Quiero entender que ese calificativo sólo intenta hacer r
eferencia a lo que a la vertiente meteorológica se refiere, porque en otros aspectos, dista mucho de merecer ese halago. Una precisión antes de comenzar: Sr. Alcalde, no siga año tras año con la amenaza de no pagar los cánones necesarios para la retransmisión del Pregón, ni quiera monopolizar con su nueva televisión local “Teleliebre” (Por carecer de la documentación necesaria en el Registro correspondiente) la señal que emite las imágenes de la Campana, porque año tras año tendrá que seguir bajándose los pantalones, y no es de recibo que al alcalde de una ciudad como Sevilla, no merecedora del mismo, lo baje de un burro la opinión pública cada primavera.
Dicho esto, son dignas de resaltar las estrafalarias situaciones que he podido presenciar esta Semana Santa por cortesía d
e algunos niñatos, gente mal educada, y otras muchas con los sentimientos demasiado a flor de piel. La semana comenzó bajo un sol de justicia teniendo como protagonista a una “señora” que, ni corta ni perezosa, acusó en plena calle a uno de nosotros de haberle robado su teléfono mientras se encontraba esperando para acceder a los baños de un bar de tapas. No muy discreta en sus maneras, nos asaltó profiriendo todo tipo de injurias en un tono no muy apto para algunos tímpanos. Todo acabó en un desagradable mal entendido, pues aquella encontró su teléfono en el interior de su bolso minutos más tarde. Diga que sí señora… primero acuse de robar a alguien y después busque entre sus pertenencias… sí señor, ese es el orden lógico. Tras esto, y viendo una de las Hermandades del Domingo de Ramos tuve que oír esa horrenda frase… “me encanta cuando bailan el paso así”. La gente no se entera, un paso ni baila ni lo bailan, un paso anda y sólo anda, no hace má
s que andar, bien o mal, pero sólo eso. Claro que viniendo de quien venía, raro es que sólo lo bailaran a su parecer. Atardecía ya en el centro de la ciudad, pero aún me quedaba por presenciar alguna situación más para curarme de espanto. ¿Saben? Ya no me asombro cuando veo que bajo el antifaz una chica lleva pintados los rabillos de los ojos y por las manos le asoman toda la colección de cadenitas y sellos de oros que había en la tienda cuando fue a adquirirlas, pero claro, si así es como se dispone a hacer una Estación de Penitencia, seguro que fue su prima hermana la que, agobiada por el numerito de su novio intransigente, que pretendía salir de una bulla por donde no había hueco, dijo “¡aaayyyyyy Jesúuuuuuu!” a voz en grito cuando el susodicho se puso violento con los que le impedían el paso. Menos mal que para contrarrestar estas cosas siempre queda la Amargura por Sor Ángela haciendo emocionar a quien menos esperas.
El Lunes fue algo más tranquilo en afluencia de público del extrarradio y en las anécdotas que le son propias a éste. Les p
ongo en situación: Cuesta del Rosario a media tarde viendo un paso de misterio que cada año causa más expectación por su forma de andar, que no de bailar. Suena un teléfono, cosa ya habitual en esta ciudad cuando nos encontramos delante de cualquier paso. Coge uno el teléfono desahogadamente, era su hermano que llamaba para informarse del estado de su hijo al que “er tito” se lo había llevado esa tarde “a ver cositas”. Cuando llega el momento de que el padre hable con su hijo, después de haberle comentado su hermano en qué situación se encontraban “aquí tamos, cusha delante der paso, no vea tú cómo viene”, antes de darle el teléfono al hijo mis oídos oyeron lo siguiente: “Ira, ira… olé qué bonito, te paso ar niño pa’ que te comente la jugada”. ¿Desde cuándo el derbi Sevilla-Betis, por decir alguno, se jugaba un Lunes Santo en la Cuesta del Rosario?, ¿de qué jugada hablaba aquel ser? Evidentemente después de oír aquello no lo dudé más, abandoné el lugar.
