En la tarde-noche del 20 de Septiembre pasado se produjo un hecho insólito para la Familia De la Cueva. El Ayuntamiento de La Palma del Condado este año se ha acordado y empeñado (cosa que todos agradecemos muchísimo) en celebrar con varios actos el cincuenta aniv
ersario de la muerte de Jorge de la Cueva y Orejuela, que junto a su hermano José, fueron una pareja de escritores de poesía y comedia del siglo XX, además de colaborar también con otros dos de sus hermanos, Justo y Manuel de la Cueva y Orejuela en el mismo terreno artístico.
En primavera, el Ayuntamiento tuvo a bien organizar una exposición en recuerdo de estos dos hermanos escritores, la cual inauguraron algunos de los descendientes de los mismos que aportaron importante documentación tanto gráfica como manuscrita de la familia. Pero fue el 20 de Septiembre y durante el acto de nacimiento del vino de la Real Feria y XLVIII Fiesta de la Vendimia de esta acogedora localidad cuando se hizo el reconocimiento más amplio a estos dos palmerinos y sus descendientes. Desde la edición de la revista donde hay un amplio reportaje gráfico de la familia, además de los artículos escritos por algunos de sus miembros, hasta el propio acto, con continuas alusiones a la familia, proyección gráfica sobre la fachada de la Iglesia y el nombramiento de Carlos Iglesias de la Cueva como Mantenedor de la Fiesta y, por supuesto, la posterior cena en los salones Ntra. Sra. Del Valle.
Toda la familia ha quedado muy gratamente sorprendida a la vez que agradecida, tanto por el interés mostrado por el gobierno local como por todas las atenciones recibidas y la calurosa acogida que tanto ellos, como todos los palmerinos nos han demostrado. Algunos miembros de la familia ya conocían la tierra de la que provenimos, y para los que aún la desconocíamos, hemos quedado alucinados por la belleza, el cuidado y mantenimiento y el calor de sus paisanos. Este encuentro con nuestra tierra nos ha servido para conocer sobre el terreno los orígenes de nuestra familia, la casa donde vivieron nuestros antepasados y entender el por qué querían y añoraban tanto esta tierra.
La familia De la Cueva estará eternamente agradecida a La Palma del Condado por haberse acordado de nosotros y reunir a tres generaciones de la familia provenientes de cuatro ramas diferentes, todos descendientes de los hermanos De la Cueva y Orejuela y que tanto tiempo hacía que no coincidían. Por todo lo que ha significado estos acontecimientos, no dudamos en que La Palma del Condado, como nuestra tierra que es, aunque ninguno de los descendientes vivamos en ella, será el lugar idóneo para futuras reuniones familiares, consiguiendo tenerle a La Palma y sus habitantes el mismo cariño y añoranza que nuestros antepasados le tenían a esta increíble tierra. Cariño que hemos sentido de su gente y por los cuales nos hemos sentido muy queridos. Nuestro más sincero agradecimiento a La Palma del Condado.
Esta gratitud, vinculación y compromiso con La Palma del Condado se ponen de manifiesto en las palabras que Carlos Iglesias de la Cueva pronunció esa noche al ser nombrado Mantenedor de la Fiesta y las cuales se transcriben a continuación:
“Queridos amigos y amigas: En primer lugar quiero agradecer a las autoridades y representantes de La Palma del Condado, y a todos los palmerinos que me han acogido con tanta hospitalidad, el haber sido nombrado Mantenedor de la Vendimia de este año 2008, algo que me honra y que llevaré prendido en el corazón como una medalla, sí, como una medalla olímpica de la olimpiada de la amistad, de la olimpiada de los pueblos bonitos, de la olimpiada de los mejores brandis y vinos.

Debo deciros que recibí la invitación con un punto de escepticismo, pues no comprendía el por qué de esa invitación, pero me sentí tan honrado que, hace unos días, me subí al coche y vine a conocer La Palma del Condado, la tierra de mi abuelo, la de mis antepasados, la de los Hermanos De la Cueva. Quería que fuera una visita a solas para así poder oler, beber y comer de vuestra tierra como un turista más, pero me descubrieron. Una llamada telefónica me delató y la visita la hice con cicerones. Fue un acierto que me encontraran pues olí, comí y bebí lo mejor de lo mejor.
