Yo salí de allí, sí, al igual que otros tantos hace cuestión de casi un par de años. Salí sin pensar en mi fantástica formación como jurista. No podía hacerlo, no teníamos la base conceptual y científica para creérnoslo. En nuestra preparación no es que no intervinieran profesores de primer nivel sino que ellos, no supieron como impartir su conocimiento a través de los nuevos métodos de enseñanza del Plan de 2003, que no de Bolonia. El Plan para el que se nos utilizó a modo de conejillo de indias no era más que una simple transición a lo que hoy ya es Bolonia. El que a nosotros nos afectó, mezclaba técnicas nuevas con las antiguas que tan buen resultado dieron evidenciando una falta de tiempo para impartir y asimilar la materia y una falta de medios de la Universidad para implantar el tan valorado Plan para unos e indigno para nuestra Sede para otros.
Más de uno de nuestros profesores nos insistió en la necesidad de “salir de allí” antes de 2010 para no “caer” en las garras del Plan Bolonia, al que, hoy en día, nuestra Facultad sigue sin adaptarse, pese al sonado cambio de Sede que la ha hecho venir a menos, por no entender, que la realidad de la Universidad de Sevilla, hoy por hoy, no se encuentra dentro de las exigencias de este Plan. Sirva de ejemplo el voluminoso número de alumnos matriculados por curso, que dista enormemente de las idealistas clases de treinta alumnos que plantea Bolonia. Pero había que licenciarse… sí licenciarse he dicho… antes de 2010 porque los cinco años de Licenciatura pasarían entonces a ser Graduado, necesitado de un post-grado de otros dos años. Vamos, que lo que hasta ahora se venía haciendo en cinco años con los métodos eficaces de toda la vida, este año se han convertido en siete y con métodos de dudosa factura.
Nos licenciamos siendo muy conscientes del “sólo sé que no sé nada” y que habría que dejarse la piel para encontrar la manera de seguir adelante con nuestro futuro profesional. Dejamos todo aquello atrás, más o menos contentos del cómo nos habían formado, pero evidentemente hoy, podemos sentirnos plenamente satisfechos de toda la labor que hicieron con nosotros. Precisamente porque la diferencia entre haber terminado ya o no haberlo hecho, marca un antes y un después en el grado de exigencia a los alumnos en todas las Facultades de la Universidad de Sevilla.
Ha sido la propia Universidad la que mediante el Artículo 20 de su famoso Reglamento, permite ahora lo que toda la vida ha estado proscrito: copiar en los exámenes. Esto, dicho así, es una ligereza impropia de alguien que tiene una plataforma informática para expresar sus ideas, pensarán los precursores de la novedosa medida. Pero siento decirlo, es así. A los profesores se les rebaja su autoridad para retirarle el examen al alumno que copia, se les niega la autoridad de la que habían gozado hasta ahora para destruir las chuletas y objetos varios para copiar, se les niega la posibilidad de incautar temporalmente, durante el tiempo de examen, el teléfono móvil por contener datos personales del alumno y se les imposibilita para expulsar al alumno de la prueba de conocimiento, teniendo éste, aún copiando, posibilidad de concluir la prueba.
Sólo se les dota de facultades autoritarias para levantar acta de la cuestión y elevarla a una Comisión formada por tres profesores ajenos al examen, los cuales, con toda la información facilitada, determinarán si las chuletas o método similar fueron determinantes en la calificación del examen del alumno.
Esto es, dicho en lenguaje estudiantil, que no te estudies lo que no quieras, no es necesario, ¿para qué si tendrás más facilidades que nunca en los exámenes para copiar? Y en caso de ser descubierto, en la Comisión… Dios dirá… que hasta el más tonto puede buscarse un “enchufe” en la Comisión. Un telefonazo, alguien que te debe un favor… y un “hoy por ti y mañana por mí”… y el examen, con dictamen de la Comisión incluido, aprobado.
Sí señor, así de fácil. ¿Qué mérito tendrá, a partir de ahora, sacar una Carrera? Los más simples y los más necesitados académicamente hablando han encontrado en el Artículo 20 el milagro que necesitaban. No me cabe duda, que como la mayoría de estudiantes en esta ciudad son católicos, el Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora de la Angustia tendrán a sus pies estos días multitud de flores de estudiantes agradecidos al milagro que les ha disminuido sustancialmente su particular angustia examinatoria.
No sé ustedes, pero a mi esta situación sólo me produce vergüenza, más acentuada aún al tratarse de una de las Universidades más prestigiosas de España, concretamente, la Facultad de Derecho es una de las mejores. Aunque después de tantos Planes y reformas quién sabe si no pierde su condición. Hagan apuestas… lo próximo puede ser la concesión de becas extraordinarias a los alumnos con mejores y más sofisticadas chuletas o al que más tiempo acumula de ausencias en clase. Todo es posible en Sevilla y su Universidad visto lo visto.
Supongo, que como a mí, a la gran mayoría del claustro de profesores y a los alumnos con un mínimo de decencia les produce esta noticia una profunda vergüenza. Cuánto más si ellos no gozaron de este tipo de facilidades para conseguir su Título y sufrieron lo indecible para conseguirlo. Al fin y al cabo, ¿Qué clase de licenciado es aquel que ha concluido su Carrera a base de chuletas? No podrá, en ínfima medida, compararse a un licenciado amparado con todas las de la Ley, que no con el desgraciado Reglamento universitario.


