lunes, 22 de noviembre de 2010

Entrevista con WENDY MOTEN

Nació en Memphis, Tennessee, lugar de grandes estrellas como Elvis, Isaac Hayes, BB King, Al Green y tantos otros. Su voz fluida y elegante le ha permitido grabar tres discos. Su carrera comenzó con un gran éxito Billboard “Come in out of the rain” (Que podemos oír en esta web), en 1995, con el lanzamiento de su segundo álbum producido por David Foster y Michael Powell, cosechó las mejores críticas en los Estados Unidos con el tema “Forever yours” (Que podemos oír en esta web). Ese mismo año, cosechó grandes éxitos hasta en el mercado Japonés.

Ha sido nominada a los Grammy por “Whatever you imagine” (Que podemos oír en esta web), conocido tema utilizado por Disney en sus películas. Con su tercer álbum, pudo expresar su preocupación por la discriminación racial y la intolerancia social. En las Navidades pasadas, lanzó su último trabajo de canciones navideñas producido por ella misma, con la colaboración de Clay Perry.

Además, Wendy ha grabado duetos con Stevie Wonder, Peabo Bryson y Michael McDonald entre otros. Desde finales de los ’90, acompaña a Julio Iglesias en sus Giras como parte de su espectáculo musical.

Wendy Moten, la cantante norteamericana que cada noche, con Julio Iglesias en el escenario, nos deja boquiabiertos con su voz y su estilo únicos, ha tenido la amabilidad de concedernos esta entrevista, donde nos habla de sí misma, de su carrera y de Julio.



Wendy ¿Cómo te definirías?

Soy apasionada.

¿Cuáles son tus hobbies?

Me encanta viajar, leer libros de Historia y también sobre acontecimientos actuales.

¿Cómo empezaste en el mundo de la música?

Comencé a cantar en la Iglesia cuando tenía 7 años. Fue mi primera audiencia. Me apoyaron mucho y me dieron mucho cariño.

Conociendo bien este mundo, ¿Podrías decirme cuál es el precio del éxito?

Uno de los mayores sacrificios es estar lejos de la gente que quieres. Pero la pasión por la música no la puedes controlar, te domina y no puedes elegir. El mundo de la música no es para cualquiera, no es fácil triunfar, y ello requiere ser fuerte y renunciar a muchas cosas. No poder ver mucho a mi familia, a mi novio… es el precio, pero él es un gran músico y me entiende, gracias a Dios.

Justo hace un año has producido tu propio álbum, ¿Cómo surgió la idea de hacer un disco de Navidad? (Algunos de los temas pueden oírse en esta web)

Yo tenía un contrato con EMI y no había tenido nuevos proyectos desde hacía tiempo. Quería ver si yo era capaz de producir mi música y qué nivel de creatividad tenía. Me encontré con Clay Perry, un talentoso músico que actualmente es el pianista y el teclado de Julio Iglesias, para el que también trabajo. Hablé con él y quiso colaborar conmigo en este proyecto tan especial. Tenía muchísimas ideas musicales en la cabeza y él estaba dispuesto a materializarlas.

Y después de todo, tantos éxitos, tantos años… ¿Qué te queda por hacer en este mundo tan complicado?

Estoy escribiendo buenas canciones y me estoy haciendo productora. Además tengo un estudio de grabación en mi casa para poder crear canciones durante más tiempo. Grabo también, a veces, anuncios comerciales para TV y radio, sobre todo aquí en Nashville. Además, la pasada Navidad edité mi primer álbum arreglado y producido por mi… no he parado de hacer música, ya sea para mí o para otros artistas. Pero aún me queda tanto por hacer, que creo que estoy empezando.



Has colaborado durante todos estos años con muchos artistas, pero quizás sea Julio Iglesias con el que mantienes más ese vínculo continuo, compartiendo escenario noche tras noche… ¿cómo empezaste a trabajar con él?

Creo que por esas cosas del destino. Yo estaba cantando en un bar y se me acercó un señor que trabajaba para Julio y me dijo que le gustaba mi voz, y que si Julio comenzaba un casting para buscar cantantes, que me llamarían. Lo hizo siete años más tarde, fue un milagro. Además, en esos momentos, cuando me llamó Daniel Abbote para hacer una audición para Julio, mi contrato con EMI ya había terminado, así que dije “por supuesto”. Era la oportunidad de aprender con una leyenda viva y no podía decir que no.

Dime una cosa, ¿Qué se siente en un escenario para que la música se convierta en algo adictivo?

Antes del show, siempre me siento un poco nerviosa, hasta que oigo la música. Cuando entro en el escenario, el miedo se va. Durante el espectáculo, tenemos que prestar mucha atención, a Julio le gusta ser espontáneo y creativo, así que tenemos que estar atentos para mantener su creatividad. Eso nos hace mejores músicos. Después del espectáculo, sólo un “Gracias a Dios que todo ha salido bien”.

