sábado, 1 de noviembre de 2008

La Amistad

No se equivoquen, está de moda. Todo el mundo la practica a ultranza. Todos son íntimos amigos de todos. La gente se adora y no tiene reparos en manifestarlo, en regalarse el oído constantemente. Todo el mundo es feliz o cree serlo. Se intenta vivir al máximo evitando cualquier tipo de problemas porque, a menudo, nadie tiene la suficiente madurez y entereza para afrontarlos.

La gente de entre 17 y 25 años y en cuanto a la amistad, vive en un mundo frágil, muy frágil, en el que la falsedad campea a sus anchas y lo peor de todo es que, es conocido por la gran mayoría que es así. Un mundo frágil que se sostiene por la ineptitud de muchos para afrontar las consecuencias de una verdad soterrada, conocida, pero evitada por no crear polémicas, por seguir en una convivencia pacífica y falsa. No somos capaces hoy de enfrentarnos a una verdad objetiva.

Hagan la prueba en una conversación, pregunten por personas concretas a alguien, suele darse siempre la misma respuesta, se conocen de toda la vida hasta que indagas y descubres que apenas los presentaron hace 48 horas. Pero se permite, no molesta esto, es más, agrada ser conocido por media sociedad aunque sólo sea por unas horas y se manifieste como de toda la vida. Pero ojala todo fuera esto. La cosa no se queda ahí. Si ahora preguntamos si se consideran buenos amigos, el 99’9% de los preguntados no sólo afirmarán sino que se sentirán ofendidos por la duda que lleva aparejada la pregunta. Es cierto, si la amistad consiste en escribir mensajes de móvil a tus amigos, pensar siempre en pasarlo bien (con ellos, por supuesto, los amigos no son egoístas), repetir una y mil veces lo que los quieres, lo bien que hacen las cosas, lo maravillosos que son… qué quieren que les diga, no es que sean osados al manifestar que son muy buenos amigos, es que realmente lo son. Y no se engañen, no sólo se lo creen sino que además presumen de ello en público, y lo peor de todo, son felices tanto los que dan como los que reciben. Asombra muchas veces la simpleza intelectual de algunos. ¿Piensan que una relación así supera cualquier contratiempo?, la amistad no es eso.

Un buen amigo, de esos de verdad, es aquel que prefiere la calidad a la cantidad, que es objetivo ante las cosas y las situaciones, justo para dedicarle a cada persona su tiempo y para exigirle a cada uno hasta donde sabe que puede dar y no más, entregado al máximo porque piense que darse a los demás a medio gas es una perdida de tiempo, desinteresado para no pedir nada a cambio, humilde para no merecer unas “gracias” de alguien por el que ha hecho algo, preocupado para estar en todo momento informado sobre las cosas de cada uno, sincero para aconsejar lo que crea conveniente aún sin coincidir con lo que se quiere oír, halagador en su justa medida para regalar el oído en lo preciso y sin excederse, responsable para saber cuando se falla y reconocerlo con sentimiento de culpa, rápido para prestar su ayuda cuando intuya que se le necesita, despierto para adivinar, sin que nadie se lo diga, que una persona lo pasa mal, sensible para saber resolver los problemas de los demás aunque para él carezcan de entidad, comprometido para hacer saber sin grandes confesiones que cuentas con él, divertido para hacerte reír cuando más lo necesitas, en definitiva, uno de esos que tardan en olvidarse cuando se pierden, de los que en las despedidas siempre están alegres aunque sea a ellos a los que más les cueste, de esos que siempre supera cualquier despellejamiento en canal que sale de lenguas y mentes envenenadas de envidia y rencor hacia lo que es casi perfecto a la luz de todos, de esos a los que, a los halagos de extraordinaria persona siempre responde con un “como todos los demás”, de esos para los que la distancia no es un problema para dejarse sentir tanto como si estuvieran a tu lado, de esos que disfrutan más dando que recibiendo y ponen en ello toda su voluntad aunque a veces fallen, de esos para los que la palabra “imposible” no existe poniendo en cada cosa toda su ilusión, fuerza y empeño, de esos en los que el esfuerzo y el sufrimiento no se manifiestan aunque se viva con ellos, de esos que saben perdonar si el fallo es reconocido, de esos que sabes de ellos en el momento preciso en el que piensas lo que lo echas de menos, de esos desprendidos que se pasan el día pensando en los demás para hacerlos felices, de esos que sacan tiempo de donde no existe cuando les pides una cosa, de esos que saben valorar cada detalle por mínimo que sea, de esos que son muy difíciles de encontrar y fáciles de perder si no los cuidas…

No se engañen, estos, tan fantásticos como parecen, serán unos fracasados. Porque aunque les cueste un lustro manifestarlo, ellos también necesitan sentirse queridos, necesitan un mínimo de entrega, dedicación y cariño, de vez en cuando algún tipo de reconocimiento a tanto por nada, aunque cuando lo reciban se sonrojen y todo esfuerzo sea negado o equiparado a lo normal. En definitiva, una simple sonrisa, un beso, un abrazo, algo que les de fuerzas para seguir siendo como son. Hablando claro, salen demasiado baratos a una sociedad que para ellos es demasiado cara y que no paga nada bien. Son frecuentes los desaires, olvidos e ignorancia, son muchas las personas desagradecidas. Como todos saben que cuando algo les pase, siempre van a encontrar a alguno de ellos dispuesto a entregarse al máximo, mientras no les hagan falta… “si te he visto, no me acuerdo”, y cuando todo va mal “aayyy cuánto te quiero perrito…”, si, si, pero luego “…pan poquito”. Así de falsa y de interesada es la gente.

Un gran amigo, que ahora trabaja en Pamplona, me hizo una vez reflexionar en un punto en el que yo no me había parado con la frase “un buen amigo no es sólo el que está en los malos momentos, sino también el que celebra los buenos contigo sin envidias”. Y lleva toda la razón, a este tipo de personas siempre se recurre cuando se les necesita, pero no se les llama para lo bueno, que de seguido, por supuesto que cumplirían con ningún tipo de envidias.

En esta sociedad siempre salen ganando los mismos. Pero no se olviden que estos ganan gracias al sacrificio de las grandes personas que desgraciadamente pierden. Aquí encajaría perfectamente el famoso “nunca tantos debieron tanto a tan pocos” de Churchill. No sé ustedes, pero mientras algunos se dejan la piel por estar en la cresta de la ola de la popularidad sin importarles a quién aplastan, yo sueño con poder algún día parecerme en algo al tipo de amigo descrito, que a la larga son los que terminan teniendo amigos de verdad.

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