eferencia a lo que a la vertiente meteorológica se refiere, porque en otros aspectos, dista mucho de merecer ese halago. Una precisión antes de comenzar: Sr. Alcalde, no siga año tras año con la amenaza de no pagar los cánones necesarios para la retransmisión del Pregón, ni quiera monopolizar con su nueva televisión local “Teleliebre” (Por carecer de la documentación necesaria en el Registro correspondiente) la señal que emite las imágenes de la Campana, porque año tras año tendrá que seguir bajándose los pantalones, y no es de recibo que al alcalde de una ciudad como Sevilla, no merecedora del mismo, lo baje de un burro la opinión pública cada primavera.Dicho esto, son dignas de resaltar las estrafalarias situaciones que he podido presenciar esta Semana Santa por cortesía d
e algunos niñatos, gente mal educada, y otras muchas con los sentimientos demasiado a flor de piel. La semana comenzó bajo un sol de justicia teniendo como protagonista a una “señora” que, ni corta ni perezosa, acusó en plena calle a uno de nosotros de haberle robado su teléfono mientras se encontraba esperando para acceder a los baños de un bar de tapas. No muy discreta en sus maneras, nos asaltó profiriendo todo tipo de injurias en un tono no muy apto para algunos tímpanos. Todo acabó en un desagradable mal entendido, pues aquella encontró su teléfono en el interior de su bolso minutos más tarde. Diga que sí señora… primero acuse de robar a alguien y después busque entre sus pertenencias… sí señor, ese es el orden lógico. Tras esto, y viendo una de las Hermandades del Domingo de Ramos tuve que oír esa horrenda frase… “me encanta cuando bailan el paso así”. La gente no se entera, un paso ni baila ni lo bailan, un paso anda y sólo anda, no hace má
s que andar, bien o mal, pero sólo eso. Claro que viniendo de quien venía, raro es que sólo lo bailaran a su parecer. Atardecía ya en el centro de la ciudad, pero aún me quedaba por presenciar alguna situación más para curarme de espanto. ¿Saben? Ya no me asombro cuando veo que bajo el antifaz una chica lleva pintados los rabillos de los ojos y por las manos le asoman toda la colección de cadenitas y sellos de oros que había en la tienda cuando fue a adquirirlas, pero claro, si así es como se dispone a hacer una Estación de Penitencia, seguro que fue su prima hermana la que, agobiada por el numerito de su novio intransigente, que pretendía salir de una bulla por donde no había hueco, dijo “¡aaayyyyyy Jesúuuuuuu!” a voz en grito cuando el susodicho se puso violento con los que le impedían el paso. Menos mal que para contrarrestar estas cosas siempre queda la Amargura por Sor Ángela haciendo emocionar a quien menos esperas.El Lunes fue algo más tranquilo en afluencia de público del extrarradio y en las anécdotas que le son propias a éste. Les p
ongo en situación: Cuesta del Rosario a media tarde viendo un paso de misterio que cada año causa más expectación por su forma de andar, que no de bailar. Suena un teléfono, cosa ya habitual en esta ciudad cuando nos encontramos delante de cualquier paso. Coge uno el teléfono desahogadamente, era su hermano que llamaba para informarse del estado de su hijo al que “er tito” se lo había llevado esa tarde “a ver cositas”. Cuando llega el momento de que el padre hable con su hijo, después de haberle comentado su hermano en qué situación se encontraban “aquí tamos, cusha delante der paso, no vea tú cómo viene”, antes de darle el teléfono al hijo mis oídos oyeron lo siguiente: “Ira, ira… olé qué bonito, te paso ar niño pa’ que te comente la jugada”. ¿Desde cuándo el derbi Sevilla-Betis, por decir alguno, se jugaba un Lunes Santo en la Cuesta del Rosario?, ¿de qué jugada hablaba aquel ser? Evidentemente después de oír aquello no lo dudé más, abandoné el lugar. El Martes se produjo algo insólito hasta el momento, a hora bien temprana de la tarde, una pareja de nazarenos de ruán se dirigía hacia la Iglesia. Al adela
