martes, 1 de diciembre de 2009

Contome un joven mozo de la época

Sabed vuestra merced que poco ha cambiado el mundo desde que en la España del Cuarto Felipe—aquella en la que el sol no lograba ponerse y al resguardo de su sombra, galantes hijosdalgos o quizás de nada pues la mayoría eran prestos en el arte del fanfarroneo, cortejaban a numerosas damas, que complacidas entre cortinillas de carruajes y golpes de abanico, provenían tanto de las casas de la alta nobleza como de esas otras en las que el juego, la bebida y el contoneo de tusonas de ley eran el pan nuestro de cada día—yo era mozo de buena planta, servía, junto a mi padre, a Su Majestad el Rey nuestro Señor con fidelidad y me enamoré, como casi todos en esta España tan de apariencias y de clases, de quien me sería imposible cortejar en mi acomodada vida.

Nada ha cambiado buen amigo y valedor mío en estas líneas. Las damas, que por aquel entonces igual que ahora, conocían al detalle, aunque recatadas en sus modos, las argucias necesarias para mantener tras de sí a un puñado de jóvenes de buena planta y posición, no dudaban en hacerse valer hasta encontrar y conseguir al ingenuo galán de mayor postín que les hiciera venir a más a cambio de unos cuantos contoneos de caderas, líos de faldas, lances amorosos y trasnochadas vivencias que se avivaban en los mentideros de entonces, ahuecándose las desdichadas con estilo cuando el truhán en cuestión quería pasar a mayores. Gran era la astucia de éstas para robar el corazón al más pintado de la Corte. Nadie en aquella época arrendaba las ganancias al que fuera mirado por esos ojos tan bellos como la más preciada flor y tan venenosos cual serpiente o el mismo Diablo. Todos los que atraídos por el cebo, terminaban en los brazos de una de estas damas, concluían la historia aquejado su corazón de mal de amores que tardaba en cicatrizar semanas, incluso meses. El embelesamiento que causaban estas ninfas a medio camino entre las postas del Cielo y el Infierno, consistía en agrio mejunje de simpatía, cariño sin igual, besos a diestro y siniestro, exigencias no tan por lo menudo, contrariedades, suspicacias y demás trances que hacían perder la cabeza al más cuerdo. Ya me entiende vuestra merced, que si así porque así y que si ahora no por lo contrario. Y mientras tanto, importándole a ellas un ardite que nos estrujáramos el seso en procura de su complacencia.

Como conoce bien vuestra merced, yo, como alguno que otro por aquel entonces, aunque confieso que en lo que a mí respecta, sólo muy de vez en cuando, por no hacer menguar mi salud, que en aquellos tiempos había venido a más, entregué el corazón y mi pérdida de cabeza a una dama de buen ver, de rasgos finos y discretos, de esas de voz queda a la media luz del farolillo de un zaguán. Le fíe mi vida y al poco tiempo, tras hacer con ella lo que convino a su persona, me la repuso maltrecha, tras infinidad de reproches, alguno que otro fundado en sabe Dios qué falacia, mas empeño y resignación puse al intentar devolver las aguas a su cauce. Voto a Dios que lo hice con lo que quedome de dignidad a aquellas alturas, sin que tuviese, la susodicha, a bien comprender aquel trance, e importole todo aquello lo que al corchete de la esquina del mentidero; nada.

No supe, por aquel entonces, y lo relato a vos, fiándole a voz queda confidencias de mi pasado que aún hoy deben guardarse bajo llave, de la relación de aquella con el Santo Oficio, mas por lo menudo, pasado un tiempo, me confirmaron que era familiar del temido Tribunal de la Inquisición, del que todo el mundo se mantenía distante y la cabeza gacha por miedo a su potro de tortura. Así alcancé a explicarme, a suceso ocurrido, los indeseables encuentros que tenían costumbre de concluir en refriegas de toledanas y vizcaínas rechinando en la quietud, oscuridad y silencio de las noches, e incluso, más de una vez, apurado por la salvaguarda de lo único que por aquel entonces me quedaba en propiedad, la vida era lo único que no me arrebataron aquellos ojos, tuve que acogerme a sagrado para evitar a sus malévolos miembros, los cuales conocían todo de mí.

A fin de cuentas, aún hoy no sé que ganó aquella dama con mi compañía, mas bien sé lo que perdí yo con la suya. Comprome el corazón con falsos escudos y reales que le sobraron en el momento y, al trueque final, mi dignidad quedose arrastrada, mi sentimiento endurecido cual piedra llana de camino polvoriento y el corazón en un puño, herido y desarmado, por no hablar de mi bolsillo, que quedó menguado en demasía, no sabe vuestra merced hasta qué términos.

Nada pude esperar, tras llegar todo a su fin, de aquella dama, de la que nada supe hasta pasado un tiempo, que según dijo cuando volvió a hallarme, encontrome curado de espanto y aliviado del sufrimiento que me afligió sin ápice de compasión. Nada quedaba en mí de la que culpome de todo y de nada tan elegante y sutilmente. No he vuelto a verla desde entonces, sólo en mi memoria queda lo que de bueno me dio por lo menudo, y lo demás, lo llevose aquel Tribunal para su deleite y regocijo pues vencieron la batalla. El escaso e indeleble recuerdo permanecerá en mi cabeza, recuperada ya su cordura, hasta que, de nuevo se pierda tras las faldas de sólo Dios sabe que dama.

Pidiome vuestra merced le relatara alguno de los lances amorosos de mi juventud, por si relación alguna tuviera con los suyos en esta otra España en la que le ha tocado lidiar y sobrevivir. En procura de su certeza amatoria.

Su fiel y leal amigo.
Principios del Estío del trigésimo cuarto de Su Majestad el Rey nuestro Señor.

domingo, 1 de noviembre de 2009

A propósito de la Educación

Después de la polémica que en los últimos tiempos venía suscitando la educación de los alumnos en los centros escolares, y en definitiva, la educación de la sociedad española, pues es esta la que se cuestiona su conveniencia, ya que si los padres de los alumnos son mal educados, o lo que es peor, ineducados, sus hijos serán fiel reflejo de esa buena, mala o regular forma de educar. Y aún más ha recobrado fuerza esta polémica con el debate y la efectiva implantación en la Comunidad de Madrid de la consideración del profesorado como autoridad pública, lo que los convierte en sujetos con capacidad suficiente para ejercer ciertas potestades y su amparo jurisdiccional privilegiado.

Si se trata de posicionarse, no hay mejor ejemplo visual que el reality de televisión por el que ha apostado Antena 3 para sacarnos de dudas. “El Curso del 63” revive a modo de Gran Hermano, la experiencia de un grupo de alumnos de hoy en un internado de aquella época. Lo primero que se advierte en este formato televisivo es la radical oposición entre los métodos educativos de entonces y los alumnos actuales. Si a ello le añadimos la continua protesta de los alumnos por cualquier motivo, las faltas de educación y comportamiento constantes, además de una intrínseca mala lengua habitual, entenderemos fácilmente que eran más eficaces los métodos de entonces. Llegados a este punto conviene preguntarse lo siguiente: ¿Qué ha cambiado?, ¿Qué diferencia a un método de otro?

Pues la respuesta es bien sencilla. La educación ha progresado en cierta línea debido a las reformas que han introducido las corrientes políticas progresistas, socialistas o como quieran llamarlas, amén de la incorporación de las nuevas tecnologías que sí hacían falta. Estas corrientes progresistas han posibilitado una igualdad entre alumno y profesor, cosa que “per se”, por lo que implica la posición de cada uno, es materialmente imposible. Los medios para la consecución de este objetivo han sido determinantes: el tuteo al profesor, que ha propiciado las faltas de respeto y a largo plazo, la falta de autoridad que ahora se pretende recobrar a toda costa al ser conscientes del fracaso de la medida. Pero no nos engañemos, todo esto tiene su origen en la despreocupación de los padres, en el ambiente familiar, por la educación de sus hijos, pues no olvidemos que a los colegios e institutos se va a adquirir conocimientos, no a enseñar modales y comportamiento básicos, que a los alumnos se les presupone. Si bien, es necesario advertir que en condiciones normales, que son las más y no las menos, el comportamiento de los alumnos españoles es satisfactorio, pero el deber de la Administración del Estado es el de atajar cualquier tipo de vejación y violación del honor de todo funcionario de la enseñanza española.

De otro lado, y también en íntima relación con la educación personal, hay que hacer mención a la polémica que el Gobierno ha creado con su proyecto de ley para la regulación del aborto. Debo decir que si bien, estoy en contra de la medida gubernamental, el origen de la misma no radica en el Gobierno y como es lógico, lo que mal empieza, mal acaba y aún más si es este Ejecutivo el que se encarga de poner la guinda al pastel.

En honor a la justicia, hay que eximir al Gobierno de gran parte de la responsabilidad. Sí, han leído bien. Zapatero y su equipo sólo se han encargado de regular una situación que comienza a ser habitual en las clínicas y hospitales y a la cual había que darle espacio legislativo, no por nada, sino porque lo que está en juego son vidas humanas, protegidas constitucionalmente en 1978.

A partir de aquí, hay que ahondar en el por qué de esa habitualidad abortiva. Abordando la cuestión desde un punto de vista Cristiano-Católico, como no puede ser de otra manera, advertir que la sociedad en la que vivimos, con su consustancial pérdida de valores, está entregada a la consecución inmediata de todo aquello que produzca satisfacción y placer. Es por ello que han desvinculado el hecho de tener relaciones sexuales de su fin último y exclusivo: la concepción de una persona. Efectivamente, hoy en día la sociedad ha olvidado que las relaciones sexuales se mantienen dentro del matrimonio por un acto de amor y entrega a la persona que quieres para concebir otra. Esto es lo que postula la Iglesia Católica, que evidentemente, proscribe el uso de preservativos en las mencionadas relaciones. Se presupone que si tienes relaciones sexuales es porque deseas tener un hijo, pues es su único fin. En esta afirmación se excluyen por tanto los preservativos, los abortos y las relaciones sexuales que sólo buscan el placer momentáneo fuera del matrimonio.

La mayor parte de los abortos practicados se realizan a madres que no desean tener ese hijo, pero sin embargo, no se han privado de esa relación íntima con una persona que quizás sólo conocen de una noche y de la que no ha vuelto a tener noticias. O quizás, proviene de esos novios irresponsables que por adelantarse a los hechos, ahora son incapaces, por inmaduros, de hacerse cargo de un bebé. En definitiva, que en esta sociedad, la gente es muy apta y madura para divertirse, pero a la hora de asumir las consecuencias, son perfectos niños chicos imposibilitados para ser dueños de sus actos. Es por esto por lo que, ante el trauma de verse con un bebé al que no pueden mantener, en vez de privarse consciente y responsablemente de mantener relaciones sexuales, acuden rápidamente a una solución que sea intermedia, que no los prive del placer de una relación sexual pero que tampoco lleve aparejada traer un niño al mundo. Esa solución descafeinada, pues no pasa por asumir las consecuencias ni por el sacrificio de la abstinencia, se llama aborto, se llama preservativo y se llama píldora del día después.