¿Qué es lo que el público no ve? Preparar un tour no debe ser fácil.

Unas pruebas de sonido y unos ensayos eternos, pero son necesarios. Él quiere que seamos los mejores en todo momento, incluso cuando es complicado. Él también sigue esta regla.

Gracias a esos tour mundiales… conocerás ya medio mundo…

Acabaría antes diciendo dónde no he estado. He estado en toda América (norte y sur), en toda Europa, Asia, Norte y Sur de África, Australia, Rusia, y muchos más....

Después de tantos lugares, ¿Qué no puedes olvidar?

En todos los lugares del mundo tengo anécdotas, experiencias...Hace un par de semanas tuve el honor de actuar frente a las pirámides de Giza, en Egipto. Fue increíble, estoy dentro de ese pequeño porcentaje de personas que han tenido esa experiencia. Estoy tan feliz…

La gente que te oye cantar cada noche con Julio, te ha llegado a comparar con Celine Dion, Diana Ross, Withney Houston…

No tengo problemas con las comparaciones.

¿Qué le dirías a aquellos que cada noche se emocionan con tu “All of you” junto a Julio?

Darle las gracias a toda la gente que me ha seguido durante todos estos años. Gracias por su amabilidad y sus aplausos.

Tu cantas con Julio “All of you”, tema que él grabara en su día con Diana Ross… pero, ¿Cuál es tu canción preferida de Julio?

Hay tantas que no me podría quedar sólo con una. Pero yo diría “Caruso”. Cuando la canta, lo hace para sí mismo, es increíble ese momento. Cada noche la canta y cada noche es diferente. Intenta llegar al alma de la gente.

Wendy, profesionalmente hablando, tu conoces a Julio como pocos… cuéntame algo divertido.

Cuando levanta los brazos durante el show y empieza a mover la cadera. Tu ya sabes que va a ser divertido lo que ocurra.

En el álbum “Romantic Classics” Julio ha decidido cantar contigo “Just walk away” (que podemos oír en esta web), ¿qué ha significado para ti?

Ese fue un momento increíble para mí. Tener una grabación de tu voz con una leyenda viva, Julio Iglesias, para la Historia! Es otro de sus grandes regalos. La oigo de vez en cuando y me maravillo de su voz y la forma icónica que tiene y cuando llega mi parte de la canción… no puedo creerlo. Fue un honor para mí poder grabar con él.



Bueno, por todo lo que cuentas, tu vida es de sueño… ¿te queda alguno por cumplir?

He sido capaz de vivir una vida de ensueño haciendo algo que me encanta. He viajado por el mundo, he tenido mi propia carrera solista con Major Record Company. He grabado duetos con artistas increíbles como Julio Iglesias, Michael McDonald, Peebo Bryson, Whalum Kirk, y muchos más…
He grabado en cientos de CDs para otros artistas y numerosas bandas sonoras de películas, cientos de programas de TV y Tours con otros artistas como Faith Hill y Tim McGraw y muchos más en todo el mundo.

TODO UN SUEÑO HECHO REALIDAD!!!!!!

Para terminar Wendy, algo especial en tu vida…

Tres cosas son muy especiales para mí:

1. Encontrar a Julio y que me encontrara. He podido viajar por todo el mundo y ver muchas cosas con mis propios ojos. Es muy adictivo y siempre hay algo nuevo que aprender. Es el mejor regalo de mi vida.

2. Tengo un hombre excepcional en mi vida, mi novio, que siempre me ha apoyado en mi trabajo y en mi vida, y me permite ser libre y triunfar en todo lo que haga. Le estoy muy agradecida y lo quiero tanto por eso.

3. Mi familia es fantástica. Mis padres y mis hermanos me han dado siempre un cariño y apoyo increíble e incondicional, que, a veces, cuando lo pienso, me hace llorar. Me ayudan a saber quien soy, son muy especiales para mí.

Un deseo para el 2011.

Sólo llegar a la meta que tengo en mi vida.

Sólo desearte los mayores éxitos en tu carrera y agradecerte enormemente tu tiempo. Muchísimas gracias Wendy.

Gracias a ti Fernando.

***Para más información sobre Wendy Moten: http://www.wendymoten.com/***

martes, 8 de junio de 2010

Código de Conducta

Queramos o no, nuestra vida se compone de etapas, más largas o quizás cortas, suponiendo un cambio, suponiendo miedo a lo desconocido, llevando consigo inseguridad y añorando momentos que se han ido. Sólo hace falta echar la vista atrás para que el paso de la vida escolar a la universitaria, de ésta a la laboral, los noviazgos, los matrimonios, aquel trabajo… lleve aparejado un cambio de ritmo en nuestra vida.