ntarnos, un teléfono comienza a sonar, no siendo ninguno de los nuestros el que emitía aquella musiquita. Al hermano nazareno de Hermandad seria o de negro: Se ruega al hermano que le sea imprescindible portar consigo su teléfono durante la Estación de Penitencia, lo apague o lo disponga en modo silencioso ¡Qué menos! A media tarde, dos señoras del barrio de la Calzada esperaban a mi lado, en la confluencia de las calles Lanza y Santiago, a que apareciera el paso de Misterio de San Benito. Se asoman la primera pareja de ciriales, la segunda… “Encarni… yo no puedo ver esto, es que me emociono” decía Toñi mientras se le escapaban las primeras lágrimas. “Tranquila Toñi, tranquila…” le contestaba su interlocutora. Iban dejándose ver por la esquina los candelabros de guardabrisas… pero fue aparecer tras la señal de tráfico Pilatos y empezó la señora a llorar a moco tendido, tanto, que no pudo esperar a que la mano extendida de Pilatos presentara al Señor a la gente allí congregada
, se marchó. Señora, menos mal que sólo asomó la cabeza por la esquina Pilatos, que si llega a asomarla el romano que va en la trasera se nos desmaya. Pero aún la mejor de las anécdotas de aquel día estaba por ocurrir. Llegamos a los últimos metros de la calle Mateos Gago antes de la hora en la que en los programas se había fijado la entrada de Santa Cruz. Cogimos un buen sitio, junto al dintel de la puerta, en plena rampa. El sitio era privilegiado, eso mismo debió pensar un cariñosísimo señor de unos cuarenta o cincuenta años con síndrome de down, que venía de tomarse un bocadillo con una cerveza, según nos contó. Aquella era su Hermandad y muy atento, nos explicó de cabo a rabo la misma. No quedándose tranquilo con su explicación y, al observar, que los que se encontraban bajo nosotros, en los escalones de la fachada de la Iglesia, no dejaban de hacer numerosas estupideces impropias de su edad, les llamó la atención hasta tal punto que esperaba con gran ansia la llegada de los antidisturbios. Estos se demoraban y en la rampa se apilaba la gente que quería cruzar hacia el otro lado de la calle. Este señor, ni corto ni perezoso, se erigió en simpático regulador de paso y
despejó la rampa en pocos minutos, lo que le mereció la ovación de todo el público allí congregado, que no cesó en sus aplausos hasta que éste saludó al respetable, cual torero en la Maestranza tras una buena faena.
Como todas las noches, los de Lipasam cumplieron su cometido eficazmente, y la madrugada del Martes al Miércoles no iba a ser menos. En la plaza de la Alianza no cabía un alfiler aquella tarde, todo abarrotado salvo un pequeño hueco en primera fila, junto a la fuente. Al llegar y percatarnos, era un charco el que ocupaba tan privilegiado lugar. Aún así, permanecimos allí, saliendo indemnes de la marea de empujones que, a menudo, nos acercaban peligrosamente al agua. Cómo sería aquella escena que los antidisturbios que precedían a los pasos, nos miraban como diciendo: “por el charco te vas a salvar”. Menos gracioso es el hecho dantesco que protagonizaron varios niñatos junto a la Catedral tras pasar por allí el Palio del Baratillo. Comenzaron a gastarse bromitas de las suyas, más pesadas de las habituales y terminaron tirándose botellas de cristal a la cabeza. Más de un collejazo les daba yo
a esta gente y no tanta Educación para la Ciudadanía, y más de una multa pondría yo a todos aquellos propietarios de letreros de neón que colocados en sitios claves en esta semana, continúan encendidos al paso de las cofradías, no hay derecho. Quizás ese dinero podría destinarse a aumentar la recaudación, que parece algo floja, del azulejo de la Iglesia de San Pedro y su gorrión escondido… que todo el mundo lo busca, pero olvidan intencionadamente la segunda parte de la leyenda; la limosna en la ranurita, bajo el azulejo, al efecto.
