domingo, 23 de noviembre de 2008

Una de Religión

Qué sorpresa al leer el periódico, tanta ha sido mi indignación que no me he podido resistir a desgranar (quien quiera leer “despellejar”, “poner a parir”, etc. que lo haga, ya que con “desgranar” he querido ser un poco fino) la verdad de todo esto. La noticia es la siguiente: Una sentencia obliga a un colegio de Valladolid a quitar los crucifijos de las aulas. Muy manía la noticia, lo sé, pero lo asombroso es el razonamiento del Juez. Habla de que un crucifijo viola derechos fundamentales, ¿Desde cuándo Jesucristo, que no la Iglesia, violó con sus enseñanzas o actuaciones derechos fundamentales? Si no lo hizo Él, no lo puede hacer su recuerdo. Claro que aquí entraríamos en el debate de la múltiple utilización que los humanos le hemos dado a ese símbolo. Pero polémicas aparte, en puridad, y apartándonos de cualquier atisbo de confesionalidad, un crucifijo forma parte de la tradición de un país que tiene su historia imbuida de la influencia religiosa que se dio en su territorio desde tiempos inmemoriales. Es decir, que si no lo quieren ver como símbolo religioso, véanlo como símbolo y elemento de nuestra cultura. Interiorícenlo como les plazca pero no lo quiten.

Como bien sabemos los que estudiamos leyes, existe la discriminación positiva, que es aquella que se encarga de ensalzar lo marginado para hacerlo normal y aceptado. Este es el criterio que aplica el Juez, que aún lejos de conocerlo personalmente, seguro que es “progre”. Y lo aplica fundamentándolo mal. Se basa en el artículo 14 de la Constitución que rechaza la discriminación por religión y en el 16 que habla de garantizar la libertad religiosa asegurando que ninguna confesión tendrá carácter estatal, salvando las relaciones de especial cooperación con la Iglesia Católica. Con el tenor literal de estos dos artículos sobre la mesa ¿díganme que hay de malo en que en un aula haya un crucifijo? No es por pensar mal, pero tengo mi teoría. La noticia aparece en la prensa escrita compartiendo cartel con la que informa que los jueces están hasta los cojones de las injerencias del Ejecutivo en su trabajo, porque para algo son independientes. Pero como en todo, la corrupción planea también sobre el poder judicial y basta que haya uno más desahogado de la cuenta, liberal y con pocos escrúpulos para que el Gobierno le presione y éste dicte una sentencia en los términos que el Ejecutivo desea. La discriminación positiva, así le llaman sabiendo perfectamente que ellos no aplican eso, y que cada vez nos alejamos más de la democracia. Viajamos hacia un absolutismo y no precisamente monárquico. Digo absolutismo por no decir dictadura. Una de esas a medida, donde es imposible pensar otra cosa diferente a la impuesta, donde el rencor y el odio que desde la guerra padecen, se manifiesten con toda su crudeza. Pero en fin, volvamos al colegio.

¿Cómo explicamos Historia de España si pensamos ocultar, que no mentir (ellos nunca mienten), gran parte de nuestra historia que precisamente es la Iglesia? ¿Qué contenido ponemos en su lugar? Si quitamos casi todo y no lo sustituimos por nada, la Historia se termina de explicar en dos días. Es de primeras luces reconocer que la sociedad española, se quiera o no, se encuentra profundamente influida por la Iglesia, si no, a qué vienen tantas Parroquias y Capillas, Hermandades, Cofradías, Imágenes, etc. La Iglesia Católica ha marcado el curso de nuestra historia como nación y también nuestra historia social. ¿La omitimos? ¿Se merece eso la Iglesia después de darle de comer a millones de hambrientos, mantener cientos de colegios, y en definitiva, después de prestarle una ayuda al gobierno que sin ella, él solo se vería incapaz de gestionar? La Iglesia le ahorra muchísimo dinero al Estado, eso poca gente lo sabe.