Es curioso hasta un punto, observar cómo nuestro comportamiento ante las diferentes situaciones de esas etapas va cambiando. Situaciones similares jamás las afrontaremos de igual manera en tiempos distintos, precisamente porque nosotros, fundamentalmente nosotros, somos los que cambiamos. Lo hacemos porque aprendemos aquello que no hay escuela que enseñe. La mejor y única maestra es la vida misma, que se sirve de sus circunstancias para hacernos madurar, para hacer que lo que antes nos suponía gran esfuerzo o pánico, ahora forme parte de nuestra cotidianidad, afrontándolo con la naturalidad que da el saber. Es la vida la que nos enseña, error tras error, a no volver a caer en ellos, la que nos ayuda a levantarnos cuando nos caemos porque las cartas vienen mal dadas, la que nos hace ver que sólo emborracha lo mal bebido, que para ganar una vez hay que perder antes otras tantas, que el éxito mal asimilado no es más que un gran fracaso… Todo esto nos lleva a conclusiones cuasi dogmáticas: el grado de madurez de una persona no depende del tiempo transcurrido sino de las vivencias que le hayan acontecido, que cada cual es responsable máximo de las acciones que van conformando su vida, para las que se requiere responsabilidad y coherencia entre actos realizados y principios que se asumen como propios, que cada uno debe afrontar su vida en función de las circunstancias que le toque vivir y alcanzar su propio éxito…

¿Quién dijo que la vida fuese un camino de rosas? No es más que una gran injusticia. El sólo hecho de nacer es injusto en cuanto al dónde. Nadie nos pregunta si queremos o no nacer, y mucho menos dónde. Nacer sano y fuerte es sólo privilegio de unos pocos, poder acceder a una u otra calidad de educación es pieza clave para el desarrollo personal y no todos tenemos acceso a la calidad deseada. Encontrar un trabajo acorde con tu cualificación es una suerte, la de estar en el sitio concreto en el momento justo para que se decidan por ti y no por otro. Conocer a la persona que te comprenda, te quiera y te haga ser feliz para tener la seguridad de compartir tu vida con ella es el mayor tesoro por descubrir. Son estas circunstancias las que, en cada caso, deben afrontarse para conseguir el mayor progreso personal y la felicidad terrenal posible. Los perdedores siempre han existido, pero los que pudiendo ganar, pierden… es por no aprovechar de manera adecuada las oportunidades que nos otorga la vida.

Hay que tener en cuenta que nuestro éxito personal en esta vida no está reñido con la tenencia de mayor o menor fortuna dineraria y aún menos con un progreso laboral extraordinario. Al igual que estos condicionantes pueden ayudar en la consecución del éxito, también son fuertes perversiones para alcanzarlo. Todo depende de uno mismo. Una fortuna mal administrada nos convierte en derrochadores, caprichosos, insaciables, nos hace perder el valor real de las cosas, lo que de sentimental hay en ellos, nos sume en el materialismo más despreciable. Un ascenso mal interiorizado nos hace déspotas, inhumanos, desconsiderados, avariciosos, egoístas, olvidados en otros aspectos, despreocupados por otros asuntos, nos absorbe en tal medida que terminamos viviendo para trabajar y no trabajando para vivir.

La vida nos va enseñando que los excesos siempre son perjudiciales, que las caídas son buenas si aprendemos de ellas y que en definitiva, todo depende de nuestros valores, nuestros principios y nuestra disposición en cada momento. Es muy humana la comparación práctica, sobre todo de nuestros semejantes, y tan humana como esto, es tener un ideal de persona a quien parecerse. Pero no nos engañemos, “cada uno es cada uno”, y por mucho que intentemos alcanzar ese ideal, jamás lo conseguiremos porque nadie es igual a otro. ¿Por qué ese empeño en querer ser como otro, en conseguir lo que no tendremos? Lo prioritario es conocernos a nosotros mismos, ser conscientes de nuestras virtudes y estar alertados de nuestros defectos para poder actuar con la máxima promoción de las primeras y aminoración de los segundos. No es fácil, evidentemente no lo es, pero en esta vida nada es gratis. Llegar a ser la clase de persona que uno quiere cuesta, a veces toda una vida, o incluso morimos sin haberlo conseguido. Sacar en toda circunstancia lo mejor de uno mismo no es cosa de dos días, supone un gran esfuerzo y sacrificio.