Ya es tradicional el aumento de público durante el Jueves Santo y la Madrugada, pero eso no justifica la mala educación en las bullas, y mucho menos molestar conscientemente a los que realizan su Estación de Penitencia amparados en que aguantarlos a ellos forma parte de esa penitencia a la que se prestan voluntariamente. No señor, el penitente de Pasión no tiene por qué aguantar a seres despreciables como usted, que le golpeen, que le muevan la cruz, que no respeta al prójimo y que cuando se le increpa por ello, apela usted a la penitencia y a la caridad cristiana, tal y como a usted le place entenderla. Sólo espero que no haya muchos cristianos como usted en este mundo. Tampoco es de recibo, salvo que sea absolutamente innecesario, cruzar la hilera de nazarenos de un lado a otro. Claro que el que se arriesga, puede terminar sufriendo algún percance, como el de aquel niño que terminó con toda la cara llena de cera ardiendo, precisa
mente por cruzar por donde no se debe. Seguro que ya ha aprendido la lección. Pero si es que, de nada sirve en esta ciudad una queja. Fíjense, aquella Madrugada del 2000, carreritas arriba y abajo. Nueve años después… otra vez. Da igual que el Palio del Calvario vaya camino de la plaza de la Magdalena, se corre y se grita sí o sí. ¡Qué vergüenza! ¿Era necesario apuñalar a alguien?, ¿No podía haberse dejado la trifulca para otro día? Claro que si acudimos a ver la entrada del Silencio porrito en mano, luego ocurre el resto. ¿Por qué no te fumas el porrito en tu casa niñato? Si a ti verdaderamente esto de la Semana Santa ni te va ni te viene, ¿por qué no dejas de ser masoquista, dejas de ver lo que no te gusta, de molestar, y te quedas en tu casita? Allí, si quieres, puedes ponerte hasta la bandera de todo aquello que te metas habitualmente.
Para terminar, una sola petición: Hágame el favor, buen hombre, de no sacarme el próximo Viernes Santo sobre las 22:00h. del Bar Cat
unambú la bandeja de montaditos para los niños, no sea cruel, no me la pase por delante, que uno intenta por todos los medios hacer su Estación de Penitencia lo mejor que sabe, pero con una sola comida ligerita en el estómago y sin haber ni merendado ni cenado, se hace difícil resistirse al olor que desprendían aquellos.
Por lo expuesto, es por lo que no podemos estar orgullosos de esta pasada Semana Santa. El tiempo ha dado este año un respiro, pero casi es mejor que no lo dé… así habrá menos indeseables por las calles y las pocas cofradías que puedan verse, se podrán contemplar de una manera tranquila y relajada.
ntarnos, un teléfono comienza a sonar, no siendo ninguno de los nuestros el que emitía aquella musiquita. Al hermano nazareno de Hermandad seria o de negro: Se ruega al hermano que le sea imprescindible portar consigo su teléfono durante la Estación de Penitencia, lo apague o lo disponga en modo silencioso ¡Qué menos! A media tarde, dos señoras del barrio de la Calzada esperaban a mi lado, en la confluencia de las calles Lanza y Santiago, a que apareciera el paso de Misterio de San Benito. Se asoman la primera pareja de ciriales, la segunda… “Encarni… yo no puedo ver esto, es que me emociono” decía Toñi mientras se le escapaban las primeras lágrimas. “Tranquila Toñi, tranquila…” le contestaba su interlocutora. Iban dejándose ver por la esquina los candelabros de guardabrisas… pero fue aparecer tras la señal de tráfico Pilatos y empezó la señora a llorar a moco tendido, tanto, que no pudo esperar a que la mano extendida de Pilatos presentara al Señor a la gente allí congregada
, se marchó. Señora, menos mal que sólo asomó la cabeza por la esquina Pilatos, que si llega a asomarla el romano que va en la trasera se nos desmaya. Pero aún la mejor de las anécdotas de aquel día estaba por ocurrir. Llegamos a los últimos metros de la calle Mateos Gago antes de la hora en la que en los programas se había fijado la entrada de Santa Cruz. Cogimos un buen sitio, junto al dintel de la puerta, en plena rampa. El sitio era privilegiado, eso mismo debió pensar un cariñosísimo señor de unos cuarenta o cincuenta años con síndrome de down, que venía de tomarse un bocadillo con una cerveza, según nos contó. Aquella era su Hermandad y muy atento, nos explicó de cabo a rabo la misma. No quedándose tranquilo con su explicación y, al observar, que los que se encontraban bajo nosotros, en los escalones de la fachada de la Iglesia, no dejaban de hacer numerosas estupideces impropias de su edad, les llamó la atención hasta tal punto que esperaba con gran ansia la llegada de los antidisturbios. Estos se demoraban y en la rampa se apilaba la gente que quería cruzar hacia el otro lado de la calle. Este señor, ni corto ni perezoso, se erigió en simpático regulador de paso y