Dicen que los españoles desconocemos España, y es porque en España hay mucho que ver y el tiempo pasa muy rápido. Por mi parte, sin embargo, entono el “ mea culpa” por no haber venido antes. En fin, nunca es tarde…
He desembarcado en esta villa siendo ya abuelo, y en su memoria, en la de mi abuelo Pepe y su hermano Jorge, os prometo pasear a mis nietos por vuestra maravillosa plaza de España y no perder esta raíz mía, tan jugosa como una de sus viñas. Pasear a mis nietos, sí, como me hubiera gustado que mi abuelo Pepe me hubiera paseado a mí, cogido de la mano y explicándome con su verbo fluido los retablos de sus Iglesias, la arquitectura de sus calles y sobre todo, el por qué de su carisma casi magnético y el cómo su prodigioso intelecto le había llegado. Sí, digo esto porque los Hermanos De la Cueva tenían ese don que poca gente tiene.
Quiero confesaros que descubrí con gran sorpresa y satisfacción, en medio de la solana por donde había pasado algunas veces y nunca paré, un oasis, un pequeño paraíso, una Sevilla en miniatura, un pueblo luminoso que me deslumbró. Y os aseguro, que no es por cumplido por lo que digo esto de vuestro pueblo y ya casi mío. Recuerdo que llamé por teléfono a un viejo amigo para manifestarle el tan inesperado como gustoso descubrimiento de este pequeño nuevo mundo. Me sorprendió la limpieza de las calles, la nobleza de sus fachadas, el espíritu y la belleza de los palmerinos… la comida, los vinos, pero sobre todo me fijé en su manera de vestir, vestís muy bien, como señoritos andaluces y como los señores españoles.
ersario de la muerte de Jorge de la Cueva y Orejuela, que junto a su hermano José, fueron una pareja de escritores de poesía y comedia del siglo XX, además de colaborar también con otros dos de sus hermanos, Justo y Manuel de la Cueva y Orejuela en el mismo terreno artístico.En primavera, el Ayuntamiento tuvo a bien organizar una exposición en recuerdo de estos dos hermanos escritores, la cual inauguraron algunos de los descendientes de los mismos que aportaron importante documentación tanto gráfica como manuscrita de la familia. Pero fue el 20 de Septiembre y durante el acto de nacimiento del vino de la Real Feria y XLVIII Fiesta de la Vendimia de esta acogedora localidad cuando se hizo el reconocimiento más amplio a estos dos palmerinos y sus descendientes. Desde la edición de la revista donde hay un amplio reportaje gráfico de la familia, además de los artículos escritos por algunos de sus miembros, hasta el propio acto, con continuas alusiones a la familia, proyección gráfica sobre la fachada de la Iglesia y el nombramiento de Carlos Iglesias de la Cueva como Mantenedor de la Fiesta y, por supuesto, la posterior cena en los salones Ntra. Sra. Del Valle.
Toda la familia ha quedado muy gratamente sorprendida a la vez que agradecida, tanto por el interés mostrado por el gobierno local como por todas las atenciones recibidas y la calurosa acogida que tanto ellos, como todos los palmerinos nos han demostrado. Algunos miembros de la familia ya conocían la tierra de la que provenimos, y para los que aún la desconocíamos, hemos quedado alucinados por la belleza, el cuidado y mantenimiento y el calor de sus paisanos. Este encuentro con nuestra tierra nos ha servido para conocer sobre el terreno los orígenes de nuestra familia, la casa donde vivieron nuestros antepasados y entender el por qué querían y añoraban tanto esta tierra.
La familia De la Cueva estará eternamente agradecida a La Palma del Condado por haberse acordado de nosotros y reunir a tres generaciones de la familia provenientes de cuatro ramas diferentes, todos descendientes de los hermanos De la Cueva y Orejuela y que tanto tiempo hacía que no coincidían. Por todo lo que ha significado estos acontecimientos, no dudamos en que La Palma del Condado, como nuestra tierra que es, aunque ninguno de los descendientes vivamos en ella, será el lugar idóneo para futuras reuniones familiares, consiguiendo tenerle a La Palma y sus habitantes el mismo cariño y añoranza que nuestros antepasados le tenían a esta increíble tierra. Cariño que hemos sentido de su gente y por los cuales nos hemos sentido muy queridos. Nuestro más sincero agradecimiento a La Palma del Condado.