A veces te darás cuenta de que esa o aquella vez no actuaste como debías, o incluso serás consciente de esto en el mismo momento en que sucede, no haciendo nada para evitarlo. La vergüenza o el arrepentimiento posterior es una pérdida de tiempo, lo hecho, hecho está y no hay vuelta atrás. No debemos juzgarnos a nosotros mismos de una manera destructiva sino de forma pedagógica y constructiva. No perderemos el tiempo si del error aprendemos y en una circunstancia similar futura somos capaces de alertar nuestra conciencia para evitar otro fracaso. Debemos ser estrictos con nuestro comportamiento mas no implacables, pues de eso ya se encarga la gente que reduce su vida a la crítica. Nuestro sentido de la responsabilidad y coherencia en nuestras acciones son una garantía de éxito en nuestra vida diaria, pero debemos acompañarlas de elevadas dosis de humildad para evitar la presunción comparativa que alimenta nuestro ego. La línea entre el éxito y el fracaso es sumamente delgada y desenvolvernos a cada momento tal y como se espera de nosotros es honroso si de ello no se presume, pues le haría perder el valor que pudiera tener. El triunfo se encuentra en aquellas obras en las que nadie conoce el esfuerzo requerido ni su autor se recrea en la magnificencia de la misma.

El único juez de la vida es el tiempo. A cada uno le otorga su sitio, a cada uno le da lo que merece, a cada cual estima o castiga según sus actos, sabiendo que no hay dos oportunidades en cada momento. La enmienda de lo mal hecho sólo es posible a un tiempo más tarde mediante el reconocimiento y la disculpa. La satisfacción callada de lo bien hecho nos acorta la distancia hacia la gloria. La nostalgia melancólica por lo pasado no es más que una quimera irrepetible. La tortura de conocer las explicaciones que no se nos dieron sólo mina nuestra fortaleza para afrontar el futuro.

Todo cambia a cada momento. Debemos considerar la posibilidad de que lo bueno se torne malo, que lo que antes nos hacía felices puede que hoy nos canse, que aquello que nos ilusionaba es posible que hoy nos produzca desgana, quizás porque ya no somos los mismos que antes. Nuestra felicidad es caprichosa y cambiante, pero hasta ésta podemos dominarla.

La nuestra debe basarse en la sencillez de apetencias, el optimismo de espíritu y la entrega real al prójimo. La primera nos produce la satisfacción plena a costa de poco esfuerzo, ejercitar un conformismo generoso nos hace disfrutar más con las pequeñas cosas de esta vida, mantener una ilusión desmedida por cosas cotidianas nos puede hacer permanentemente felices si a poco que se haga lo valoramos como el más preciado regalo. Lo segundo debemos practicarlo para afrontar situaciones adversas, para saber otorgar a cada cosa la importancia que realmente tiene y que no nos mantenga ocupados más que el tiempo necesario. Así, haciendo de lo positivo de las cosas nuestro único punto de vista aceptaremos nuestras derrotas si un sólo lamento y con el esfuerzo preciso las convertiremos en victorias, cuando la vida nos ponga a prueba podremos responder del modo debido, cuando todo se destroce tendremos la fuerza suficiente para volver a comenzar, porque con optimismo conseguiremos sorprendernos llegando más lejos de lo que pensábamos. Y lo que es más importante, habremos estado tanto en la miseria como en la gloria y habremos aprendido la relatividad de los dos extremos, según con los ojos que se miren, aprendiendo a perder a y ganar. La tercera, se antoja fundamental para nuestro desarrollo personal. No podemos pasar por esta vida teniéndonos a nosotros mismos como único objetivo, el interés hacia los demás, la generosidad y la procura de todo aquello que se sabe que gusta o necesita el prójimo nos hace desprendidos, entregados y conscientes de que llegados a un punto, produce más satisfacción dar que recibir, que sólo la ilusión en las miradas es más que suficiente para compensar los esfuerzos realizados, y en definitiva, nos ayuda a comprender que parte de nuestra felicidad se encuentra en la felicidad de la gente que queremos.

Desde otro punto de vista, la entrega al prójimo también se manifiesta en valores tales como la paciencia, que nos hace pasar por alto todo aquello que carece de la importancia suficiente para reprocharse; la prudencia, que nos contiene antes de herir a nadie con nuestras palabras o actos sin dejar de ser por ello audaces en los planteamientos; el perdón incondicional, que nos mitiga la rabia y nos impide la crueldad con quienes queremos por grande que sea el daño que nos causen, incluso a veces, tendremos que perdonarnos a nosotros mismos por actuar bajo el dictado de los impulsos y no guiados por los principios y valores en los que creemos; la buena fe en los pensamientos, para no juzgar a nadie precipitadamente ni con la severidad de su peor enemigo; el amor y consideración desmedidos, para que cuando nada de ti se espere en momentos complicados, te redescubran y sientan tu cercanía, apoyo, cariño y fidelidad a pesar de los desencuentros acontecidos y el enfriamiento que ocasiona la distancia; la delicadeza, para tratar a cada uno como mejor sepamos, entendiendo sus virtudes y defectos y evitando las comparaciones carentes de sentido, pues no somos comparables puesto que ninguno somos iguales.