Todos estos métodos están a disposición de la gente para el relajado disfrute de sus relaciones sexuales, sin que perturbe la conciencia de nadie la preocupación que implica traer al mundo a otra persona. No hay que olvidar que las relaciones sexuales no son otra cosa que un medio para la vida y que por tanto, todo método que obstaculice o anule el proceso natural atenta contra la vida. Por esta última afirmación, estoy de acuerdo con la regulación legal del aborto. A favor sí, pero en contra del contenido que a esa regulación le ha otorgado el Gobierno. Apuesto por una regulación más amplia que incluya la penalización de todo método anticonceptivo, incluyendo por supuesto, el mismo aborto como una variante de asesinato, sólo exento de pena alguna en casos muy concretos como el de violación. Y evidentemente, desterrando cualquier tipo de plazo para su comisión, pues vida hay desde el momento de la consumación de la relación sexual. Hablando claro, que si no quieres un niño, no te acuestes con nadie porque toda solución posterior contra esa criatura es asesinato.

Ahora la gente se escandaliza por la medida del Gobierno, que tampoco debe sorprender el alcance de la misma ¿Acaso desde que Zapatero es el Presidente del Gobierno se ha hecho algo bien? No entiendo por qué tanta sorpresa. Y consecuencia de ese escándalo generalizado que no comprendo, se convocan manifestaciones y actos varios, que tampoco entiendo su extemporaneidad y sentido, puesto que seguro que más de uno de esos manifestantes han tenido relaciones extramatrimoniales excluyendo de las mismas el fin procreador último, y además, porque dicha ley del aborto ya está en trámite parlamentario.

En definitiva, que el Gobierno, para variar, lo ha hecho rematadamente mal es evidente, pero ¿acaso no se busca culpabilizar al gobierno de la mala regulación de un hecho, que no haría falta regular si todos en nuestra intimidad fuéramos más responsables y controláramos a nuestros hijos debidamente? Da la impresión que se intenta escurrir el bulto en un tema al que no alcanza la función de policía de la Administración por pertenecer a nuestra esfera íntima. Hay que tener en cuenta que responsable en esta vida se es o no se es, pero no se puede imponer la responsabilidad coactivamente. Lo único que puede estar amparado en nuestro Derecho es la respuesta a un hecho culpable, no la conveniencia o no de su comisión, pues entra dentro del juicio responsable de cada persona.

jueves, 1 de octubre de 2009

MONÓLOGO: Los Sevillanos y similares individuos en su hábitat natural

Está visto y comprobado que los sevillanos, y en general, la gente del Sur, están hechos de otra pasta, y no precisamente de la de los toreros, que hay mucho cagueta por ahí suelto. Es otra forma de entender la vida que asombra a todo el que se fija en ellos. Para demostraros que esto es verdad y que no me estoy quedando con vosotros, voy a poneros algunos ejemplos.

Siempre dicen por ahí—sobre todo los de Madrid—que aquí se trabaja muy poco, a lo que respondo lo mismo cada vez que tengo ocasión: No es que se trabaje poco, es que aquí las distancias son más cortas y hay más tiempo para descansar… pero parándome a pensar… lo de Sevilla es un cachondeo constante. Venimos de estar un mes en la playa, bueno, vamos a dejarlo en quince días por aquello de la crisis, mejor en un fin de semana largo… que estoy pensando en lo soplao que están algunos, bueno, mañana compramos la piscina en Leroy Merlín y la colocamos en la azotea. La cosa es, que terminamos el verano, y que si la Feria de San Miguel, el puente de todos los Santos, la Inmaculada, la Navidad, el puente de Andalucía, la Semana Santa, la Feria de Abril, San Fernando, que con un poco de suerte también es puente… y ya estamos otra vez metidos en la piscina cutre de Leroy Merlín tomando el sol en la azotea… vamos, que trabajamos menos que los de la Banda de la Maestranza esta Feria pasada… ¡ojú! niño que toros más malos… La verdad es, que si aquí trabaja alguien, lo disimula muy bien.

Ahora se ha puesto de moda eso de irse de Erasmus… eso ya es el colmo de la flojera. El que se va, para convencer a los padres, les dice: Mira mamá, papá, que si el idioma, que si así vuelvo más espabilado… la madre, a todo esto, mira al padre con cara de horror: ¿Más espabilado todavía por Dios? No se puede tener ya más poca vergüenza… el niño, el único idioma que va a traer aprendido va a ser el internacional que todo el mundo conoce… ese que se practica con la lengua, bueno, y también con otras cosas… pero vamos a no ser mal pensados… porque si da con una compañera de piso medio monja, ahí no hay nada que hacer—y no porque la niña no tenga una fácil apertura de piernas, todo lo contrario, seguramente esté desesperada, sino porque… ¿conocéis la definición de monja, no? Que se casan con Dios porque no hay dios que se case con ellas—, vamos que como le toque una de esas, no feas, sino horrorosas… va a traer el niño el idioma de la tierra aprendido de maravilla, las asignaturas que se lleve aprobadas con matricula… pero… ¡ay! de aquél que le pille una golfa… va a estar de cama en cama y tiro por que me toca. Para estas cosas nunca nos vence la pereza. ¡Ay que ver cómo somos, siempre pensando en lo mismo!

También están los que se van a estudiar la carrera a Madrid o a otros lugares. Esos sí que son flojos. Vas a visitar su piso y la parte más limpia es siempre la cocina. Si extrañado le preguntas ¿Oye tu qué comes? Te responde: Los lunes filete de pechuga de pollo a la plancha con ensalada… ¿qué le pones a la ensalada? La mía es básica: lechuga. Los martes pechuga de pollo a la plancha con zanahoria, los miércoles, pechuga de pollo a la plancha con mahonesa… y así sucesivamente con platos de poca complicación, para no quebrarse mucho la cabeza. Y ¡eh! mucho cuidado, que eso es cuando el tío ya está puesto en el arte culinario… que cuando llegó a Madrid, el primer día le dijo al camarero del Vip’s: Por favor, unos nachos y una coca cola. Ahora ya la cosa varía: Wilson de Andrés, pórtate bien y ponme lo de siempre anda… Pero no os creáis que sólo son flojos para cocinar… ya hasta para divertirse: Oye tío, mañana podemos organizar unas copas en tu casa, que he conocido unas niñas que están como un tren de mercancías… a lo que el dueño de la casa responde siempre con un “No” rotundo, siendo variado el abanico de excusas: que si los vecinos, que el portero protesta porque siempre terminan rompiendo las lámparas y floreros de las zonas comunes… pero la realidad sólo es una: Déjate de cachondeo que si las doy, me tengo que pegar todo el día de mañana limpiando el piso. Y esto, en los casos más higiénicos… que hay otros que pueden llegar a convivir con la mierda unos cuántos días.

¿Sabéis? Una de las cosas buenas que tiene el sevillano es su optimismo por naturaleza. Yo creo que debe ser el clima, que hace subir la autoestima de la gente, porque hay algunos que con esa cara que tienen no “pillan” por la noche ni aunque vayan a Lourdes de rodillas. Vamos, que no se les arregla la cara ni en Corporación Dermoestética. Una de estas noches, que venía yo de una fiesta, perfectamente vestido—elegantísimo con mi smoking, camisa de piqué blanco inmaculado y botonadura heredada de antepasados—a eso de las cuatro de la mañana, entramos unos cuantos en una famosa discoteca del comienzo de la calle Betis. Era de esas veces que tú entras sabiendo que todo el mundo te mira, se te acercan porque te creen poderoso, etc., pero a uno de los que venían conmigo, que yo conocía de bien poco, no lo miraba ni la Caridad. Siempre dicen en los documentales de la 2 de Televisión española—aparte de ponerte, después de comer, el apareamiento del escarabajo pelotero, que no veas cómo se duerme, levantándote a las ocho de la tarde con una karaja que no te sostienes—que el hombre proviene del mono… y la gente se queda dudando demasiado… pero un día os voy a presentar a este hombre que os digo… desaparece cualquier tipo de duda sobre nuestra ascendencia. Provenimos del mono seguro… aunque unos más que otros.

El caso es, que esa noche, este hombre tuvo todas las tías que quiso y más a su alcance. Las espantó a todas. También tuvo toda clase de reservados, botellas gratis, copas, etc.… y ni por esas se le acercaba ni la interesada de turno. El tiempo pasó casi sin darnos cuenta y al abandonar la discoteca, que éramos los últimos, lo vimos hablando con una limpiadora que hacía lo propio con la fregona: Oye guapa… si quieres te ayudo… Para que os hagáis una idea: Unos cincuenta y pico de años, más de campo que un olivo, con un diente de metal, más los que tenía mellados y unos noventa kilos de peso. ¡Lo que hace el alcohol, qué barbaridad!

Es cierto, que los sevillanos, salvo cuando van buscando lo que van buscando, son muy enamoradizos, les pegas un revolcón sin consecuencias y a la mañana siguiente están haciendo cola en el despacho parroquial para hablar con el cura de los preparativos de la boda. Después de conocer tantos líos de faldas, puedo contar algunas situaciones graciosas que he conocido. Uno que yo conozco, no iba nunca con su madre a ningún lado, hasta que un día no tuvo más remedio que acompañarla al supermercado. La madre no salía de su asombro, desde aquél día su hijo la acompañaba todas las semanas, y cuando se trataba de un encarguito tonto, lo hacía él también. Pues pasó lo del príncipe con la reina—cuando se iba a ver el telediario de las tres de la tarde ante la extrañeza de la reina—. El niño se había ido a enamorar de la cajera del Carrefour. Tal era la obsesión que como su caja estuviera cerrada, se pasaba toda la tarde dando vueltas por las calles del Hipermercado hasta que estuviera su cajera en su puesto, que si la charcutería, la pescadería, los frutos secos, la bebida, el papel higiénico, el Tena Lady, el Hemoal, el Algasiv… si, si, ríanse… pero no hay cosa más vergonzosa que ir por la calle con un paquete de los de a doce de papel higiénico. Sólo puede significar una cosa: que te pasas el día con la correa al cuello cagándote por puertas y ventanas y has ido a abastecerte cuando los chícharos de la madre de tu novia—que te los puso para que dejaras a su hija—te han dado una tregua. Vamos, que desde que te lo puso “pasas las noches enteras moliendo café”… ya hasta has decidido llevarte la almohada, que si la colocas sobre la cisterna… para unas cuantas cabezaditas da la postura. Como será que, desde el cuarto de baño, que da al patio interior de la casa, oyes, cuando te metes en faena, los cerrojazos de las ventanas y alguna que otra vez un “Niño hijoooo ya te vale”. Bueno, el caso es, que el niño del Carrefour se terminó conociendo tan bien el establecimiento, que ahora lo han contratado para repartir información con un par de patines, y que si el día ha ido bien, sólo se ha llevado por delante a media docena de viejas.