Esta gratitud, vinculación y compromiso con La Palma del Condado se ponen de manifiesto en las palabras que Carlos Iglesias de la Cueva pronunció esa noche al ser nombrado Mantenedor de la Fiesta y las cuales se transcriben a continuación:
“Queridos amigos y amigas: En primer lugar quiero agradecer a las autoridades y representantes de La Palma del Condado, y a todos los palmerinos que me han acogido con tanta hospitalidad, el haber sido nombrado Mantenedor de la Vendimia de este año 2008, algo que me honra y que llevaré prendido en el corazón como una medalla, sí, como una medalla olímpica de la olimpiada de la amistad, de la olimpiada de los pueblos bonitos, de la olimpiada de los mejores brandis y vinos.

Debo deciros que recibí la invitación con un punto de escepticismo, pues no comprendía el por qué de esa invitación, pero me sentí tan honrado que, hace unos días, me subí al coche y vine a conocer La Palma del Condado, la tierra de mi abuelo, la de mis antepasados, la de los Hermanos De la Cueva. Quería que fuera una visita a solas para así poder oler, beber y comer de vuestra tierra como un turista más, pero me descubrieron. Una llamada telefónica me delató y la visita la hice con cicerones. Fue un acierto que me encontraran pues olí, comí y bebí lo mejor de lo mejor.
Dicen que los españoles desconocemos España, y es porque en España hay mucho que ver y el tiempo pasa muy rápido. Por mi parte, sin embargo, entono el “ mea culpa” por no haber venido antes. En fin, nunca es tarde…
He desembarcado en esta villa siendo ya abuelo, y en su memoria, en la de mi abuelo Pepe y su hermano Jorge, os prometo pasear a mis nietos por vuestra maravillosa plaza de España y no perder esta raíz mía, tan jugosa como una de sus viñas. Pasear a mis nietos, sí, como me hubiera gustado que mi abuelo Pepe me hubiera paseado a mí, cogido de la mano y explicándome con su verbo fluido los retablos de sus Iglesias, la arquitectura de sus calles y sobre todo, el por qué de su carisma casi magnético y el cómo su prodigioso intelecto le había llegado. Sí, digo esto porque los Hermanos De la Cueva tenían ese don que poca gente tiene.
Quiero confesaros que descubrí con gran sorpresa y satisfacción, en medio de la solana por donde había pasado algunas veces y nunca paré, un oasis, un pequeño paraíso, una Sevilla en miniatura, un pueblo luminoso que me deslumbró. Y os aseguro, que no es por cumplido por lo que digo esto de vuestro pueblo y ya casi mío. Recuerdo que llamé por teléfono a un viejo amigo para manifestarle el tan inesperado como gustoso descubrimiento de este pequeño nuevo mundo. Me sorprendió la limpieza de las calles, la nobleza de sus fachadas, el espíritu y la belleza de los palmerinos… la comida, los vinos, pero sobre todo me fijé en su manera de vestir, vestís muy bien, como señoritos andaluces y como los señores españoles.
Y en esta pequeña ciudad bañada de sol y de cal, por donde corren los manantiales del vino, busqué la voz de mis antepasados, y comprendí el señorío, la dignidad y la creatividad de mi abuelo Pepe. Le vi con sombrero de ala ancha paseando por la plaza mientras discutía el título de un sainete con su hermano Jorge: “Aquí hase farta un hombre”. Tenía razón, faltaba yo. Todo está ya claro, tan claro como el campanario recién pintado de vuestra Iglesia parroquial. Mis antepasados estaban tocados por la varita mágica de la ciudad, la misma que me tocó hace días a mí en el corazón, a los Hermanos De la Cueva les tocó también el cerebro y les empujó, como andaluces y españoles, a comprometerse con la poesía, con el arte, con la palabra. Con la palabra sí, ese gran patrimonio de Andalucía.
En otro momento, imaginé a todos los hermanos De la Cueva, los once que tuvieron en vuestra tierra mis bisabuelos, desfilando en fila de a uno, marcando el paso, izquierda…izquierda… izquierda, derecha, izquierda… por las calles del pueblo mientras Pepe y Jorge iban ensayando la letra de un nuevo himno de Infantería.