despejó la rampa en pocos minutos, lo que le mereció la ovación de todo el público allí congregado, que no cesó en sus aplausos hasta que éste saludó al respetable, cual torero en la Maestranza tras una buena faena.Como todas las noches, los de Lipasam cumplieron su cometido eficazmente, y la madrugada del Martes al Miércoles no iba a ser menos. En la plaza de la Alianza no cabía un alfiler aquella tarde, todo abarrotado salvo un pequeño hueco en primera fila, junto a la fuente. Al llegar y percatarnos, era un charco el que ocupaba tan privilegiado lugar. Aún así, permanecimos allí, saliendo indemnes de la marea de empujones que, a menudo, nos acercaban peligrosamente al agua. Cómo sería aquella escena que los antidisturbios que precedían a los pasos, nos miraban como diciendo: “por el charco te vas a salvar”. Menos gracioso es el hecho dantesco que protagonizaron varios niñatos junto a la Catedral tras pasar por allí el Palio del Baratillo. Comenzaron a gastarse bromitas de las suyas, más pesadas de las habituales y terminaron tirándose botellas de cristal a la cabeza. Más de un collejazo les daba yo
a esta gente y no tanta Educación para la Ciudadanía, y más de una multa pondría yo a todos aquellos propietarios de letreros de neón que colocados en sitios claves en esta semana, continúan encendidos al paso de las cofradías, no hay derecho. Quizás ese dinero podría destinarse a aumentar la recaudación, que parece algo floja, del azulejo de la Iglesia de San Pedro y su gorrión escondido… que todo el mundo lo busca, pero olvidan intencionadamente la segunda parte de la leyenda; la limosna en la ranurita, bajo el azulejo, al efecto.Ya es tradicional el aumento de público durante el Jueves Santo y la Madrugada, pero eso no justifica la mala educación en las bullas, y mucho menos molestar conscientemente a los que realizan su Estación de Penitencia amparados en que aguantarlos a ellos forma parte de esa penitencia a la que se prestan voluntariamente. No señor, el penitente de Pasión no tiene por qué aguantar a seres despreciables como usted, que le golpeen, que le muevan la cruz, que no respeta al prójimo y que cuando se le increpa por ello, apela usted a la penitencia y a la caridad cristiana, tal y como a usted le place entenderla. Sólo espero que no haya muchos cristianos como usted en este mundo. Tampoco es de recibo, salvo que sea absolutamente innecesario, cruzar la hilera de nazarenos de un lado a otro. Claro que el que se arriesga, puede terminar sufriendo algún percance, como el de aquel niño que terminó con toda la cara llena de cera ardiendo, precisa
mente por cruzar por donde no se debe. Seguro que ya ha aprendido la lección. Pero si es que, de nada sirve en esta ciudad una queja. Fíjense, aquella Madrugada del 2000, carreritas arriba y abajo. Nueve años después… otra vez. Da igual que el Palio del Calvario vaya camino de la plaza de la Magdalena, se corre y se grita sí o sí. ¡Qué vergüenza! ¿Era necesario apuñalar a alguien?, ¿No podía haberse dejado la trifulca para otro día? Claro que si acudimos a ver la entrada del Silencio porrito en mano, luego ocurre el resto. ¿Por qué no te fumas el porrito en tu casa niñato? Si a ti verdaderamente esto de la Semana Santa ni te va ni te viene, ¿por qué no dejas de ser masoquista, dejas de ver lo que no te gusta, de molestar, y te quedas en tu casita? Allí, si quieres, puedes ponerte hasta la bandera de todo aquello que te metas habitualmente.Para terminar, una sola petición: Hágame el favor, buen hombre, de no sacarme el próximo Viernes Santo sobre las 22:00h. del Bar Cat
unambú la bandeja de montaditos para los niños, no sea cruel, no me la pase por delante, que uno intenta por todos los medios hacer su Estación de Penitencia lo mejor que sabe, pero con una sola comida ligerita en el estómago y sin haber ni merendado ni cenado, se hace difícil resistirse al olor que desprendían aquellos.Por lo expuesto, es por lo que no podemos estar orgullosos de esta pasada Semana Santa. El tiempo ha dado este año un respiro, pero casi es mejor que no lo dé… así habrá menos indeseables por las calles y las pocas cofradías que puedan verse, se podrán contemplar de una manera tranquila y relajada.
Fotografías: Fernando de la Cueva