Pero hablando de obsesiones amorosas y dejando las guarradas a un lado, donde se encuentran las peores es en el Tuenti. Nada más perjudicial que el Tuenti para un enamorado que lo han mandado a paseo. Conectado de diez en diez minutos, examina todos los comentarios de la novia buscando el rastro de las respuestas, no sólo ve las fotos que antes también se descargaba—sólo Dios sabe para qué—y que ahora ya no puede porque la novia lo ha restringido, sino que también examina todos los comentarios en fotos, analiza el perfil de los nuevos personajillos desconocidos, examina los gestos, las actitudes de ella en las fotos, las visitas del perfil… 987678867. ¡Coño! ¿Quién es el mamón que le manda privaditos y que no lo tengo fichado? Porque joe, que mi novia es guapa… pero tampoco es Adriana Lima para tener tantas visitas en tan poco tiempo. Pero todo esto es en Internet y resta lo que de sin igual tienen los sevillanos en vivo y en directo.

Porque si hablamos de los sevillanos en primavera, ahí es donde se cumplen todos los tópicos: Esto es lo más grande del mundo, aquí hasta que el cuerpo aguante, que no nos falte de na’… etc. Y la verdad es que en Semana Santa y en Feria se ven cosas que no se ven en ningún lado. Dónde me dejas tú a esos padres, llevando a altas horas de la madrugada, a esos niños, los pobrecitos, muertos de sueño en sus carritos a ver cofradías. Eso sí… muy tapaditos para que no se enfríen… pero la paliza que les pegan en las bullas y la de tobillos que destrozan con los carritos es para verlo y padecerlo. Pero aquí está el sevillano para inventar… ¿Qué hay crisis? Si hombre… eso no va conmigo. Eso es lo que pensaba aquel, que tras acercarse una señora para ver al niño que llevaba en el carrito y decirle eso de “ayyyy qué mono”, al destaparlo un poco, encontró la pezuña del cochino en vez de una cara angelical, y que si seguía tirando de la manta… aparecían los taper con la tortilla, la ensaladilla, el morcón, los bocadillos… la crisis, la crisis… que está todo muy caro en Semana Santa como para cenar con mesa y mantel. No se dejen engañar, que de noche nada es lo que parece.

La crisis fue lo que hizo que un señor de unos cuarenta años, síndrome de down, tuviera que tomarse para cenar, un bocadillo que traía de su casa con un cerveza en un bar, antes de ver la Entrada de su Cofradía favorita, según nos contó. Esa entrada, y hablando siempre en cuestiones de esfuerzo, porque estéticamente es una maravilla, es más mala que pegarle a un padre con un calcetín sudado, a media noche, con la farmacia cerrada y el médico acostado sin quererse levantar. Una rampa de infarto y una puerta de pequeñas dimensiones se encargan de poner la cosa a los costaleros más dura que la picha de un novio. Allí la gente, no veas tú, cómo se aglomera, una cosa mala. Y lo peor es que siempre están los rezagaos que quieren pasar de un lado a otro de la rampa cuando ya está todo el mundo colocado y no hay sitio. Esto fue lo que hizo que aquél señor, espontáneamente, se pusiera a regular el tráfico de personas antes que llegara la Cofradía: A ver, abrid ahí un hueco para pasar, vosotros, de cinco en cinco, hasta que no pasen todos, que no suba nadie más la rampa… eso, eso, así, así. Organizó todo en un momento, incluso se encaró con unos niñatos que no paraban de hacer el imbécil: Tú, tú, ehhh, si, tú… cállate ya ehhhh, que como venga la policía… tú a la puta calle, decía aquel señor con síndrome de down con gracia a destajo—imagínenselo—, aunque para gracia, la que a él le hacía toda aquella situación. Por aquello, aquél señor se llevó una ovación de toda la plaza. Pero lo mejor estaba por llegar. Una señora, de noventa y pico de años, de casi un metro de estatura contando con la joroba… a la señora le salía el cuello del pecho… no veáis como era el tema, con un brazo descolgado, perfectamente vestida, todas las joyas puestas, vamos, la Macarena bajo palio, comenzó a subir esa rampa y a pedir paso para salir por el otro lado. Y así es el sevillano, en vez de ayudarla a bajar y que siguiera su camino, la cogieron por las piernas en volandas y la llevaron, hasta con las medias caídas, a su casa, que estaba cerca. Aquello no tenía desperdicio.

Eso como cuando estaba en la Cuesta del Rosario viendo uno de esos pasos de misterio que no les falta de nada, de esos que parece un tranvía de la cantidad de gente que lleva arriba, con árbol… era completito, completito. Estaban a mi lado un niño con su tío, cuando, justo al llegar el paso, suena el móvil del tío. Era el padre de la criatura, que llamaba para ver dónde se encontraban. Después de comentarle “er tito” que “er niño” y él se encontraban bien… le dijo: espérate que te lo paso para que te comente la jugada. ¿Desde cuándo el Sevilla-Betis se jugaba en la Alfalfa?... y yo sin enterarme.

Estas cosas pasan, ocurren cuando uno menos se lo espera. Igual que en Feria. Ruégale a Dios que no haga demasiado calor, porque algunas casetas, que se ponen hasta la bandera, son verdaderas saunas, hay hasta que pedir la vez para respirar, como en la pescadería. ¿Bailas conmigo? “Er 32”, yooooo, espera un segundo monada, que respire un poco, que si no se me pasa el turno, y ya bailo lo que tu quieras. No se sabe que es peor, si que llueva o que haga calor. De las dos formas se ven cosas estrambóticas. El año pasado, que llovió más que en el arca de Noé, se veían modelitos que no tenían desperdicio. Una con el traje de flamenca y las botas de agua, otras con traje de flamenca de cuando eran pequeñitas, que ahora les llegan por las rodillas y así no se manchan del barro en el que se ha convertido el albero… vamos que parecían la Wendy que estaba encima de la televisión en casa de la Omaíta de Los Morancos, pero ya el colmo, encima del traje un impermeable de los que te venden los chinos, dejando la abertura que trae para la cabeza, para meter la flor y la cabeza la sacaban por el primer botón del impermeable… la Feria y sus cosas. Imaginación a raudales.

Hablando de chinos. Nosotros los sevillanos somos especiales hasta para relacionarnos interculturalmente. En Madrid se acerca el chino de los claveles ofreciéndote algo y la gente contesta: No, no, muchas gracias. Aquí en Sevilla, nada más ponerse a tiro el chino le decimos: ¡Chinooooooo! Ven para acá… ¿A cuánto me vas a vender el manojo de flores? Cinco euros. Chino, vamos a ver… ¿tu me has visto cara de gilipoyas? Te doy tres por todo el manojo. Después de un regateo inmundo, el chino te intenta tangar con los anillos, que de los siete que tiene sólo se encienden tres. La espada láser se le ha quedado sin pilas, la corona de lucecitas dice que 7 euros… Pero vamos a ver chino de mierda, ¿tú no te has enterado que estamos en crisis? ¡Shamglicumto chintapu funchipei!... tu puta madre por si las moscas… dos palmaditas en la espalda y el chino de los claveles a tomar por culo.

Si es que siempre tenemos que marcar la diferencia… por cierto, hablando de diferencias. El otro día, en un programa de televisión analizaban la Feria de Abril hablando de los pequeños matices de una Feria y otra. Me explico, hay ciertos elementos que diferencian a la gente normal, como tú y como yo, del circo y fiera que viene con los bocadillos de chorizo metidos en el bolso. Uno de esos elementos es la barandilla de la caseta. Quien está a un lado y mirando el percal desde arriba, con autoridad, todo lo puede. El que está abajo, al otro lado, es un tieso… no tiene donde caerse muerto. Otro elemento diferenciador es el marisco. En las casetas de los distritos hay unos revueltos extraordinarios, potajes, tortillas… sí, sí, pero no hay marisco. A quien en la Feria se le mantenga un bigote de una gamba alrededor de la boca, podrá ser un guarro, pero nunca un tieso, no se habrá limpiado la boca, ni mucho menos lavarse los dientes, pero ese seguro que se limpia el culo con un Bin Laden.

¡Ahhh! Un consejo: vigilar mucho lo que coméis en Feria, porque un descuido puede llevar a la peor de las situaciones posibles. Nos entra el apretón y tras comenzar el sudor frío por la espalda, intentamos conseguir atravesar la cantidad de gente que hay en la caseta, llegamos a la cola en la que te dicen que uno de los baños está estropeado y el otro abarrotado. Tras diez minutos de intensa espera, en los que comienza a pasarse por la cabeza lo que tendremos que hacer si no somos capaces de aguantar… no por Dios, mejor no pensarlo, hay que aguantar como sea, por fin tu turno. Cierras la puerta, el pestillo, joder… no encaja con el agujero. Bueno eso es lo de menos, agarro la puerta por dentro con la mano. ¿Y qué ocurre? Sorpresa. Estás cagándote patas abajo, la gente con el puntillo no apunta y se mea fuera. Y para colmo, el papel higiénico no es que se haya agotado, es que no existe, en esa caseta no debían saber lo que era eso. ¿Cómo te sientas ahora sin mancharte el culo, esa chaqueta nueva que estás estrenando? Para ponerte más nervioso observas que tampoco hay jabón… osea, que no te va a dar igual mancharte las cachas porque luego no te puedes dar con agüita fresca y jabón… empiezan a aporrear la puerta, los de la cola se impacientan y hacen gracias a nuestra costa… mejor morirse de hambre que verse envuelto en una situación así por comer lo inoportuno. La Feria, sí señor, la mejor del mundo. Por cierto, párense a pensar en un matiz: ¿Se han dado cuenta que la Feria de Sevilla es el único sitio donde los animales van por los adoquines y las personas por el albero? Eso da mucho que pensar.