La persona acertada a nuestro lado, aunque no lo percibamos, puede aportarnos aquello de lo que carecemos, puede aminorar nuestros defectos y sobre todo nos proporcionará la seguridad que da el saberse querido, sentirse importante para alguien que, pase lo que pase, siempre permanecerá a nuestro lado incondicionalmente. A esa persona no sólo deberemos respetarla siempre tal como es, sin pretender cambiarla, sino que también la aprenderemos a entender porque la queremos; haremos todo lo que esté en nuestra mano para demostrarle nuestro cariño sin necesidad de hartar ni alabar en demasía; seremos pacientes cuando quizás no sintamos un cariño mutuo, precisamente porque el que no podamos sentirlo no significa que efectivamente no nos quieran; perdonaremos siempre por justicia, teniendo muy presente que al igual que hay cosas en ella que puede no gustarnos, incluso molestarnos, a esa persona le ocurrirá lo mismo con respecto a nosotros; cederemos y nos sacrificaremos hasta en lo más insignificante, porque lo existente entre dos personas no puede ser nunca egoísta y menos para mayor gloria del ego personal de uno de los dos.

También evitaremos hablar de lo que sabemos que puede preocupar a esa persona, porque lo último que debemos hacer es causarle amargura; no reprocharemos más que lo que consideremos de una importancia relevante, porque las discusiones no son buenas compañeras de las relaciones duraderas; seremos prudentes a pesar de la confianza que otorga una relación, pues la cercanía y cariño de la otra persona no es un cheque en blanco para dañar sus sentimientos aunque nuestra conciencia no advierta esa posibilidad; no deberá conocer nunca aquellos obstáculos que se interpongan y que podamos solucionar nosotros mismos sin necesidad de transmitírselos; aprenderemos a consolar a esa persona cuando todo se le torne gris y la ayudaremos a levantarse cuando se caiga, siendo conscientes que, aunque de cosas banales se trate, será suficiente para nuestra total dedicación que ella se considere ofendida, desanimada o decepcionada; procuraremos el optimismo y la alegría, porque la sonrisa es eficaz mientras que la tristeza aburre y cansa. Pero por encima de todo, confiaremos ciegamente en esa persona, porque las dudas, las intrigas, los celos, las sospechas… nunca han casado bien con las relaciones verdaderas. La compañía de una persona se desea para ser feliz con ella y es esto mismo lo que debemos procurar en ella.

Las relaciones de amistad son otro de los pilares fundamentales que afectan directamente a nuestra personalidad. Sólo con el tiempo comprenderemos que una amistad real es difícil, requiriendo, como todo en esta vida, entrega, dedicación, paciencia, sacrificio y resignación. No debemos entenderla con la ligereza y comodidad de lo fácil, porque el valor de su importancia radica en tener en nuestra mano la elección de las personas, a diferencia de la familia, que nos viene impuesta por la suerte de la vida. Por eso, cuidar una amistad es esencial. Y para ello debemos estar dispuestos a ofrecer más de lo que se nos pide; a ayudar cuando advirtamos que se nos necesita, antes de que se nos solicite y disimulando la desgana por tanto que nos cueste; a oír lo que se nos cuente aunque carezca de nuestro interés, porque el simple hecho de hablar y sentirse oído alivia las angustias y calma los miedos que nos acechan; a perdonar las disculpas sinceras por los errores cometidos de la misma forma que nuestros amigos nos perdonarán los nuestros; a dar sin esperar nada a cambio, porque una amistad basada en el interés de la contraprestación es falsa; a aceptar que te puedan decepcionar sin que por ello tu opinión sobre esa persona cambie; a entender que tu ya no seas una prioridad en la vida de otros por los cambios personales que el tiempo produce en ellos y a ser justo, valorando todo aquello que hacen por nosotros, sin que caiga en el olvido por mínimo que sea el detalle, y lo que es aún más importante, justo para no exigir a nadie más de lo que puede ofrecer, para no medir a todos con el mismo patrón pues ninguno puede compararse a otro.