Sin desmerecer a mi padre, ni mucho menos, fue todo un personaje, creo que mi hermano Julio recibió al nacer un baño de genes que venían de esta ciudad. Quiero decir, que si hubiera justicia, su nombre artístico debería haber sido Julio de la Cueva y no Julio Iglesias. La hija mayor de Pepe, Charo de la Cueva, mi madre, fue sin duda la portadora de esos genes. Ella fue la que nos enseñó el sentido estético de la vida y que hoy veo reflejado en este pueblo andaluz.
Yo no sé si poseo alguna virtud, quizás una sola, la de ser leal a mis amigos y disfrutar de la amistad, que no es poco, pero os aseguro que mi estancia aquí me ha hecho más virtuoso, y muy importante, he ganado amigos. Entre los amigos, quiero destacar a los bodegueros, y entre ellos a José Infante, que posee el arte divino y diabólico a la vez de fermentar uno de los mejores brandis que c
onozco. Por cierto, lo tomamos juntos el día de mi escapada y es inmejorable. Y que por arte de magia por un lado, y de tecnología puntera por otro, ha logrado un vino espumoso que compite con el mismísimo Don Perignon de los gabachos.
Otro amigo reciente, pero como si lo conociera de toda una vida y por eso lo quiero nombrar, es Juan Jerez. De su mano y acompañados de vuestro concejal Miguel Parra, recorrí los lugares de La Palma que me hicieron recordar como si fuera ayer, los domingos paseando de la mano con mi abuelo Pepe por Madrid después de Misa y las golosinas que nos compraba si nos portábamos bien en la Iglesia. También me hizo avivar mi memoria, mi ya vieja memoria, su labor de investigación sobre mis antepasados, me dejó boquiabierto, sabía bastante más que yo de mi andalucismo.
En definitiva, La Palma y los palmerinos como mi abuelo y su hermano tienen magia, tienen duende, tienen arte. Y sobre todo, tenéis lo más importante que hay que tener y tienen los bien nacidos en esta vida, el respeto por vuestros antepasados y congéneres. En nombre de ellos y como orgulloso descendiente de los De la Cueva y ya palmerino aunque sea adoptado, esto no va a quedar así, os lo prometo.
Dije al principio que llevaría a La Palma como una medalla olímpica. No, lo he pensado mejor, en mis correrías por el mundo llevaré su nombre de un sitio a otro como una antorcha olímpica que brilla su ardor de mano en mano, de boca en boca. ¡Se van a enterar por esos mundos de Dios!
No me quiero ir sin dedicar un piropo a vuestra maravillosa juventud, tan bien representada en este acto por la Reina, María Pinto, y sus bellísimas damas de honor. Juventud buena y guapa, os lo digo yo que soy viejo y experto en estos menesteres. En fin, amigos palmerinos no os quiero aburrir más, he venido a conoceros y me llevo mi alma llena de felicidad después del deber cumplido con el deseo de mi abuelo Pepe y de mi tío Jorge de conocer su cuna. ¡Divertiros, disfrutad, comer y beber! Eso sí, con moderación esto último y feliz Fiesta de la Vendimia 2008.
Un fuerte abrazo y otra vez, mil gracias.
Carlos Iglesias de la Cueva
Quiero concluir esta narración con una especial mención a D. Juan Carlos Lagares Flores, alcalde-presidente de La Palma del Condado; Dña. Rosa Arteaga Manzano, teniente de alcalde y concejal de Asuntos Sociales; Dña. Ana Márquez Gil, concejal de Cultura y a D. Juan Jerez Pichardo de la Concejalía de Cultura por su amabilidad, su atención con la familia y su entera disposición para todo lo que hemos necesitado.
* Algunos de las obras que escribieron miembros de esta familia de escritores son las siguientes:
Un Capitán fanfarrón
Calado hasta las cejas el sombrero,
Y en torno dél tendida a la Valona
Una pluma a manera de corona,
De las que en triunfo dio el cesareo impero.
Sangre lanzando por los ojos fiero,
Un capitán salió, cuya persona
Vió, por nuestra desdicha a Barcelona,
Y conoció en Mastrique un mochilero.
Levantó la jineta, y fue marchando
Su gente en orden, y él con presupuesto
Que la terrestre máquina era poca.