Ya después de la Feria y con la llegada de ese calorcito tan bueno de esta Sevilla, ese de 40 º a la sombra, de freír huevos en los morros de los coches, hace que la gente se vaya aligerando de ropa… y… según el caso, será grato o ingrato. No es plato de buen gusto ver a las gordas por ahí con el flotador al aire y la colección de michelines danzando a sus anchas por la malla del top. Con esto no critico a las gordas, sino a las que sabiendo que lo están, se destapan igual que las de la talla 36. Señora, un poquito de estética y vergüenza, por favor. Pero lo que verdaderamente debería estar prohibido por Ordenanza municipal es bajar a la playa los domingos. En esa arena caliente se concentran familias enteras que desde primera hora del mediodía montan el quiosco, cada día más sofisticado, los hierros de la estructura, la lona, las mesas, las sillas, el ventilador de pilas, las palas, los cubos de los niños, las cremas de protección solar y autobronceadoras según para quién sea y a quién nos queramos cargar, las cartas para la sobremesa, el periódico, el balón, las colchonetas, los flotadores, los manguitos, la gorrita para el sol, las neveras, los taperware, los refrescos, el vino, las tortillas de patatas, las ollas a presión para los potajes—da calor sólo con pensarlo—, las ensaladillas, los frutos secos, las sandías, toda clase de marisco recién comprado en la plaza, que no falte la Cruzcampo y todo a punto para un día de playa, después, eso sí, de ochocientos viajes, con 40º, a la flagoneta para descargarlo todo. Los niños juegan a sus anchas, la mayoría de ellos sin bañadores… ayyy la crisis, las madres, por lo general entradas en carnes, se van a la orilla y sentándose en el rompeolas, espatarradas, ponen sus partes a remojo… “ayyy qué fresquito señora”… que como dijo “la cuñá” de aquel esperpento: “¿Qué, te lo estás refrescando?” a lo que contesta enseguida: “si hija porque ya que no come, por lo menos que beba”… qué pena de tsunami… aquí si que hubiera hecho falta, aunque si tuviéramos la suerte de que uno llegara, seguro que la gorda hubiera seguido anclada en la arena, cual cachalote varado, eso no hay quien se lo lleve. Pero es que después hay otras algo más recatadas, que muy cucas ellas, hacen lo mismo que las anteriores pero sin necesidad de sentarse en la arena. Van con la silla playera muy baja y ponen los topes al límite para que al pasar el agua por debajo de la malla de la silla… cumpla su función. Tampoco se echa de menos al que lo tiene todo maquinado desde hace unos días, los mismos que lleva soñando con la playa. Este individuo es de esos que se las apaña para estar en la playa en las mismas condiciones que si estuviera en el sofá de su casa, y así, coloca su hamaca en la orilla, pone los pies a remojo, sienta su culo sobre el cojín que se ha traído para evitar las durezas que pudieran ocasionar los hierros de aquella en las cachas y del hierro superior, junto a la ridícula sombrillita que apenas le da sombra a la mitad de su cara, cuelga de una guitita el típico transistor para no perder detalle del partido de su equipo.

Mientras el abuelo se coloca como digo, los jóvenes de la familia se afanan en cavar en la orilla un agujero para meter allí la sandía hasta la hora del postre y que se mantenga fresca. Claro está que la mente no les dio para tanto y cavaron su particular “bujero” sin tener en cuenta que el mar no es estático y que las mareas suben y bajan cada seis horas. “Cusha, ¿te va bañá?, ¿tu me podría mirá si por er rompeolas hay un bujero con una sandía?, musha grasia sosio”… si es que no se les puede sacar de casa a los pobrecitos, no rebuznan porque Dios es misericordioso.

Y ya, el día es completo, si tienes la suerte de cruzarte con la típica parejita playera del tío del tanga o braga náutica de leopardo y la gorrita y la tía de escaso bikini, a juego con el del marido, y con silicona hasta en las cejas. Esa es la misma pareja que después en una discoteca lo da todo, flipándose como nadie, o de las que van a los conciertos apretadísimas, con vaqueros ajustados, botas altas, top de leopardo de generosísimo escote y las gafas de sol cogiéndole media cara… “yo romperé tus fotos, yo quemaré tus cartas, para no verte más…” y para colmo tiene el valor de preguntar: Perdone, ¿La entrada a Backstage es por aquí? Señora, creo que se confunde, el burdel es aquel edificio de enfrente, esto es el estadio de fútbol.

Y lo que no deja de tener desperdicio, son los que trabajan cada verano de socorristas en nuestras playas en los distintos botiquines, a cada cual más tonto. A tanto llega el asunto que ya es difícil diferenciar al que lo es del que se lo hace. No deja de asombrar que en un entorno natural como es una playa, suene de repente un “ding dong ding” como si estuviéramos en un hipermercado y lo siguiente que oyéramos fuera un “señorita Encarni acuda a la caja nº 4 ar favó”. Pero no, toda esa parafernalia es para anunciar lo siguiente: ¡Atención!, Servicio de Información: Se ha perdido un niño (si está con el que lo está diciendo, ya ha dejado de estar perdido) de unos aparentemente cinco años de edad (lo tiene delante y no le pregunta la edad para saberla con seguridad), dice llamarse Raúl (si dice llamarse, se llama así precisamente porque lo está diciendo) y viste bañador color rojo. Por favor, que algún familiar pase a recogerlo en este botiquín (¿a cuál de ellos? Porque hay unos cuantos). Se pone en evidencia los coeficientes tan elevados de intelectualidad de los que en un momento de apuro nos deben salvar la vida, aunque yo personalmente, comprobando la inteligencia de los mismos, si estoy a vida o muerte, háganme un favor, no los llamen, porque estos sólo pueden encargarse de una cosa: rematarme, por si estaba mal enterrado.

Soportar esto todo el tiempo que alguien está en la playa es deprimente e innecesario. ¿Acaso los padres de un niño perdido, desde el momento que se dan cuenta que lo han perdido, no lo buscan? dependiendo de lo harto que estén del puñetero niño que no ha parado de dar por culo en todo el día, pero por lo general, lo buscan, ¿Cuántos Raules con bañador rojo (porque los demás datos parecen no ser del todo fiables por la eficacia del socorrista) habrá en una playa atestada de niños? Es gana de poner nerviosos a los padres de Raules con bañador rojo.

Lo más prudente, cuando llega cierta hora, es convencer a los niños para dar por terminado el día de playa, aunque el modo de convicción varia según la madre ante la que nos encontremos. No sé a qué se obedece más rápido, a un “Bea anda, ve recogiendo que nos vamos… si lo haces rápido, de postre, el helado que tanto te gusta” o a un “¡Angélica coño! Cuántas veces te disho ya en to’ la tarde que te metas en er agua, te zacuda la arena, te quite er bikini, te zeque er shosho y te vista, que nos vamos ya. A la prózima vé, te pego una leshe ya niña, ¡que me tiene jartita!” (La segunda versión es verídica). La niña con el segundo método se da más prisa y, por supuesto, se le quita “tor cashondeo” que decía la madre que tenía “en to’ lo arto”.

Desengáñense, esto es la España profunda, mejor dicho, la España sureña—la norteña sería objeto de tratarse en monólogo aparte—digna de los mejores documentales de la 2TV a la hora de la siesta. De hecho, este verano, cadenas de televisión privadas han captado el filón y se dedican a retransmitir cómo pasa la gente el verano. Si algo de esto han visto, coincidirán conmigo en que no miento.

La primera vez que vi uno de esos programas, habían grabado a una familia llegando al piso de alquiler en la playa—eso decían, pero realmente la playa estaba a veinte minutos en coche, vehículo que nadie tenía, con lo que suponía que los veinte minutos aumentaban en diez de espera en la parada “der coshe”(dícese del autobús o vehículo de transporte público), treinta más en el trayecto del mismo y cinco más hasta pisar la arena, que lo hacían, a ese paso, a la hora de cerrar—. Para que se hagan una idea, algo más grande, pero no mucho, que las soluciones habitacionales de treinta metros cuadrados de la ministra. Lo alucinante era la cantidad de gente que iba a vivir allí durante una quincena, con los consiguientes olores a humanidad—que mejor no especificar—, los problemas de higiene, de convivencia y todos los que les quieran añadir.

Todo consistía en un pasillo de entrada, un salón de cinco por cinco, una mínima terraza, un dormitorio con cama de matrimonio, un aseo—el baño no lo conoció esa familia—y una cocina. Aquel espacio ridículo iba a ser habitado por Jesuli y Antonia con sus respectivos hijos, Israel, Sara, Migue y Soraya y el novio de ésta última, “er Jony”—abreviatura de Jonatán—,la madre de Antonia, suegra de Jesuli y abuela de los niños, doña Josefa—Paca para las amistades, dijo ante la cámara—, el hermano de Jesuli que se acababa de separar y no paraba de exhibirse delante del objetivo sin darse cuenta la escena tan horrenda que estaba haciendo ver a los telespectadores, y un primo de la familia por el que habían conseguido el piso. Por descontado las mascotas: un perrito encantador, dos pajaritos y una tortuga.

¿Se lo imaginan? Creo que no, tienen problemas para esto hasta los del “Qué apostamos” de Ramonchu y la Obregón. A todos nos cuesta imaginárnoslo salvo a los miembros de esa familia que se adaptaron al medio enseguida: El matrimonio al dormitorio, con Soraya durmiendo en un saco en el suelo para evitar roces nocturnos con el novio, doña Paca al sofá con la escupidera a mano para evitar escapes inoportunos, los dos hermanos en sacos de dormir junto a la abuela, “er Jony” a la terraza con una colchoneta de playa porque aún no es de la familia, junto con el adorable perrito, a Sara le dieron una almohada y que se las apañara con la silla y mesa de la cocina, donde el fregadero sería el hábitat de la tortuga, el hermano separado de Jesuli al pasillo de la entrada y aprovechando que al primo que les proporcionó el piso le comenzaron a dar arcadas y retortijones… con un cojín encima de la cisterna se las apañaría para pasar las noches en el retrete. ¿Entraban o no entraban? ¡Ah! Se me olvidaba… los pájaros… al ventilador, sujetando la jaula con una cuerda.