Aprenderemos, echando la vista atrás, que mucha gente ha pasado por nuestra vida, pero sólo unos pocos se han mantenido a nuestro lado a pesar de los años; que muchos, por envidia o sabe Dios qué motivo, nos han criticado y falseado nuestras palabras sin esperar que respondiéramos con la verdad y la fortaleza para tratarlos de idéntica manera que anteriormente, demostrando así que lo que digan o hagan no nos afecta ni cambiará un ápice nuestro trato con ellos; sólo unos pocos cuando se ha hablado de nosotros nos han defendido a ultranza, demostrando su valía como amigo; sólo los que verdaderamente nos quieren nos han aguantado desaires, desconsideraciones y reproches injustos e inoportunos; sólo los mejores han estado a nuestro lado antes de que los llamásemos; sólo esos se han acordado, incluso a pesar de la distancia en la que se han encontrado de nosotros, de las pequeñas cosas que nos eran cruciales o de enorme emotividad… aquel examen, aquel trabajo, aquella persona, aquella prueba… sólo han sido ellos los que nos han dado los mejores consejos cuando nos perdíamos, sólo ellos nos han echado una mano en los peores momentos.

Hoy, en esta sociedad en la que todo se mueve por el interés, por aquello que nos pueda aportar el otro, debemos hacer ver a los que están a nuestro lado cuánto los necesitamos, cuán importante nos es su compañía, cuánto los queremos… porque a la confianza que ellos nos brindan sólo le daremos su justo valor cuando irrecuperablemente la perdamos. Debemos considerarlos una prioridad importante en nuestra vida, dedicándoles el tiempo que cada uno de ellos requiera y no dejándonos absorber ni influenciar por ninguno de ellos. Muy a menudo, la gran duda que rondará nuestra cabeza será la de estar o no comportándonos como debemos con cada uno. Con cada persona no sólo hay que comportarse y entregarse de la misma forma que ella lo hace con nosotros, habrá que partir del hecho de no ser perfectos además de pensar en todo lo que hacemos por cada uno y siempre que haya algo más que pudiéramos hacer deberemos procurarlo. Dar en función de lo que se ha recibido no forma parte de lo que por amistad incondicional se entiende, y mucho menos dar pensando en lo que se puede recibir.

Dar, entregar, dedicar, perdonar, consolar, entender, ayudar… todo de un modo incondicional es lo que le es consustancial a un buen amigo, de esos que conviene cuidar para no perder. En definitiva, debemos empeñarnos diariamente en hacer la vida fácil a los demás, procurando la felicidad de todos. Que si se cometen errores se perdonen, que si la tristeza y la preocupación todo lo inundan en los momentos duros en los que la vida nos pone a prueba sea la alegría de nuestro rostro el mejor disimulo para no amargar al resto, que si la desesperación nos invade sea el optimismo y la esperanza los que nos ayuden a continuar, que si sentimos el rencor, el odio y el resentimiento de aquellos que no nos valoran como debieran los perdonemos y queramos como si de tal cosa se tratara.

No debemos perder el tiempo mirándonos, pues se nos considerará por nuestra forma de ser, no por la gordura de nuestro ego. Por esto, debemos situarnos en el último plano de nuestras prioridades para así bien utilizar nuestra energía en los demás, procurando querer sin preocuparnos por ser queridos. A todo esto sólo queda añadir el sentido último, cuando el trecho andado sea más largo que el que queda por andar hasta la meta, en ese tiempo nada importará lo que hayamos tenido, nada quién nos creamos que hemos sido, sólo tendrá valor quién crea la gente que hemos llegado a ser y, precisamente por ello, quiénes siguen a nuestro lado por haberles merecido la pena. A los que ya no están con nosotros quizás no les compensó nuestra compañía y nada podremos hacer para mantenerlos a nuestro lado, no podemos atar a nadie pero si debemos pensar que nadie es indispensable, ni siquiera la persona más querida. Tampoco podremos volver a aquellos sitios donde las puertas se nos han cerrado por causa del olvido o el abandono y porque con los años nada nunca sigue igual salvo en nuestra memoria.

En ese tiempo, sólo nos quedará la satisfacción de haber intentado ser fieles a los principios en los que creíamos; de no haber decepcionado en exceso a aquellos que confiaron en nosotros; de intentar mantener la cabeza cuando las circunstancias te invitaban a perderla; de asumir la derrota y el triunfo con la misma tranquilidad, sin que la primera nos hundiera ni la segunda nos ensimismara; de ser muy conscientes de nuestras limitaciones y haber sacado de ellas el mejor partido; de no haber alardeado, aún cuando todo se tuviera, siendo conscientes que sólo los necios y los tontos lo hacen para hacer ver lo que todos ya pudieron comprobar antes por no ser tan tontos; de seguir digno y sencillo en nuestro trato a pesar de que la multitud nos alabe y engrandezca a diario; de no auto engañarnos ni crearnos una realidad ficticia para evitar así reconocer nuestros errores… la satisfacción del deber cumplido sin considerarnos héroes por adoptar una conducta que es la natural, normal y necesaria de toda persona cuya valía se precie.