La Historia es la que es y no otra, por mucho que Comunistas y Socialistas con gran complejo de existencia, quieran cambiarla. La discriminación positiva que se ha aplicado en esta polémica sentencia es un principio jurídico al igual que el conflicto de intereses que se resuelve siempre a favor de la mayoría y no al revés como pretende el señor Juez. ¿Desde cuándo la sociedad española es otra cosa y no Católica? Lo siento, no me he enterado, disculpen, no estoy informado de la realidad social de mí país, por eso no se sacan Cristos y Vírgenes un día sí y el otro también, por eso en España no hay parroquias, no las hay porque aquí, en la tierra de María Santísima, mire usted por donde, no somos más que una panda de desagradecidos, desalmados… si, y ¿por qué no? Hijos de mala madre, que a menudo no merecemos lo que tenemos. ¡Qué desgracia!

Aquí hay crucifijos porque para algo el artículo 16 antes mencionado, habla de “relaciones de especial cooperación con la Iglesia Católica”, y quien quiera es libre de escoger otro colegio para su querido hijo. Para lo que no va a ser libre es para venir a tocarle las pelotas a los católicos, que no siendo santos, no están dispuestos a pasar por alto cosas como ésta, ni tampoco a los estudiantes de leyes que ven como la interpretación de dos artículos se realiza de manera abusiva. Usted es libre de hacer lo que le venga en ganas, todo menos dar por culo, porque en este país eso se llama cuestión de Orden Público, aunque en estos ocho años se haya levantado un poco la mano e incluso se anime a vulnerarlo. Si no le gusta el crucifijo encima de la pizarra, busque otro donde cuelguen su cara (porque decir que pongan la de Su Majestad es demasiado, sería tachado de carca, facha y demás cosas que no soy) y así su hijito se acuerda de usted todo el santo día. Será por variedad de educación… busque uno a su medida pero no pretenda obligar a la mayoría a su antojo buscando un juez que comulgue con su ideología.

sábado, 1 de noviembre de 2008

La Amistad

No se equivoquen, está de moda. Todo el mundo la practica a ultranza. Todos son íntimos amigos de todos. La gente se adora y no tiene reparos en manifestarlo, en regalarse el oído constantemente. Todo el mundo es feliz o cree serlo. Se intenta vivir al máximo evitando cualquier tipo de problemas porque, a menudo, nadie tiene la suficiente madurez y entereza para afrontarlos.

La gente de entre 17 y 25 años y en cuanto a la amistad, vive en un mundo frágil, muy frágil, en el que la falsedad campea a sus anchas y lo peor de todo es que, es conocido por la gran mayoría que es así. Un mundo frágil que se sostiene por la ineptitud de muchos para afrontar las consecuencias de una verdad soterrada, conocida, pero evitada por no crear polémicas, por seguir en una convivencia pacífica y falsa. No somos capaces hoy de enfrentarnos a una verdad objetiva.

Hagan la prueba en una conversación, pregunten por personas concretas a alguien, suele darse siempre la misma respuesta, se conocen de toda la vida hasta que indagas y descubres que apenas los presentaron hace 48 horas. Pero se permite, no molesta esto, es más, agrada ser conocido por media sociedad aunque sólo sea por unas horas y se manifieste como de toda la vida. Pero ojala todo fuera esto. La cosa no se queda ahí. Si ahora preguntamos si se consideran buenos amigos, el 99’9% de los preguntados no sólo afirmarán sino que se sentirán ofendidos por la duda que lleva aparejada la pregunta. Es cierto, si la amistad consiste en escribir mensajes de móvil a tus amigos, pensar siempre en pasarlo bien (con ellos, por supuesto, los amigos no son egoístas), repetir una y mil veces lo que los quieres, lo bien que hacen las cosas, lo maravillosos que son… qué quieren que les diga, no es que sean osados al manifestar que son muy buenos amigos, es que realmente lo son. Y no se engañen, no sólo se lo creen sino que además presumen de ello en público, y lo peor de todo, son felices tanto los que dan como los que reciben. Asombra muchas veces la simpleza intelectual de algunos. ¿Piensan que una relación así supera cualquier contratiempo?, la amistad no es eso.