Aún no puedo explicarme cómo en la sección de sucesos del telediario no ha salido: Tragedia en Peñíscola. Abuela ahorcada con el ventilador de un apartamento. El autor del fatal desenlace aún no está confirmado pero se presume la coautoría de los hechos; el yerno por convivencia reiterada en pequeño espacio y uno de los nietos que al dormir junto al sofá donde lo hacía la fallecida, numerosas noches tenía que soportar en su rostro el descuelgue del sofá de los pies de su abuela. La Asociación Defensora de Animales se persona en la causa abierta por aparecer estampado en la acera existente bajo la terraza un perro, que presuntamente fue arrojado por el que cohabitaba con él en el mencionado espacio abierto del piso. Las investigaciones de los efectivos de la Policía que se personaron en la vivienda, desvelan la posible existencia de un ser vivo en la cocina, por los rastros evidentes en el fregadero, y desaparición del mismo. Se presume el destino de su cuerpo en el vertedero municipal, después de salir de la vivienda en la bolsa de basura y pasar por el contenedor de la calle. Ha ingresado en el Hospital de la localidad, por deshidratación con pronóstico reservado, un pariente de la familia. El miembro de la familia que figura como titular en el contrato de arrendamiento, deberá hacerse cargo de las operaciones de desatasco de tuberías y tubo sifónico del aseo del inmueble, hecho que ha causado numerosos focos de goteras en el piso inferior.

¿Cuál ha sido la primera reacción de la persona que se queda al frente de la casa María del Mar de la Perna (enviada especial al lugar del suceso)? Pues he de decir que la hija de la difunta y mujer del presunto coautor se encuentra ahora mismo en la calle, junto al nº 28 donde residen como arrendatarios, descorchando una botella de cava por la enorme alegría que le ha supuesto ser beneficiaria, a destiempo, de la herencia de su madre, además de la reducción de familia que el hecho ha supuesto—una fallecida, otros ingresados en hospital y centro penitenciario a la espera de juicio, según a quién nos refiramos, y dos animales extraviados—, con lo que finalizan los cinco días que aún les restan de vacaciones con todas las comodidades que cabían de esperar para las dimensiones del apartamento.

¿Sorprendidos? En España una reacción así no debe cogernos desprevenidos, son de lo más común. En fin, ¿qué quieren que les cuente? Esto es la España profunda, la realidad de cada día. Podría contarles más… pero quizás en otra ocasión.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Julio en la Aldea

Lo que parecía complicado conseguir, lo logró la Hermandad Matriz de Almonte para su proyecto de construcción de un orfanato en el Congo. Julio colaboró con la causa, y de qué manera. No sólo fue a la aldea del Rocío a cantar como sabe hacerlo, sino que, no conforme con eso, se desplazó hasta la Aldea almonteña el Domingo 9 de Agosto, previo a su presentación, para organizarlo todo, visitar la Ermita y mantener una cena con los miembros de la Junta de Gobierno para que le informaran detalladamente del proyecto benéfico. Su público, sabedor del evento de su ídolo en las marismas onubenses la noche del 10 de Agosto, se dejó sentir desde primeras horas de la mañana, conforme iban llegando para pasar el día en el Rocío y concluir con el concierto del cantante más internacional.

A media tarde, por la parte de la Aldea más cercana al escenario que habían montado los técnicos a las afueras, comenzaban a sonar las notas de algunas de las canciones con las que Julio y sus músicos e ingenieros de sonido comprobaban el sonido. Conforme caía la noche, las colas a las puertas del recinto se hacían interminables. Entre los asistentes, además de algunos familiares del artista y miembros del Ayuntamiento de La Palma del Condado (tierra materna de Julio), se dejaron ver Ernesto Neyra y Susana Uribarri, asistente de Julio durante años e hija del famoso presentador de Eurovisión José Luis Uribarri, con su novio Darek.



El espectáculo comenzó algo pasadas las diez y media de la cálida noche rociera. Un fantástico Julio, por el que, en contra de toda evidencia, no pasan los años, salió al escenario con su acostumbrado traje y corbata negros y camisa blanca. Al empezar, presumió de ser español, según rezaba la letra de “Quijote”, su primera canción, que abrió el desglose de éxitos de sus cuarenta años de trayectoria musical. Así, pudieron oírse temas como “Ni te tengo, ni te olvido”, “Nathalie”, “La Gota fría” que se encargó de calentar, con los sensuales bailes de Liliana, una dominicana de escultural figura que lleva Julio entre sus coristas, a un público algo frío hasta el momento. Con “Ae, ao” y despojándose de su chaqueta, consiguió levantar de sus asientos a unos fans que más tarde, cuando permitieron acercarse al escenario, enloquecerían hasta cotas insospechadas.

No faltaron los tangos “La Cumparsita” y “A media Luz” que tuvieron una puesta en escena inmejorable con los bailarines argentinos que Julio lleva en su gira para la ocasión. Tampoco se echó en falta la aparición estelar de Wendy Moten cantando con Julio “All of you” como viene siendo habitual y de gran expectación en sus conciertos. Sorprendió a los asistentes las divertidas versiones de “Divorcio” y “El Bacalao” amenizadas por los bailes de Rocío, bailarina de Julio que anteriormente trabajó en el programa de TV1 “Mira quien Baila”, y una jovencísima ucraniana, nueva en el equipo del artista, que capitanea al piano Rafael Ferro, arreglista de Julio de toda la vida, y al que públicamente le agradeció su compañía tantos años dándole un cariñoso abrazo. Otro músico cumbre de Julio es Mike Scaglione, que una vez más deleitó al público con su maestría tocando el saxo. El astro de la música no se olvidó de sus éxitos más sonoros, así cantó “Me olvidé de vivir”, “Un Canto a Galicia” haciendo especial mención a su madre y al padre de ésta, naturales de las tierras de Huelva, mención que fue recibida con una profunda ovación de los asistentes, “De niña a mujer”, “Manuela” que fue coreada por todos, “El Amor” donde dejó de manifiesto que sigue siendo el mayor seductor en el mundo de la música, y como no, “Abrázame”, “Hey” y “La Vida sigue Igual”, tema con el que se hizo cantante hace cuarenta años.



Antes de concluir el recital, “Soy un truhán, soy un Señor” dio paso al primero de los “Me va, me va” con el que pensaba dar por finalizado el espectáculo, intención que le fue imposible llevar a cabo por la insistencia de un público entregado al máximo. Volvió y se fue hasta tres veces ante la emoción y lágrimas de algunos de sus enloquecidos fans. Asombró muy gratamente la inclusión en el repertorio, después de tantos años omitidos, de los temas “Coraçao Apaixonado” y “Mammy Blue” en una versión portuguesa aún no grabada en los estudios, y que fueron coreados con ilusión por los asistentes. Un concierto de dos horas y treinta temas que hizo mágica la noche rociera, tal como el cantante anunció al comienzo. Cantó y encantó, habló de su tierra materna y se divirtió con su gente y bailando con sus coristas, afirmando luego que seguía sin remedio en cuestión de mujeres. Los que tuvieron la ocasión de estar con él en su camerino, reconocieron la simpatía, cercanía y juventud del cantante, que atendió y tuvo tiempo para todos.

Este fue el primero de sus conciertos previstos en España. Le siguieron dos noches en Gerona, para las que hacía tiempo que se había colgado el “No hay billetes”, siendo un éxito rotundo, y las plazas de toros de Castellón y Valencia en las que el ambiente de un lleno absoluto propiciaron que en su último espectáculo, arrojara a sus fans chaqueta, chaleco, corbata y camisa. Julio se va de España con destino a Israel donde se presenta los días ocho y diez de Septiembre. Se va habiéndose ganado a un público español que no siempre lo ha reconocido como lo que es. Y por esto, puede sentirse orgulloso de los cinco éxitos que han sido sus conciertos. ¿La jubilación para cuándo? De eso ni hablamos, porque una retirada a tiempo nunca es una victoria si se sigue estando en lo más alto del mundo de la música. Aún queda mucho tiempo de Julio Iglesias y sus éxitos.

miércoles, 17 de junio de 2009

Quien mata de lejos

Quizás algunos esperaban que escribiera sobre la Feria de Abril de Sevilla, que aún lejana en la distancia, se mantiene fresca en el recuerdo, quizás otros llevan tiempo añorando un artículo crítico, quejoso, mal intencionado a la par que elegante, satírico y con una guasa afilada sobre los innumerables destrozos, de todo tipo y condición, que el Alcalde de esta ciudad realiza cada día, o por no ser menos, en lo que a calidad de destrozos se refiere, uno contra las últimas andanzas y correrías de un gobierno indigno. Pero no es así. Sería extremadamente fácil encontrar argumentos de peso que avalen mis no pocas llamadas a la cordura en un país cada vez más falto de valores por la concienzuda intención devastadora de cierta corriente política. Esta vez no apelaré a una conciencia general de la que la gente está harta cansada de oír hablar, sino que empeñaré mi esfuerzo, ayudado de una cita de Arturo Pérez Reverte en “El sol de Breda”, en hacer recapacitar, individualmente, vuestras conciencias, ya que sólo así creo que se puede conseguir algo positivo en lo tocante al comportamiento y fondo de las personas.

Pues bien, quedé impresionado por la belleza, profundidad y cordura de las palabras que a continuación reseño, hechas tras un día de incesante batalla en la imaginaria mente de este escritor. ¿Qué ocurriría si aquello que se dice lo aplicáramos a la vida cotidiana?

“Quien mata de lejos lo ignora todo sobre el acto de matar. Quien mata de lejos ninguna lección extrae de la vida ni de la muerte: ni arriesga, ni se mancha las manos de sangre, ni escucha la respiración del adversario, ni lee el espanto, el valor o la indiferencia en sus ojos. Quien mata de lejos no prueba su brazo ni su corazón ni su conciencia, ni crea fantasmas que luego acudirán de noche, puntuales a la cita, durante el resto de su vida. Quien mata de lejos es un bellaco que encomienda a otros la tarea sucia y terrible que le es propia. Quien mata de lejos es peor que los otros hombres, porque ignora la cólera, y el odio, y la venganza, y la pasión terrible de la carne y de la sangre en contacto con el acero; pero también ignora la piedad y el remordimiento. Por eso, quien mata de lejos no sabe lo que pierde.”.

Hoy en día, y no sólo en aquellas batallas de la época de los Tercios de Flandes, se puede hacer daño a las personas. A cualquiera que se precie, se le viene al instante algún que otro nombre de alguien que lo ha destrozado, le ha hecho sufrir o lo ha abandonado a su suerte sin importarle demasiado que fuera de él. No suele importar causar todo el daño que se quiera si para el que lo causa, las personas a las que se lo aflige no importan más que su interés y el engorde de su ego. Qué bellaco aquel que sitúa su interés muy por encima de las personas. Estos, evidentemente, suelen carecer de ese mínimo de sentimientos y buen fondo que te impiden hacer mal a nadie cuando, de ese mal, se es plenamente consciente. Tampoco suelen preocuparse por el estado en el que ha quedado esa persona a la cual se han encargado de destrozarla con hechos o palabras, ni, por supuesto, tendrán cargo de conciencia alguno por su acción y está claro que, a quien no le ocurre todo lo anterior, nunca se ha detenido a pensar la valía de la persona que ha perdido, que seguramente, será de mayor empaque que su interés, de dudosa legitimidad moral.