Agradecimiento: A Elenita Morejón, por transmitirme las ideas cuando la inspiración me abandona.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Ya es tiempo

Ya es tiempo. Tras la anual espera, vuelve, por fin, a ser tiempo. Tiempo de redoble de tambor lejano que el aire acerca o aleja a su antojo por la margen del río. Tiempo de puntadas de agujas en el cartón de lo que más tarde será un capirote en las trastiendas de la Alcaicería. Tiempo de papeletas en las Casas de Hermandad, de tertulias de pescado frito y buen vino en la barra de una taberna y de desempolvo de túnicas y espartos para su puesta a punto.

Ya es tiempo de ensayos, de parihuelas a media noche por cualquier esquina, de observar el avance del montaje de un Palio cualquiera y de limpieza de plata al compás de una marcha en un transistor antiguo tras un pequeño ventanal anexo a la Iglesia. Tiempo de cercanía a Ellos en besamanos o besapiés, de oración de Vía Crucis o Rosarios de la Aurora…

Ya es tiempo de atardeceres largos, de vencejos revoloteando las espadañas antojándose sombras a la luz de un sol rojizo y poniente. Tiempo de naranjos en flor perfumados de azahar, de balcones copados de gitanillas y colgaduras. Tiempo de un constante olor a incienso mezclado con aromas de torrijas y papelones de pescado saliente de hogares y tabernas por las ventanas.

Ya es tiempo de espontáneas ofrendas de flores en los azulejos callejeros de siglos, inalterables en el tiempo, de repiques de campanas en los zaguanes de Conventos y de carreras infantiles en la rampa del Salvador, perenne año tras año. Tiempo de mantillas y trajes oscuros, de continuar las tradiciones, de volver a los rincones que desde tiempos inmemoriales han servido para recordar un momento tantas veces vivido y de tan diferentes formas sentido, generación tras generación.



Ya es tiempo para consumir la llama de un cirio, dejando el olor a pabilo quemado y la cera en ennegrecidas y caprichosas formas. Tiempo de racheo bajo los faldones y de manos en los zancos, de estampas y rosarios colgando de una cruz llevada con resignación y de crujir de la madera tras tres golpes secos de martillo en una lúgubre calle. Tiempo de tintineo de bambalinas y varales cimbreándose al compás de una marcha. Tiempo de luces y sombras, de rostros absortos buscando lo que sólo cada uno es capaz de encontrar a cada momento.

Ya es tiempo de recuerdos, de nostalgias, de melancolías y de miradas perdidas en el vacío tras una esquina. Tiempo de nazarenos en soledad por las angostas calles de una Sevilla testigo de Su Pasión y Muerte. Tiempo de vivir, sentir, ver, oler y oír lo que está por llegar. Tiempo de observar y admirar la belleza de la estética de lo humanamente creado para Su grandeza.

Ya es tiempo, de todo eso es tiempo, pero no menos tiempo deja de ser para el cuidado de nuestra alma, tantas veces cegada y distraída por la maravilla de las artes humanas. Es tiempo, por ello, de abstracción, de misticismo, de ascetismo para llegar a Ellos sin detenernos en lo que los rodea. Tiempo de oración queda y sentida a media luz en la soledad de una capilla ante Ellos. Tiempo de reflexión y meditación consciente y responsable. Tiempo para aprender y lograr ser mejores siendo sabedores de nuestras limitaciones humanas.

Ya es tiempo, a la vez, de todo lo Divino y lo humano. ¡Vamos! Despierta que ya es tiempo de Semana Santa en Sevilla.

martes, 19 de enero de 2010

De Vergüenza

No podía imaginar que, una vez más, me viera obligado a interrumpir el orden lógico de publicación de los artículos de este Blog. Pero la actualidad manda, la nefasta actualidad manda. Y se lo crean o no, hay noticias que duelen más que otras, por cercanía, afección o como les plazca llamar a mi relación con la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla.

Yo salí de allí, sí, al igual que otros tantos hace cuestión de casi un par de años. Salí sin pensar en mi fantástica formación como jurista. No podía hacerlo, no teníamos la base conceptual y científica para creérnoslo. En nuestra preparación no es que no intervinieran profesores de primer nivel sino que ellos, no supieron como impartir su conocimiento a través de los nuevos métodos de enseñanza del Plan de 2003, que no de Bolonia. El Plan para el que se nos utilizó a modo de conejillo de indias no era más que una simple transición a lo que hoy ya es Bolonia. El que a nosotros nos afectó, mezclaba técnicas nuevas con las antiguas que tan buen resultado dieron evidenciando una falta de tiempo para impartir y asimilar la materia y una falta de medios de la Universidad para implantar el tan valorado Plan para unos e indigno para nuestra Sede para otros.

