiente parada?, Bea por favor, llama a casa de la Srta. Encarnación y pregúntale con qué ingredientes hace el gazpacho (el puchero en verano es siempre ordinario por los efectos que con el calor, causa en las personas tras ingerirlo) que le sale tan bueno, que hoy lo voy a intentar yo” a lo que la niña bien educada sólo respondería con un “enseguida mamá”. Por cosas como esta es por lo que debe evitarse un autobús en verano.

Pero uno, que anteriormente estaba en una playa desierta, porque más que playa aquello se componía de piedras con arena, al pasar a una playa fantástica lógicamente le ocurren situaciones que sin duda rozan lo inimaginable. Después de aquello ya entendí por qué los Domingos la gente normal no está en la playa, y cuando propuse bajar a pasar la tarde la respuesta fue “hoy no que es Domingo, ¿estás loco?”. Yo empeñado en darme un baño y un paseo por esa fantástica playa bajé solo, para qué se me ocurriría. Justo en la bajada, en la hilera de tablas de madera que se ponen para acceder a la orilla oí decir a una niña, muy fina ella, eso de “ostia que me quemo coño con la mierda de tablas estas”. A partir de ahí pensé que mejor sería que se me hiciera el cuerpo a la situación, me relajara y me hartara de reír con todo aquello que viera. Comprobé que los Domingos, el que no tiene cuatro amigos y un balón para hacer el mono no es nadie. Pero mi asombro no cesó en toda la tarde. Mientras tomaba el sol, tenía al lado a la típica pandillita tragantona de niñatos formada por “er Rafi, er Pepelu, la Jessi y la Vane”. Todo normal (aparte de meterse mano a diestro y siniestro) hasta que les dió por la batallita de arena y pasó lo que pasó. A la Jessi, que tenía un cuerpo de escándalo si le quitamos tres tatuajes y cuatro piercing, er Rafi le había refregado una bola de arena por todo el cuerpo y a la niña no se lo ocurrió otra cosa que decir “jo puta Rafi cabrón que mas llenao to la teta izquierda de arena, cómo te trinque te voy a meter la arena por donde tu sabes”. Después de eso, no tuve más remedio que meterme en el agua, lugar donde, para desgracia mía, se encontraban er Pepelu y la Vane sacudiéndose la arena. Todo hay que decirlo, Pepelu estaba más caliente que el palo de un churrero y “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”, en un arrebato de pasión le metió mano a la Vane, la cual gritando dijo “Kiya er Pepelu que guarro es, aquí en medio de tor mundo”. Yo no pude más y me fui a dar un paseo, curioso donde los haya.

Cada vez se hacía más imposible andar entre los niñatos con las tablas en la orilla, otros tantos con el mítico baloncito, los niños chicos deambulando en pelotas por donde querían, la abuela gorda sentada en el rompeolas con las piernas abiertas y aquello a remojo (qué fresquita estaba ella, tenía una cara de felicidad inimaginable), etc., todo lo de un Domingo se soporta, pero ¡por Dios!, ¿no podría venir un tsunami que se llevara a la gorda? Seguro que si viniera tampoco se la llevaba. Pero lo que sí es cierto es una cosa: el que no está a la última en tecnología es porque no quiere. Los domingueros montan ya no sólo la mesa, las sillas y sacan la tortilla de patatas, eso ya está anticuado. Ahora lo que se ve son unas carpas de dimensiones considerables con aire acondicionado incluido y una mesa para doce personas y sofá hinchable (que lo de las sillas es de pobre y ellos “están en er taco gordo”) donde aparte de la típica tortilla, también se alimentan de croquetas y demás variedades que haya preparado la abuela. Por supuesto no falla la baraja de cartas, las palas, el balón, las tablas, los manguitos, los flotadores, la colchoneta tamaño cama de matrimonio y por supuesto el juego de cubo, pala, rastrillo y demás utensilios para el juego de los niños en la arena. Recuerdo que en una de estas carpas oí a una prima que le decía a otra (la cual después de haber estado haciendo el ganso por la playa todo el día estaba desatada y se comía todo lo comestible): “kiya Desi coño no seas guarra y no le metas mano a to, que tas to manchá de arena”. Eso acabó conmigo y decidí subirme a mi casa, ya había tenido suficiente.

Pero todavía quedaba un regalito al salir de la playa. Se trataba del coche tuneado “der Fiera de Tarifa y er Tigre de Chiclana” que venían con sus gafas pastilleras, sus cuatro pendientes en cada oreja, los bañadores por debajo de la rodilla con los calzoncillos asomando, el peinado cacerola en uno y cenicero en otro y sus correspondientes tablas para aprovechar las últimas olas… Desde ese día yo sólo bajo a la playa los Domingos cuando estoy aburrido y tengo ganas de reírme. Ya viene, ya se acercan las altas temperaturas, el verano puro y duro llega. Si para evitar esto, piensan irse de viaje, escojan bien el sitio, porque estos sujetos de Domingo invaden ya hasta el Foro Romano, donde hace dos veranos me encontré a una familia gaditana que detrás mía venían chillando “Un, dos, un, dos, tres, ese Cai oé” y para que se hagan una idea de la que liaron en un Foro Romano a reventar de gente, se hicieron una foto toda la familia y justo antes de hacerla una de las de la excursión familiar gritó “Cucha Pepe, hesha ya la foto pero que no vaya a salí nadie que no sea de mi familia”. Así que por eso les digo que busquen un lugar apartado y medio solitario si lo que quieren es relajarse y descansar que para tener que observar cosas como las descritas ya hay demasiada gente.