Pero, ¿qué pasa con aquellos que causan dolor a otros desconociéndolo? No hay que engañarse, son muy pocos y, sin embargo, muchos los listos que conociendo el alcance de sus actuaciones y hechos, utilizan una falsa ignorancia como excusa para, simplemente, evitar la “humillación” de pedir disculpas, que nunca debe verse como eso, sino como un acto que engrandece a la persona que la pide y que dice mucho, o quizás demasiado, de su calidad como persona, siempre que se acompañe de sincero arrepentimiento. Aún así, y suponiendo que fuese cierta tal ignorancia, la misma es hasta burda, denotando la poquísima inteligencia de quien así actúa por impulsos, o lo que es peor, lo poco o nada que le supone el prójimo. Sólo basta con pensar antes de hablar, antes de actuar. ¿Cómo sabemos si podemos hacerle o no daño a alguien con nuestro proceder? Sería demasiado fácil decir que evitando comportamientos, palabras y hechos que a uno mismo le duelen. Hay que ir aún más allá, tener presente que cosas que a nosotros no nos incomodan o incluso nos agradan, a otras personas, pues no somos todos iguales, puede afectarles, sentirse ofendidas. Es por esto, que el actuar sin causar mal a nadie requiere de un extenso conocimiento de las personas que te rodean, para conocer a priori qué les duele.

Aún así, es muy posible que no prestemos la atención necesarias a cuestiones vitales y tan simples que no reparamos en ellas por pecar estas de evidencia. No importa tanto un hecho aislado desagradable como ser víctima de un olvido constante, permanente, la ausencia de una llamada o un mensaje en momentos difíciles… ¿cuánto cuesta tener simples detalles con las personas? Buscar y encontrar un tiempo en tu agenda para ver a alguien del que hace tiempo que no sabes, preguntar y preocuparse por un hecho de suma importancia para esa persona, que aunque a ti nada te importe, demuestra tu interés y cariño por ella… ¿cuánto cuesta una simple sonrisa, una mirada cómplice, un abrazo sentido, un beso cariñoso e incluso hasta un te quiero aunque de sólo amigos se trate? Pero no sólo de olvido se mata. La intensidad agobia y desgasta, la monotonía mata más de lo que se piensa, por ello es aconsejable cuando la ilusión no es la misma de siempre, cuando las conversaciones con las personas carecen de importancia o incluso son inútiles, cuando supone un esfuerzo ver a alguna persona por no apetecer su presencia, cuando no sientes la ilusión habitual en las personas al verte… “desaparecer” e intentar reinventarse para que todo vuelva a la normalidad, para escapar de esa monotonía que acaba con la ilusión.

Además, no todo mal que se cause necesita de una acción. A veces, la omisión hace más daño que la acción, quizás porque esta última suele ser momentánea y fácilmente desterrada al olvido. La omisión en cambio, suele ser permanente, y aunque se mantenga de igual intensidad, el estado de ánimo del que la sufre va en aumento. En definitiva, ¿cuánto cuesta ser buen amigo, novio, padre, madre, hermano… mantener una relación, al fin y al cabo de cualquier índole, que merezca la pena a las personas que la mantienen? Cuesta lo que colocar a las personas en tu vida por encima de tu propia persona. Un precio caro o barato según la capacidad de sacrificio y de disposición que se tenga. ¿Cuánto cuesta una persona? Depende de lo que te importe y las quieras y de lo recíproco que esto sea en la otra.

La relación, cualquiera que sea, perfecta es difícil de mantener. Requiere esfuerzo, dedicación, entrega, sacrificio, abnegación, paciencia, cariño, comprensión e infinidad de virtudes más, que mientras más se quiera a la persona, más fáciles serán de alcanzar. Muchos no consiguen esa relación casi idílica o utópica, que muchas veces no depende de uno mismo, sino de la otra parte, pero en el ánimo queda la tranquilidad de no haber cejado en su empeño.

domingo, 17 de mayo de 2009

Si yo fuera el Rey

No es nuevo que la gente exprese su opinión en este país, ya sea de agradecer o devastadora, según el caso. Y si a esto le añadimos un poquito de mala educación y mucha mala leche de más de uno, ocurren ciertas cosas sólo dignas de lo mejorcito de cada casa, que según el lugar de España del que provengan, pueden ser desde unos pobres desgraciados hasta unos hijos de la gran puta.

Con la regulación, en nuestra Constitución, de la libertad de expresión todo el mundo tiene derecho a pensar lo que le venga en ganas y expresarlo del mismo modo, pero una cosa se les olvidó a los siete creadores de la Constitución del 78: una regulación estricta de normas cívicas y educación en el ejercicio de esa libertad de expresión, que últimamente viene siendo como una licencia para matar. Seguro, no lo plasmaron porque no pensaron que en ningún lugar de la geografía española pudieran existir cabrones de altura.

La Corona, como primera Institución de este país, siempre ha estado en boca de todos, para bien o para mal, y se consideraba que las críticas, de suyo, les iban en el sueldo a sus miembros, que no miembras. Pero una cosa es eso y otra bastante diferente lo del otro día. No valoramos lo suficiente la diversidad intercultural, lingüística y geográfica de un país que hace aguas por unos pocos que, con eso de la diversidad, se limpian el culo y dinamitan un país al que se le podía sacar el doble o más de provecho.

Estos indeseables tienen derecho a pensar y criticar lo que les plazca sobre la monarquía, sobre el Rey, y si no les va la vida en ello, ignorar a la Institución o comérsela con patatas porque es lo que hay. Pero ¿por qué son tan incongruentes? Dos equipos de futbol que no se sienten españoles, odian al Rey y su meta deportiva no es otra que jugar competiciones en unas escalas no correspondidas, se dignan a jugar un campeonato: La Copa de Su Majestad el Rey. Si, si, la copa de ese al que no pueden ver y que en la intimidad de sus dormitorios tienen su cara como diana de unos dardos con los colores independentistas. Y no es sólo eso, ya que la juegan, lo podían hacer discretos, sin mucho ruido y sobre todo, comportándose educadamente, o, si eso es mucho pedir, deportivamente. Lo cierto es que, no sólo la juegan, sino que los indeseables de sus aficionados se dejaron oír, y de qué manera.


En este país la educación no existe, y cualquiera le dice a esta gentuza que no abuchee, porque le estás coartando su libertad de expresión a la que tienen derecho. Las pitadas al himno nacional y a Su Majestad son gratuitas. ¿Imaginan que pensaría el Rey en aquellos momentos a pesar de estar jugando su copa? No hubiera estado mal que cuando saludaba desde el palco a su llegada, hubiera hecho los mismos cortes de manga que en aquella famosa visita al País Vasco ante un puñado de independentistas radicales que lo abucheaban, eso sí, muy modositos ellos ante una centena de guardaespaldas cuatro por cuatro y unos cuantos más policías autonómicos. Por cierto, ¿por qué necesitan ser muchos y mezclarse entre la masa? ¿Es que cambian repentinamente de opinión a cada momento o es falta de pelotas? Me decanto por lo segundo.

Si yo fuera el Rey lo iba a sentir muchísimo, pero gentuza que no se siente española y que no me tiene un cierto respeto, aunque lo que yo represente no les guste, no jugaban mi copa, que para eso es mía, aunque no creo que estuviera muy amparado legalmente este deseo. O pensándolo mejor, la iban a jugar para que se les quitara de la cabeza cualquier idea de independencia posible. La iban a jugar, me iban a soportar, calladitos como poco, y se iban a levantar y escuchar, aunque sin devoción, el himno. Se me olvidaba: las pancartas y banderas quedarían terminantemente prohibidas salvo con una excepción: la española con su escudo, nada de toritos y signos ridiculizantes internacionalmente.

sábado, 18 de abril de 2009

De las anécdotas de una Semana Santa "exitosa"

Quiero entender que ese calificativo sólo intenta hacer referencia a lo que a la vertiente meteorológica se refiere, porque en otros aspectos, dista mucho de merecer ese halago. Una precisión antes de comenzar: Sr. Alcalde, no siga año tras año con la amenaza de no pagar los cánones necesarios para la retransmisión del Pregón, ni quiera monopolizar con su nueva televisión local “Teleliebre” (Por carecer de la documentación necesaria en el Registro correspondiente) la señal que emite las imágenes de la Campana, porque año tras año tendrá que seguir bajándose los pantalones, y no es de recibo que al alcalde de una ciudad como Sevilla, no merecedora del mismo, lo baje de un burro la opinión pública cada primavera.

Dicho esto, son dignas de resaltar las estrafalarias situaciones que he podido presenciar esta Semana Santa por cortesía de algunos niñatos, gente mal educada, y otras muchas con los sentimientos demasiado a flor de piel. La semana comenzó bajo un sol de justicia teniendo como protagonista a una “señora” que, ni corta ni perezosa, acusó en plena calle a uno de nosotros de haberle robado su teléfono mientras se encontraba esperando para acceder a los baños de un bar de tapas. No muy discreta en sus maneras, nos asaltó profiriendo todo tipo de injurias en un tono no muy apto para algunos tímpanos. Todo acabó en un desagradable mal entendido, pues aquella encontró su teléfono en el interior de su bolso minutos más tarde. Diga que sí señora… primero acuse de robar a alguien y después busque entre sus pertenencias… sí señor, ese es el orden lógico. Tras esto, y viendo una de las Hermandades del Domingo de Ramos tuve que oír esa horrenda frase… “me encanta cuando bailan el paso así”. La gente no se entera, un paso ni baila ni lo bailan, un paso anda y sólo anda, no hace más que andar, bien o mal, pero sólo eso. Claro que viniendo de quien venía, raro es que sólo lo bailaran a su parecer. Atardecía ya en el centro de la ciudad, pero aún me quedaba por presenciar alguna situación más para curarme de espanto. ¿Saben? Ya no me asombro cuando veo que bajo el antifaz una chica lleva pintados los rabillos de los ojos y por las manos le asoman toda la colección de cadenitas y sellos de oros que había en la tienda cuando fue a adquirirlas, pero claro, si así es como se dispone a hacer una Estación de Penitencia, seguro que fue su prima hermana la que, agobiada por el numerito de su novio intransigente, que pretendía salir de una bulla por donde no había hueco, dijo “¡aaayyyyyy Jesúuuuuuu!” a voz en grito cuando el susodicho se puso violento con los que le impedían el paso. Menos mal que para contrarrestar estas cosas siempre queda la Amargura por Sor Ángela haciendo emocionar a quien menos esperas.