Más de uno de nuestros profesores nos insistió en la necesidad de “salir de allí” antes de 2010 para no “caer” en las garras del Plan Bolonia, al que, hoy en día, nuestra Facultad sigue sin adaptarse, pese al sonado cambio de Sede que la ha hecho venir a menos, por no entender, que la realidad de la Universidad de Sevilla, hoy por hoy, no se encuentra dentro de las exigencias de este Plan. Sirva de ejemplo el voluminoso número de alumnos matriculados por curso, que dista enormemente de las idealistas clases de treinta alumnos que plantea Bolonia. Pero había que licenciarse… sí licenciarse he dicho… antes de 2010 porque los cinco años de Licenciatura pasarían entonces a ser Graduado, necesitado de un post-grado de otros dos años. Vamos, que lo que hasta ahora se venía haciendo en cinco años con los métodos eficaces de toda la vida, este año se han convertido en siete y con métodos de dudosa factura.

Nos licenciamos siendo muy conscientes del “sólo sé que no sé nada” y que habría que dejarse la piel para encontrar la manera de seguir adelante con nuestro futuro profesional. Dejamos todo aquello atrás, más o menos contentos del cómo nos habían formado, pero evidentemente hoy, podemos sentirnos plenamente satisfechos de toda la labor que hicieron con nosotros. Precisamente porque la diferencia entre haber terminado ya o no haberlo hecho, marca un antes y un después en el grado de exigencia a los alumnos en todas las Facultades de la Universidad de Sevilla.

Ha sido la propia Universidad la que mediante el Artículo 20 de su famoso Reglamento, permite ahora lo que toda la vida ha estado proscrito: copiar en los exámenes. Esto, dicho así, es una ligereza impropia de alguien que tiene una plataforma informática para expresar sus ideas, pensarán los precursores de la novedosa medida. Pero siento decirlo, es así. A los profesores se les rebaja su autoridad para retirarle el examen al alumno que copia, se les niega la autoridad de la que habían gozado hasta ahora para destruir las chuletas y objetos varios para copiar, se les niega la posibilidad de incautar temporalmente, durante el tiempo de examen, el teléfono móvil por contener datos personales del alumno y se les imposibilita para expulsar al alumno de la prueba de conocimiento, teniendo éste, aún copiando, posibilidad de concluir la prueba.

Sólo se les dota de facultades autoritarias para levantar acta de la cuestión y elevarla a una Comisión formada por tres profesores ajenos al examen, los cuales, con toda la información facilitada, determinarán si las chuletas o método similar fueron determinantes en la calificación del examen del alumno.

Esto es, dicho en lenguaje estudiantil, que no te estudies lo que no quieras, no es necesario, ¿para qué si tendrás más facilidades que nunca en los exámenes para copiar? Y en caso de ser descubierto, en la Comisión… Dios dirá… que hasta el más tonto puede buscarse un “enchufe” en la Comisión. Un telefonazo, alguien que te debe un favor… y un “hoy por ti y mañana por mí”… y el examen, con dictamen de la Comisión incluido, aprobado.

Sí señor, así de fácil. ¿Qué mérito tendrá, a partir de ahora, sacar una Carrera? Los más simples y los más necesitados académicamente hablando han encontrado en el Artículo 20 el milagro que necesitaban. No me cabe duda, que como la mayoría de estudiantes en esta ciudad son católicos, el Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de la Angustia tendrán a sus pies estos días multitud de flores de estudiantes agradecidos al milagro que les ha disminuido sustancialmente su particular angustia examinatoria.

No sé ustedes, pero a mi esta situación sólo me produce vergüenza, más acentuada aún al tratarse de una de las Universidades más prestigiosas de España, concretamente, la Facultad de Derecho es una de las mejores. Aunque después de tantos Planes y reformas quién sabe si no pierde su condición. Hagan apuestas… lo próximo puede ser la concesión de becas extraordinarias a los alumnos con mejores y más sofisticadas chuletas o al que más tiempo acumula de ausencias en clase. Todo es posible en Sevilla y su Universidad visto lo visto.

Supongo, que como a mí, a la gran mayoría del claustro de profesores y a los alumnos con un mínimo de decencia les produce esta noticia una profunda vergüenza. Cuánto más si ellos no gozaron de este tipo de facilidades para conseguir su Título y sufrieron lo indecible para conseguirlo. Al fin y al cabo, ¿Qué clase de licenciado es aquel que ha concluido su Carrera a base de chuletas? No podrá, en ínfima medida, compararse a un licenciado amparado con todas las de la Ley, que no con el desgraciado Reglamento universitario.