Vió desde lejos el contrario bando;
Y, habiendo de decir lo que hubo en esto…
Sempronio, acude y tápame la boca.
Juan de la Cueva (1550-1606)
Porcia
Porcia, después del famoso Bruto
Supo y creyó la miserable suerte:
“No viva yo sin ti”, con pecho fuerte
Dijo, llorando sobre el casto luto.
“Ved que las armas me escondéis sin fruto,
Gente curiosa en impedir mi muerte,
Que amor me da con que a pagarle acierte
Desta limpieza y desta fe el tributo.”
Tragó las brasas, y aunque allá sintieron
Que las de amor, si amor lo permitiera,
Bastaban a vencer su fuerza esquiva.
Como todas a intento igual vinieron,
Concertáronse, al fin, de tal manera
Que la mataron por dejarla viva.
Francisco de la Cueva (1716)
En la antesala del de Lerma
(Contesta una dueña a una amonestación)
- Pasito, sor ujier, que habla con una
Dama que no consiente tales modos,
Que remonta su alcurnia hasta los godos
Y meció en conocida ilustre cuna.
Si a mis años, voltaria la fortuna,
Cruel me obliga a importunar a todos,
A los veinte, sabed, que tras los lodos
De mis chapines traje al grande Osuna.
Por cierto que os diré que de la rama…
-Calle por Dios, la dueña, que su vida
Harto bien conocemos por la fama,
De redentora, en años adquirida,
Pues a sacrificaros os decidisteis
Y por amor de todos os perecisteis.
Justo de la Cueva (La Palma del Condado, Huelva, 1810-1941).
¡El primer Beso!
¡Los dos a solas! Con medroso acento
- Te querré mientras vivas – me decía.
Y un cielo vislumbré que competía
Con el diáfano azul del firmamento.
Esclavo de mi causa el pensamiento,
Gobernaba del mundo la armonía,
La envidiable emoción de la alegría
Y el continuo activar del sentimiento.
En necia ofuscación, la mente loca,
Soñar me hizo en su infernal acceso,
El dios mundano que a su Dios provoca;
Y un instante fui rey de todo eso
Al juntar yo mi boca con su boca
Y al saltar como chispa ¡el primer beso!
Julio de la Cueva (Nació en 1810)
En cualquier piedra de Marruecos
Aquí España llegó, fiel a su Historia;
Esa vieja nodriza de naciones
Quiso traer a bárbaras regiones
Luminosos destellos de su gloria.
Cada piedra es jalón, hito y memoria,
Como tumba y altar de sus legiones,
Y aquí alcanzaron fuertes corazones
Las palmas del martirio y la victoria.
Aquí España llegó, su paso fuerte,
Imperial compañero de la muerte,
Dejó huella perenne y redentora;
Una Cruz, un laurel, y consagrado
Este pedazo de la tierra mora
Hoy con sangre española bautizado.
Jorge y José de la Cueva (La Palma del Condado, Huelva; nacieron en 1884 y 1887, respectivamente).
Renunciación
Quiero vivir modesto, sin honores,
Libre de la ambición el alma mía;
Conforme con el pan de cada día
Que no tiene sabor de sin sabores.
Quiero morir tranquilo, sin temores,
Puestos en Dios mi anhelo y mi alegría.
Que sólo el hombre que en el cielo fía
Alcanza de él consuelos y favores.
En sólo amar a Dios quiero ocuparme;
En su divino amor, mi dicha fundo;
Quiero de lo terreno desligarme.
Aspiro sólo a la divina calma;
Pues, “¿Qué lograra con ganar el mundo,
Si a trueque de ello se me pierde el alma?”
Manuel de la Cueva (La Palma del Condado, Huelva; nació en 1885).
En otro momento, imaginé a todos los hermanos De la Cueva, los once que tuvieron en vuestra tierra mis bisabuelos, desfilando en fila de a uno, marcando el paso, izquierda…izquierda… izquierda, derecha, izquierda… por las calles del pueblo mientras Pepe y Jorge iban ensayando la letra de un nuevo himno de Infantería.