El Lunes fue algo más tranquilo en afluencia de público del extrarradio y en las anécdotas que le son propias a éste. Les pongo en situación: Cuesta del Rosario a media tarde viendo un paso de misterio que cada año causa más expectación por su forma de andar, que no de bailar. Suena un teléfono, cosa ya habitual en esta ciudad cuando nos encontramos delante de cualquier paso. Coge uno el teléfono desahogadamente, era su hermano que llamaba para informarse del estado de su hijo al que “er tito” se lo había llevado esa tarde “a ver cositas”. Cuando llega el momento de que el padre hable con su hijo, después de haberle comentado su hermano en qué situación se encontraban “aquí tamos, cusha delante der paso, no vea tú cómo viene”, antes de darle el teléfono al hijo mis oídos oyeron lo siguiente: “Ira, ira… olé qué bonito, te paso ar niño pa’ que te comente la jugada”. ¿Desde cuándo el derbi Sevilla-Betis, por decir alguno, se jugaba un Lunes Santo en la Cuesta del Rosario?, ¿de qué jugada hablaba aquel ser? Evidentemente después de oír aquello no lo dudé más, abandoné el lugar.

El Martes se produjo algo insólito hasta el momento, a hora bien temprana de la tarde, una pareja de nazarenos de ruán se dirigía hacia la Iglesia. Al adelantarnos, un teléfono comienza a sonar, no siendo ninguno de los nuestros el que emitía aquella musiquita. Al hermano nazareno de Hermandad seria o de negro: Se ruega al hermano que le sea imprescindible portar consigo su teléfono durante la Estación de Penitencia, lo apague o lo disponga en modo silencioso ¡Qué menos! A media tarde, dos señoras del barrio de la Calzada esperaban a mi lado, en la confluencia de las calles Lanza y Santiago, a que apareciera el paso de Misterio de San Benito. Se asoman la primera pareja de ciriales, la segunda… “Encarni… yo no puedo ver esto, es que me emociono” decía Toñi mientras se le escapaban las primeras lágrimas. “Tranquila Toñi, tranquila…” le contestaba su interlocutora. Iban dejándose ver por la esquina los candelabros de guardabrisas… pero fue aparecer tras la señal de tráfico Pilatos y empezó la señora a llorar a moco tendido, tanto, que no pudo esperar a que la mano extendida de Pilatos presentara al Señor a la gente allí congregada, se marchó. Señora, menos mal que sólo asomó la cabeza por la esquina Pilatos, que si llega a asomarla el romano que va en la trasera se nos desmaya. Pero aún la mejor de las anécdotas de aquel día estaba por ocurrir. Llegamos a los últimos metros de la calle Mateos Gago antes de la hora en la que en los programas se había fijado la entrada de Santa Cruz. Cogimos un buen sitio, junto al dintel de la puerta, en plena rampa. El sitio era privilegiado, eso mismo debió pensar un cariñosísimo señor de unos cuarenta o cincuenta años con síndrome de down, que venía de tomarse un bocadillo con una cerveza, según nos contó. Aquella era su Hermandad y muy atento, nos explicó de cabo a rabo la misma. No quedándose tranquilo con su explicación y, al observar, que los que se encontraban bajo nosotros, en los escalones de la fachada de la Iglesia, no dejaban de hacer numerosas estupideces impropias de su edad, les llamó la atención hasta tal punto que esperaba con gran ansia la llegada de los antidisturbios. Estos se demoraban y en la rampa se apilaba la gente que quería cruzar hacia el otro lado de la calle. Este señor, ni corto ni perezoso, se erigió en simpático regulador de paso y despejó la rampa en pocos minutos, lo que le mereció la ovación de todo el público allí congregado, que no cesó en sus aplausos hasta que éste saludó al respetable, cual torero en la Maestranza tras una buena faena.

Como todas las noches, los de Lipasam cumplieron su cometido eficazmente, y la madrugada del Martes al Miércoles no iba a ser menos. En la plaza de la Alianza no cabía un alfiler aquella tarde, todo abarrotado salvo un pequeño hueco en primera fila, junto a la fuente. Al llegar y percatarnos, era un charco el que ocupaba tan privilegiado lugar. Aún así, permanecimos allí, saliendo indemnes de la marea de empujones que, a menudo, nos acercaban peligrosamente al agua. Cómo sería aquella escena que los antidisturbios que precedían a los pasos, nos miraban como diciendo: “por el charco te vas a salvar”. Menos gracioso es el hecho dantesco que protagonizaron varios niñatos junto a la Catedral tras pasar por allí el Palio del Baratillo. Comenzaron a gastarse bromitas de las suyas, más pesadas de las habituales y terminaron tirándose botellas de cristal a la cabeza. Más de un collejazo les daba yo a esta gente y no tanta Educación para la Ciudadanía, y más de una multa pondría yo a todos aquellos propietarios de letreros de neón que colocados en sitios claves en esta semana, continúan encendidos al paso de las cofradías, no hay derecho. Quizás ese dinero podría destinarse a aumentar la recaudación, que parece algo floja, del azulejo de la Iglesia de San Pedro y su gorrión escondido… que todo el mundo lo busca, pero olvidan intencionadamente la segunda parte de la leyenda; la limosna en la ranurita, bajo el azulejo, al efecto.

Ya es tradicional el aumento de público durante el Jueves Santo y la Madrugada, pero eso no justifica la mala educación en las bullas, y mucho menos molestar conscientemente a los que realizan su Estación de Penitencia amparados en que aguantarlos a ellos forma parte de esa penitencia a la que se prestan voluntariamente. No señor, el penitente de Pasión no tiene por qué aguantar a seres despreciables como usted, que le golpeen, que le muevan la cruz, que no respeta al prójimo y que cuando se le increpa por ello, apela usted a la penitencia y a la caridad cristiana, tal y como a usted le place entenderla. Sólo espero que no haya muchos cristianos como usted en este mundo. Tampoco es de recibo, salvo que sea absolutamente innecesario, cruzar la hilera de nazarenos de un lado a otro. Claro que el que se arriesga, puede terminar sufriendo algún percance, como el de aquel niño que terminó con toda la cara llena de cera ardiendo, precisamente por cruzar por donde no se debe. Seguro que ya ha aprendido la lección. Pero si es que, de nada sirve en esta ciudad una queja. Fíjense, aquella Madrugada del 2000, carreritas arriba y abajo. Nueve años después… otra vez. Da igual que el Palio del Calvario vaya camino de la plaza de la Magdalena, se corre y se grita sí o sí. ¡Qué vergüenza! ¿Era necesario apuñalar a alguien?, ¿No podía haberse dejado la trifulca para otro día? Claro que si acudimos a ver la entrada del Silencio porrito en mano, luego ocurre el resto. ¿Por qué no te fumas el porrito en tu casa niñato? Si a ti verdaderamente esto de la Semana Santa ni te va ni te viene, ¿por qué no dejas de ser masoquista, dejas de ver lo que no te gusta, de molestar, y te quedas en tu casita? Allí, si quieres, puedes ponerte hasta la bandera de todo aquello que te metas habitualmente.

Para terminar, una sola petición: Hágame el favor, buen hombre, de no sacarme el próximo Viernes Santo sobre las 22:00h. del Bar Catunambú la bandeja de montaditos para los niños, no sea cruel, no me la pase por delante, que uno intenta por todos los medios hacer su Estación de Penitencia lo mejor que sabe, pero con una sola comida ligerita en el estómago y sin haber ni merendado ni cenado, se hace difícil resistirse al olor que desprendían aquellos.

Por lo expuesto, es por lo que no podemos estar orgullosos de esta pasada Semana Santa. El tiempo ha dado este año un respiro, pero casi es mejor que no lo dé… así habrá menos indeseables por las calles y las pocas cofradías que puedan verse, se podrán contemplar de una manera tranquila y relajada.
Fotografías: Fernando de la Cueva

martes, 24 de febrero de 2009

Ya llega, ya vuelve.

Cuando las mañanas frías tornan a simplemente húmedas, cuando los primeros rayos de sol ya no son tímidos, cuando al alba, los vencejos revolotean en las espadañas de San Andrés, Santa Cruz, San Bartolomé o San Juan de la Palma, cuando un reguero de turistas acompaña la soledad temprana de la Inmaculada del Triunfo, cuando las flores depositadas inundan al Cristo de las Misericordias de la Alianza, cuando los templos abren las puertas de par en par desde que sale el sol hasta el ocaso, cuando en las tabernas, el buen tiempo deja comer en las terrazas con ese sabor único de esta época del año, cuando el azahar florece en los naranjos de las calles y plazas más recónditas, hace presagiar que ya llega, ya vuelve como lo venía haciendo cada año, y con este, uno más.

Una vez más volveremos a rondar por el antiguo compás de San Pablo o San Isidoro para ver su traslado cargando con todo el peso de la cruz o ya en ella clavado, volveremos a buscar su mirada en la penumbra de una Iglesia a punto de cerrar en la noche de la víspera, volveremos al Parque para verla de blanco inmaculada o al Convento para ver cómo le cantan rezando las monjas a ese diálogo perfecto, volveremos al compás, esta vez el de la Laguna, para ser testigos del sorteo de la túnica que le arrebatan o a las cercanías de la Plaza que durante el año alberga intensas conversaciones entre cervezas, para ahora en la más muda de ellas, asombrarnos al verlo crucificado.

Una vez más, a la estrechez de Francos a contemplar un Beso o a la tiniebla de Cuna para asistir a un Duelo vivo, volveremos a meternos como podamos en los soportales de Placentines para consolar una Tristeza enlutada con sabor a Costanilla vieja o un Dolor de lo más romántico, una vez más esperaremos sentados frente al Banco para observar una Expiración magistral a la altura. Volveremos, claro que volveremos a ver cómo se cruzan la mirada en el atardecer de la Alianza los dos Cristos de las Misericordias o cómo es abofeteado por la Gavidia, volveremos al Rectorado para recibir la clase magistral sobre una Muerte o a lo lúgubre de Mateos Gago para ver cómo sube Nuestra Madre dolorida, volveremos a los Jardines y a San José para ser iluminados de una luz candelaria.

Volveremos, cómo no, entre tapas de Las Columnas a esperar el refugio de su manto alejándose en busca de Fabiola o en la inmediatez de un Postigo ansioso de caridad torera, volveremos a verlo entre olivos prendido junto al Perdón de una Puerta o entre dragones crucificado en la Alcaicería. Volveremos a verlo con su cruz al hombro, zancada larga y andar de plata por la casa del De la Motilla o siendo descendido de su cruz bajo las cinco angustias de una Madre frente al Archivo de las Indias, volveremos a buscar sus ojos verdes bajo su antiguo palio a la media noche por Rioja o junto a una Fábrica que apagada se muestra ante la victoria de la sencillez y la elegancia.