Un buen amigo, de esos de verdad, es aquel que prefiere la calidad a la cantidad, que es objetivo ante las cosas y las situaciones, justo para dedicarle a cada persona su tiempo y para exigirle a cada uno hasta donde sabe que puede dar y no más, entregado al máximo porque piense que darse a los demás a medio gas es una perdida de tiempo, desinteresado para no pedir nada a cambio, humilde para no merecer unas “gracias” de alguien por el que ha hecho algo, preocupado para estar en todo momento informado sobre las cosas de cada uno, sincero para aconsejar lo que crea conveniente aún sin coincidir con lo que se quiere oír, halagador en su justa medida para regalar el oído en lo preciso y sin excederse, responsable para saber cuando se falla y reconocerlo con sentimiento de culpa, rápido para prestar su ayuda cuando intuya que se le necesita, despierto para adivinar, sin que nadie se lo diga, que una persona lo pasa mal, sensible para saber resolver los problemas de los demás aunque para él carezcan de entidad, comprometido para hacer saber sin grandes confesiones que cuentas con él, divertido para hacerte reír cuando más lo necesitas, en definitiva, uno de esos que tardan en olvidarse cuando se pierden, de los que en las despedidas siempre están alegres aunque sea a ellos a los que más les cueste, de esos que siempre supera cualquier despellejamiento en canal que sale de lenguas y mentes envenenadas de envidia y rencor hacia lo que es casi perfecto a la luz de todos, de esos a los que, a los halagos de extraordinaria persona siempre responde con un “como todos los demás”, de esos para los que la distancia no es un problema para dejarse sentir tanto como si estuvieran a tu lado, de esos que disfrutan más dando que recibiendo y ponen en ello toda su voluntad aunque a veces fallen, de esos para los que la palabra “imposible” no existe poniendo en cada cosa toda su ilusión, fuerza y empeño, de esos en los que el esfuerzo y el sufrimiento no se manifiestan aunque se viva con ellos, de esos que saben perdonar si el fallo es reconocido, de esos que sabes de ellos en el momento preciso en el que piensas lo que lo echas de menos, de esos desprendidos que se pasan el día pensando en los demás para hacerlos felices, de esos que sacan tiempo de donde no existe cuando les pides una cosa, de esos que saben valorar cada detalle por mínimo que sea, de esos que son muy difíciles de encontrar y fáciles de perder si no los cuidas…

No se engañen, estos, tan fantásticos como parecen, serán unos fracasados. Porque aunque les cueste un lustro manifestarlo, ellos también necesitan sentirse queridos, necesitan un mínimo de entrega, dedicación y cariño, de vez en cuando algún tipo de reconocimiento a tanto por nada, aunque cuando lo reciban se sonrojen y todo esfuerzo sea negado o equiparado a lo normal. En definitiva, una simple sonrisa, un beso, un abrazo, algo que les de fuerzas para seguir siendo como son. Hablando claro, salen demasiado baratos a una sociedad que para ellos es demasiado cara y que no paga nada bien. Son frecuentes los desaires, olvidos e ignorancia, son muchas las personas desagradecidas. Como todos saben que cuando algo les pase, siempre van a encontrar a alguno de ellos dispuesto a entregarse al máximo, mientras no les hagan falta… “si te he visto, no me acuerdo”, y cuando todo va mal “aayyy cuánto te quiero perrito…”, si, si, pero luego “…pan poquito”. Así de falsa y de interesada es la gente.

Un gran amigo, que ahora trabaja en Pamplona, me hizo una vez reflexionar en un punto en el que yo no me había parado con la frase “un buen amigo no es sólo el que está en los malos momentos, sino también el que celebra los buenos contigo sin envidias”. Y lleva toda la razón, a este tipo de personas siempre se recurre cuando se les necesita, pero no se les llama para lo bueno, que de seguido, por supuesto que cumplirían con ningún tipo de envidias.

En esta sociedad siempre salen ganando los mismos. Pero no se olviden que estos ganan gracias al sacrificio de las grandes personas que desgraciadamente pierden. Aquí encajaría perfectamente el famoso “nunca tantos debieron tanto a tan pocos” de Churchill. No sé ustedes, pero mientras algunos se dejan la piel por estar en la cresta de la ola de la popularidad sin importarles a quién aplastan, yo sueño con poder algún día parecerme en algo al tipo de amigo descrito, que a la larga son los que terminan teniendo amigos de verdad.