Sin desmerecer a mi padre, ni mucho menos, fue todo un personaje, creo que mi hermano Julio recibió al nacer un baño de genes que venían de esta ciudad. Quiero decir, que si hubiera justicia, su nombre artístico debería haber sido Julio de la Cueva y no Julio Iglesias. La hija mayor de Pepe, Charo de la Cueva, mi madre, fue sin duda la portadora de esos genes. Ella fue la que nos enseñó el sentido estético de la vida y que hoy veo reflejado en este pueblo andaluz.
Yo no sé si poseo alguna virtud, quizás una sola, la de ser leal a mis amigos y disfrutar de la amistad, que no es poco, pero os aseguro que mi estancia aquí me ha hecho más virtuoso, y muy importante, he ganado amigos. Entre los amigos, quiero destacar a los bodegueros, y entre ellos a José Infante, que posee el arte divino y diabólico a la vez de fermentar uno de los mejores brandis que c
onozco. Por cierto, lo tomamos juntos el día de mi escapada y es inmejorable. Y que por arte de magia por un lado, y de tecnología puntera por otro, ha logrado un vino espumoso que compite con el mismísimo Don Perignon de los gabachos.Otro amigo reciente, pero como si lo conociera de toda una vida y por eso lo quiero nombrar, es Juan Jerez. De su mano y acompañados de vuestro concejal Miguel Parra, recorrí los lugares de La Palma que me hicieron recordar como si fuera ayer, los domingos paseando de la mano con mi abuelo Pepe por Madrid después de Misa y las golosinas que nos compraba si nos portábamos bien en la Iglesia. También me hizo avivar mi memoria, mi ya vieja memoria, su labor de investigación sobre mis antepasados, me dejó boquiabierto, sabía bastante más que yo de mi andalucismo.
En definitiva, La Palma y los palmerinos como mi abuelo y su hermano tienen magia, tienen duende, tienen arte. Y sobre todo, tenéis lo más importante que hay que tener y tienen los bien nacidos en esta vida, el respeto por vuestros antepasados y congéneres. En nombre de ellos y como orgulloso descendiente de los De la Cueva y ya palmerino aunque sea adoptado, esto no va a quedar así, os lo prometo.
Dije al principio que llevaría a La Palma como una medalla olímpica. No, lo he pensado mejor, en mis correrías por el mundo llevaré su nombre de un sitio a otro como una antorcha olímpica que brilla su ardor de mano en mano, de boca en boca. ¡Se van a enterar por esos mundos de Dios!
No me quiero ir sin dedicar un piropo a vuestra maravillosa juventud, tan bien representada en este acto por la Reina, María Pinto, y sus bellísimas damas de honor. Juventud buena y guapa, os lo digo yo que soy viejo y experto en estos menesteres. En fin, amigos palmerinos no os quiero aburrir más, he venido a conoceros y me llevo mi alma llena de felicidad después del deber cumplido con el deseo de mi abuelo Pepe y de mi tío Jorge de conocer su cuna. ¡Divertiros, disfrutad, comer y beber! Eso sí, con moderación esto último y feliz Fiesta de la Vendimia 2008.
Un fuerte abrazo y otra vez, mil gracias.
Carlos Iglesias de la Cueva
Quiero concluir esta narración con una especial mención a D. Juan Carlos Lagares Flores, alcalde-presidente de La Palma del Condado; Dña. Rosa Arteaga Manzano, teniente de alcalde y concejal de Asuntos Sociales; Dña. Ana Márquez Gil, concejal de Cultura y a D. Juan Jerez Pichardo de la Concejalía de Cultura por su amabilidad, su atención con la familia y su entera disposición para todo lo que hemos necesitado.
* Algunos de las obras que escribieron miembros de esta familia de escritores son las siguientes:
Un Capitán fanfarrón
Calado hasta las cejas el sombrero,
Y en torno dél tendida a la Valona
Una pluma a manera de corona,
De las que en triunfo dio el cesareo impero.
Sangre lanzando por los ojos fiero,
Un capitán salió, cuya persona
Vió, por nuestra desdicha a Barcelona,
Y conoció en Mastrique un mochilero.
Levantó la jineta, y fue marchando
Su gente en orden, y él con presupuesto
Que la terrestre máquina era poca.
Vió desde lejos el contrario bando;
Y, habiendo de decir lo que hubo en esto…
Sempronio, acude y tápame la boca.