Como cada año, volveremos a observar en silencio los primeros andares de los Nazarenos de Sevilla, a ver nuestro reflejo en una crestería bizantina con olor veneciano y sabor a inmaculada, volveremos a verla por la Magdalena rodeada de marineros y contramaestres o por Las Dueñas angustiada siguiendo a Su Hijo, volveremos a verlo crucificado con las primeras luces del alba por Zaragoza o andando con su cruz por el Museo con agonía y desgarro, volveremos, llenos de Esperanza, a rezarle por San Juan de la Palma y Feria o a verlo acompasado por San Pedro al son de una trompeta que suena a Saeta. Volveremos, como siempre, a ocultarnos bajo un ruán negro, a ceñirnos con esparto y pasar la tarde y la noche junto a Ellos, volveremos a ver, desde la vista privilegiada de un balcón entre Rioja y Velázquez, sus Tres Necesidades o quizás su llanto amargo junto a una cruz despojada de Su cuerpo que, a lo lejos por San Pablo está expirando, volveremos a verla al otro lado, en un recodo de la calle, junto al río que la empuja hasta llegar a la Calle de Castilla, de donde sale cada año, y volveremos a oír esa conversión del ladrón arrepentido en García de Vinuesa y a amortajar a su confesor entre ciriales por la Alfalfa. Volveremos a Luchana para ver que tras su tercera caída levanta vuelos de eternidad con Simón el de Cirene, y volveremos a ver Plus Ultras dorados colgados de la mano como si fuesen rosarios y así, volveremos a casa por el camino más corto, siempre cubiertos y en absoluto silencio.

Y volveremos, a buscar los últimos resquicios de una semana en Doña María Coronel con un tambor tocando a duelo y un palio servita de cajón. Volveremos a Su Plaza, la de San Lorenzo, a despedirnos de una madre “hasta el año que viene, si Dios quiere” dejándola en la sola compañía de una cruz y las espinas de sus manos.
Volveremos a sentir inexplicables cosas, volveremos a buscar esas miradas nostálgicas como cada año, volveremos a los lugares impregnados del sabor de una memoria que no desengañada por el paso del tiempo, cree que todo será como siempre. Volveremos a intentar reencontrarnos con los que estuvieron y se fueron, en esos momentos que imposibles de separar el recuerdo de un ayer de la viveza de hoy, no nos resignamos a dejarlos en manos de un olvido injusto. Volveremos a intentar regresar a los sitios con la misma gente para hacer tradición de la propia tradición sevillana, volveremos a sentir muy cerca a aquellos que deseosos, aunque lejos de esta tierra, formarán parte de las ausencias.

Ya llega, ya vuelve, y por mucho que queramos, nunca como siempre, el color, el sabor, el olor… todo distinto para una tradición de siglos en el tiempo de la ciudad, de la gente, del alma… llega como siempre para que la vivamos como nunca. Pues a ello nos disponemos. ¡Vivamos la Semana Santa de Sevilla!

jueves, 1 de enero de 2009

Un país en la mochila

Viendo el otro día el telediario de cierta cadena privada, me paré a pensar lo curioso y lo sin igual que somos los españoles. Desde luego, todo el que venga a visitarnos, debe quedar asombrado. No creo demasiado en eso de los tópicos del “olé, olé y olé”, del torito y la flamenca y tantas cosas que hacen que piensen de nosotros que siempre estamos de juerga. Pero si es verdad que “aquí hay gente pa’ to’” y como el anuncio aquel de la ONCE (tengo gambas, tengo croquetas, tengo jamón…), aquí hay crisis, hay chorizos, hay terrorismo, también mucho cabrón… si, si, y encima suelto. “A pesar de esto, ustedes podrán admirar los magníficos monumentos de las ciudades más importantes, podrán darse un refrescante baño en las playas del litoral mediterráneo, podrán degustar la cocina de esta tierra, etc” les dirán en las agencias de viaje a los chinos, japos, gabachos, sudacas y un amplio espectro de obsesos del mochileo y el albergue, siempre con brújula en mano (que no saben que en el Barrio de Santa Cruz, por ejemplo, de poco sirve una brújula). Todo esto sin incluir la picaresca del sablazo que les endiñan con las excursiones que les organizan y veinte mil cagadas más. Así llevan los chinos de las cercanías de la Catedral las caritas que llevan. Pero esto es España, todo es fantástico y nunca pasa na’.

Que hay crisis… ¿Crisis ha dicho usted?, ¿Eso qué es? Suena mal, así que ni caso, y todos los restaurantes y bares abarrotados de gente, y pa’ colmo, salen algunas gordas en el telediario comprando en el mercado y diciendo “yo no me privo de na’ porque comer habrá que comer”. Diga usted que sí señora, ni por salud perdona usted una toma. Que no ganamos para expedientes de regulaciones de empleo… pues todos a la calle a perder el tiempo manifestándonos en vez de buscar trabajo cuanto antes, eso sí… que bien se lo pasan en la manifestación con las banderitas, las pancartas, los pititos que tocan y los de esos otros a los que se los tocan, esos que están en un atasco de tráfico por culpa de los del pitito y el megáfono. Pero como aquí no pasa nunca na’… un día paseamos a las cabras por la Castellana, otro día los motoristas por el Bernabeu y los ciclistas como no van a ser menos, otro día para ellos también, y los de Nissan, y las patronales, y cuando no hay nada, nos lo inventamos recurriendo a los equipos de fútbol (recuérdese la que se liaba en Colón con cada partido de la Selección) o en Andalucía a las Hermandades: que si los aniversarios, las coronaciones, los rosarios de la aurora y los vespertinos, que si los via-crucis, que si los traslados…vaya que el Señor y la Virgen están deseando que llegue la época estival para desahogar la agenda y descansar, que dan más vueltas que el baúl de la Piqué. La cuestión es que siempre hay algo en este país “pa’ enreá”. Todo menos trabajar y “dar golpe”. Si rescatáramos otra vez la ley de vagos y maleantes, no iba a haber cárceles para todos en España.

Entre los mangones comunes, los mangones de rango a imitación de Julián y CIA, los terroristas, los de violencia de género, los rumanos de las joyerías, los violadores, los camellos… íbamos a tener que pedir permiso para respirar. Pero aquí no pasa na’. Julián Muñoz sale de la cárcel y tiene intención de colocarse en un bufete de abogados como asesor en asuntos urbanísticos, qué tío más listo, que siendo sólo un camarero ya ha pasado por alcalde, ha mangado y ahora pretende ser abogado, vamos que ni Julio César con su “Veni, vidi, vici”. No pasa nada, que al falso abogado Rodríguez Menéndez se le expide en una Comisaría un pasaporte tras haberse fugado de la cárcel y nos pegamos un ratito buscándolo, aquí… no pasa nada. Cómo estaremos de bien que Alemania y Japón (2º economía del mundo) han entrado en recesión antes que nosotros, fíjese usted. Hasta hemos financiado una mierda de cúpula con el dinero destinado a la cooperación y el desarrollo, vamos, para darle de comer y beber a los negritos. Es que estamos que nos salimos de la pelleja. Las bolsas mundiales no levantan cabeza, pero nosotros… hombre por Dios, qué cosas dice usted, crisis nosotros. Lo que realmente pasa sólo lo saben unos cuantos, al pueblo eso no le interesa, pero no sabe usted de lo que se entera la gente y lo dominan que no vea. Que si la Raquel Mosquera la han ingresado por loca, que si ar Julián lo han operado y la Pantoja no ha ido a verlo, que si el hijo de la sobrina de la Jurado, que pobrecita, en paz descanse, ahhh y ¿no se han enterado? María del Monte se enteró que estaba embarazada de su sobrino el día antes de la exclusiva, que si la Angelina deja de trabajar porque quiere tener más hijos con er Brad Pitt, normal con lo güeno que está, que si la Esteban sólo habla si le pagan, que si la Campanario ha echado a la suegra de Ambiciones, que qué bien baila Ortega los lunes por la noche en vez de torear, que si la nariz de la Leti, el libro de la Reina discriminando a maricones y tortilleras, que si la boda de la Cayetana de Alba, que si la Martínez Bordiú, la Obregón, los Rivera, el otro, el de la moto… de estas, le dan a usted lecciones magistrales en este país cuando quiera. Además le sorprenderá lo bien formada que está la gente en estas lides, que si se hiciera de esto Carrera, derrochaban las matrículas de honor.

Este es un país de marujas (dícese de aquellas que tras realizar con esmero las labores del hogar, se afanan en el cotilleo de patio de corral de vecino, de ventana a ventana o en el mercado, despellejando, que no desgranando, la actualidad de la prensa rosa), en el que el 15% de la población se encuentra en paro, pero no se asombren, que si el paro no es agudo, muchos incluso hasta lo agradecen para descansar de hacer chapuzas, enredos, de salir del paso y, en definitiva, de nada. Todo lo contrario, más tiempo para ver la tele, el fútbol, las tapitas con los colegas, salir con su parienta, que no con su novia o su mujer… Enciendan la tele, y en el mismo telediario comprobarán la cantidad de tiempo libre de la gente. Un ejemplo: cada vez que informan de una víctima por violencia de género, de lo que sólo interesa el hecho, se apresuran, las marujas colindantes al domicilio de la víctima, en ir a la peluquería más cercana y tras ordenarle a voz en grito un “cusha déjame bien que sargo en el informativo” a la maricona de turno que las peina, se colocan todas las joyas posibles y como si fueran la Macarena bajo palio, se disponen a relatar, de cabo a rabo, la relación que mantenían agresor y agredida.

Así es España, tan dispar como el programa de Labrodeta, venga rápido, no pierda la oportunidad, no se arrepentirá, no se aburrirá, podrá ir a la playa, a la montaña, visitar monumentos, comprobar la picaresca, la sinvergonzonería de su gente decorada con unos modales exquisitos, dieta mediterránea aunque se la claven y termine comiendo por castigo, conozca la noche española, eso sí, tenga cuidadito y manténgase cariñoso y educado en la puerta de los locales, vaya a ser que en vez de hacer el viaje a España, lo hagan al otro mundo, que ese sí que es caro, y le aviso que en ese sector no hay crisis porque nunca faltan los clientes. ¡España, señores, España! ¡La cuna del arte y el duende! Sobre todo para mangar y choricear. Y si no queda satisfecho… le devolvemos… sí, por los cojones.