Juan de la Cueva (1550-1606)
Porcia
Porcia, después del famoso Bruto
Supo y creyó la miserable suerte:
“No viva yo sin ti”, con pecho fuerte
Dijo, llorando sobre el casto luto.
“Ved que las armas me escondéis sin fruto,
Gente curiosa en impedir mi muerte,
Que amor me da con que a pagarle acierte
Desta limpieza y desta fe el tributo.”
Tragó las brasas, y aunque allá sintieron
Que las de amor, si amor lo permitiera,
Bastaban a vencer su fuerza esquiva.
Como todas a intento igual vinieron,
Concertáronse, al fin, de tal manera
Que la mataron por dejarla viva.
Francisco de la Cueva (1716)
En la antesala del de Lerma
(Contesta una dueña a una amonestación)
- Pasito, sor ujier, que habla con una
Dama que no consiente tales modos,
Que remonta su alcurnia hasta los godos
Y meció en conocida ilustre cuna.
Si a mis años, voltaria la fortuna,
Cruel me obliga a importunar a todos,
A los veinte, sabed, que tras los lodos
De mis chapines traje al grande Osuna.
Por cierto que os diré que de la rama…
-Calle por Dios, la dueña, que su vida
Harto bien conocemos por la fama,
De redentora, en años adquirida,
Pues a sacrificaros os decidisteis
Y por amor de todos os perecisteis.
Justo de la Cueva (La Palma del Condado, Huelva, 1810-1941).
¡El primer Beso!
¡Los dos a solas! Con medroso acento
- Te querré mientras vivas – me decía.
Y un cielo vislumbré que competía
Con el diáfano azul del firmamento.
Esclavo de mi causa el pensamiento,
Gobernaba del mundo la armonía,
La envidiable emoción de la alegría
Y el continuo activar del sentimiento.
En necia ofuscación, la mente loca,
Soñar me hizo en su infernal acceso,
El dios mundano que a su Dios provoca;
Y un instante fui rey de todo eso
Al juntar yo mi boca con su boca
Y al saltar como chispa ¡el primer beso!
Julio de la Cueva (Nació en 1810)
En cualquier piedra de Marruecos
Aquí España llegó, fiel a su Historia;
Esa vieja nodriza de naciones
Quiso traer a bárbaras regiones
Luminosos destellos de su gloria.
Cada piedra es jalón, hito y memoria,
Como tumba y altar de sus legiones,
Y aquí alcanzaron fuertes corazones
Las palmas del martirio y la victoria.
Aquí España llegó, su paso fuerte,
Imperial compañero de la muerte,
Dejó huella perenne y redentora;
Una Cruz, un laurel, y consagrado
Este pedazo de la tierra mora
Hoy con sangre española bautizado.
Jorge y José de la Cueva (La Palma del Condado, Huelva; nacieron en 1884 y 1887, respectivamente).
Renunciación
Quiero vivir modesto, sin honores,
Libre de la ambición el alma mía;
Conforme con el pan de cada día
Que no tiene sabor de sin sabores.
Quiero morir tranquilo, sin temores,
Puestos en Dios mi anhelo y mi alegría.
Que sólo el hombre que en el cielo fía
Alcanza de él consuelos y favores.
En sólo amar a Dios quiero ocuparme;
En su divino amor, mi dicha fundo;
Quiero de lo terreno desligarme.
Aspiro sólo a la divina calma;
Pues, “¿Qué lograra con ganar el mundo,
Si a trueque de ello se me pierde el alma?”
Manuel de la Cueva (La Palma del Condado, Huelva; nació en 1885).



1 comentario:
Hace unos dias tuve la posibilidad de compartir con Julio en chile, ya que mi padre nacido en Nerva muy cerca del pueblo de La palma del Condado, mi padre siempre nos comentaba que julio era nieto de Jose de la Cueva, a quien conocio en sus años mozos, ya que iban de caceria, bueno quise comentartelo ya que los sentimientos de nuestras raices traspasan fronteras, espero algun dia poder conocerte a ti tambien, os dejo mi email si puedes en algun momento me cuentas algo mas de tus ancestros andaluces como los mios,
un cariñoso saludo
nemesio toribio tamayo
Fundacion Emigran&Chile
Presidente
fundacionemigran@yahoo.es
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